Garchate un vino
(ensayo de hamburguesa tres)
"Las gordas acá en San Isidro están preocupados porque no van a poder ir al gimnasio. Mi vecina la vieja de cuarenta quiere adelgazar el mondongo, va al gimnasio y después a la panadería a comprar masas. Así son las gordas casadas con guita, acá en Capital no quieren cuarentena", mi amiga siempre da en la tecla. Recién pasaba por un gimnasio y se veía por los vidrios a los hipopótamos de mondongo. Acá también van al gimnasio, pero después compran factura en mi barrio. No les alcanza para las masas. Ayer leía en un suplemento literario un cuento, una ficción sobre las flores. Nunca entendí a los que les escriben a las flores. Prefiero Las flores del mal, la poesía del 19 por lo menos te habla de putrefacción y olores de muertos. El amor muere y el cuerpo larga ese olor que te hace sentir pleno.
"Son ráfagas literarias tus últimos escritos", me dice un amigo hoy. La verdad que sí, no tengo tiempo para escribir cosas de investigación. Entonces me tomo mi Cindor y miro por el ventanal del bar y veo pasar a la gente y ahí el auto duerme. Estoy agotado. Trabajar cansa, estresa, agota y quita ganas de vivir. Decía Bukowski "¡cómo puede un hombre trabajar, coger, cagar, comer y bañarse y después dormir y levantarse para ir a trabajar y volver del trabajo y cagar, comer, bañarse, dormir y volver a la mañana a levantarse para volver a la tarde a cagar, comer, bañarse y dormir y echarse un polvo rápido!!!!", algo así decía. Cito de memoria.
Odio el invierno, odio este frío de mierda. Odio al perro de la gorda de mi vecina que me caga la vereda. Un día de estos le voy a cagar yo la vereda.
Me tomo la Cindor y a mi cucha y a leer tres horas una novela. Estoy leyendo un libro que vos nunca vas a leer, ¿sabés por qué?, porque vos sos un ignorante puto lector de Cortázar y poesía romántica de mierda.
Fabián Ariel Gemelotti
(lunes 29 de junio de 2020, siete y cuarenta y tres de la tarde/noche. Rosario, cuna de mi escritura)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario