miércoles, 3 de junio de 2020

La cuarentena

La cuarentena y la señora bien

(f.a g.)

Con la cuarentena hemos aprendido mucho. Al principio todos buscábamos una explicación intelectual, de dominio y manipulación. Mucha literatura de ciencia ficción en nuestra mente. Después fuimos a Faucault y también a todo el psicoanálisis. Ya eso no sirve para el siglo 21, pero seguimos atados a esas cosas. Así funciona el aprendizaje universitario, y caduca con los años. Después veíamos un enemigo invisible que venía a quitarnos la libertad. Veíamos miles de "males". Los evangelistas hasta llegaron a hablar del fin del mundo y muchos católicos fanáticos pensaron igual. Los medios masivos y las redes y la internet viciaron toda la información. Y crearon miles de fantasías. Veíamos enemigos hasta en nuestras sombras. Pero lo que no veíamos es que el virus es real, mata y sobre todo mata al pobre. El virus vino en avión y del avión bajó y se instaló en las villas miserias, en los barrios de las periferias y en toda la gente más vulnerable por la humedad de las viviendas y la mala alimentación y el hacinamiento. El frío, la alimentación pésima, la suciedad del polvo de la pobreza atrae al virus que bajó de los aviones que venían del invierno europeo. Eso no lo veíamos, pero ahora el virus está ahí. El virus se transformó en parte de la pobreza del conurbano. Y si no hubiésemos tenido una cuarentena la mitad de la población estaría con el virus y hubiese explotado el sistema sanitario y cabaríamos fosas para tirar cadáveres infectados.
La pobreza crece y crece y el virus está en su momento más cruel, porque el frío llegó y con el frío el virus encuentra su paraíso para quedarse. La pobreza que dejó el macrismo el virus la incorpora a su crueldad infectante. Veníamos de 4 años de la pandemia macrista y ahora tenemos la otra pandemia que bajó de un avión y del avión fue a los cuerpos de los argentinos. Con el virus hemos aprendido que la queja de los ricos es porque la "sirvienta" no puede ir a sus casas. O porque el "negro" no puede cortar el pasto y el "señor" del barrio privado debe arremangarse y usar la cortadora de pasto. Y la "señora" debe pasar el trapo de piso. Hoy escuchaba en la cola de un súper esta conversación que transcribo:
-¿Vos a tu sirvienta le seguías pagando cuando no venía?
-Sí, ¡querés que me demanden!, la tuve que anotar porque la puta de Kristina sacó la Ley.
-Viste, ahora las negras te demandan.
-Pero igual yo tengo miedo, viene de un barrio y pueden infectarnos a todos.
-Hacela venir en taxi.
-No puedo. Mucha guita, que tome el 142.
-Yo a la mía le dije que trajera ropa y la dejara acá, cuando entra la hago desnudar y se cambia la ropa y la de la calle la deja en una bolsa. Le tomo la temperatura.
-Muy bien. Pero tenés cuidado que no toque a los chicos.
-Le hago poner guantes y bufanda.
-Bien. La mía me pide unos pesos más y le dije que no puedo. Le di unas latas de alimentos vencidos, mi marido borró las fechas de vencimiento. Espero que no se de cuenta.
-Los negros comen cualquier cosa.
-Pero no son tontos, mi negra lo mira a mi esposo mucho.
-¡Ojo!, no sea que quiera quitártelo.
-Es negra sucia, mi esposo busca blanquitas.
-El mío es un santo, aparte ya no puede como antes.
-¿Qué no puede?
-Y ya tiene sesenta y tres, la tiene más flojita.
-El mío cumple sesenta y cinco y también. Por eso no nos hagamos drama, pero estas negras villeras buscan billetera.
Yo siempre atento a las conversaciones. Es interesante escuchar hablar a la gente en la calle.
En fin, el coronavirus detonó otra pandemia peor que el virus en sí: el racismo de la clase media se potencia en tiempos del virus.
El frío empieza a pegar fuerte y con el frío el virus se siente más cómodo. El virus está ahí, en el frío, las heladas y la mala alimentación y el hacinamiento. El virus bajó de un avión de las vacaciones de la clase media y fue derechito a instalarse en la pobreza que dejó el macrismo.

Fabián Ariel Gemelotti
(Jueves 04 de junio de 2020, doce y cuarenta y dos de la madrugada)

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