miércoles, 16 de enero de 2019

Un portal

Los dos viajeros del tiempo (por: Fabián Ariel Gemelotti)

Una mañana de mucho sol ilumina el ventanal de mi cuarto. Me despierto a las nueve, y me quedo haciendo fiaca en la cama. Estoy con ánimo y muy alegre. Rara sensación en mí, que soy muy pesimista y triste. De pronto siento un ruido en la cocina. Me levanto de un salto y corro. Y los veo: es un ser extraño, un joven de unos veinte años con pelo azul y un uniforme verde. A su lado está un anciano de edad indefinida. Me miran fijo y me dice el anciano: "somos viajeros del tiempo. ¿En qué año hemos caído?". Lo miro extrañado y le digo febrero de 2019. El anciano viste un informe rojo y su pelo es rojo también: "nos hemos escapado de la prisión de Lukar Kim en el prototipo del tiempo", me dice el anciano, y veo angustia en su rostro: "¿estamos en dónde?", me pregunta el joven. Le digo  que estamos en Rosario, Argentina: "tenemos que comunicarle que mañana va a ser la gran explosión y van a morir todos en el mundo. Nos hemos escapado para advertirles que van a morir. Fuimos encarcelados por el Señor Plim", me dice el anciano. El joven me agarra la mano izquierda y me mira los surcos gastados. Me mira a los ojos y me dice: "tenemos que llevarlo urgentemente". Le pregunto de qué tiempo vienen y me dice el anciano: "somos habitantes del Ibiculo H del año 2399". Lo miro triste y le digo que me cuente: "nosotros somos ciudadanos de Ibiculo, un estado sobreviviente de la gran explosión terrícola. Somos mitad humanos y mitad robot. Cuando explotó la Tierra el 8 de febrero quedaron mutantes y algunos humanos nada más. Esos humanos formaron Ibiculo y se perpetuaron hasta el presente. Nosotros somos un invento de la robótica, una mezcla con humanos descartables. Pero fuimos evolucionando y nos convertimos en oposición pensante para el Gobierno de Ibiculo. Una vida de pobreza han  vivido hasta el presente los humanos, siempre en lucha con los mutantes". El anciano me mira triste y con rostro dulce después de relatarme el futuro. Yo lo miro con los ojos llorosos y le digo: "¿y qué quieren de mí?". Y el anciano me mira y me dice: "usted debe sobrevivir para salvar a su especie". Lo miro más triste de lo que soy y muy desesperanzado y le digo: "no quiero salvar a mi especie". Y el joven me mira desesperado y me dice: "si no lo salvamos el mundo nunca va a prosperar. Nos hemos escapado para cumplir nuestra misión. Si usted es salvado se podrá reconstruir la Tierra y los mutantes serán eliminados. Y todo volverá a ser como era antes de la explosión. Lo hemos visto en una pantalla del oráculo de Teryu".
Han pasado 30 años de ese encuentro con los dos seres del futuro. Yo estoy sentado en mi trono. He mandado matar a todos los que se opusieron a mis órdenes. He fusilado y picaneado y he usado la cámara de gas. He salvado al mundo de los mutantes.
Pero me siento muy solo y triste. La tristeza de mi alma nunca pude sacármela. Hoy ejecutaré a un millón de rebeldes. Y entre los rebeldes mataré a los dos viajeros del tiempo.

Fabián Ariel Gemelotti

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