domingo, 13 de enero de 2019

Dracula

Bram Stoker y el capitalismo (por: Fabián Ariel Gemelotti)

La novela en el siglo 19 resume todas las nuevas costumbres y formas de vivir de la sociedad capitalista. El capitalismo es un nuevo orden de vida, una nueva forma de socialización y de producir los bienes que se van a consumir. Si antes del industrialismo la acumulación de capital estaba en manos de una clase ociosa como la monarquía, y la mayor parte de la población no vivía en las ciudades, con el industrialismo las ciudades crecen en demasía y la acumulación de capital pasará a manos del burgués capitalista dueño del capital. Londres crece y se forman suburbios y barrios de ricos burgueses. En el medio quedan la clase media en formación que formará la parte central de Londres. Así pasa en todas las ciudades del nuevo orden. Del campo se emigra a la ciudad a trabajar en la industria, porque el campesino queda sin trabajo y empobrecido debe ir a la ciudad. El obrero lo componen campesinos emigrados y el lumpenaje emergente de las ciudades. Los niños y las mujeres serán los primeros explotados. Las primeras huelgas obreras son por hambre, no por bienestar. Ricardo decía: "al obrero hay que darle nada más que pan para la subsistencia" Esa frase resume el capitalismo en sus inicios: la industria se desarrolla gracias a la sangre barata del obrero, que pasa a a ser nada más que un costo ínfimo para el industrial. Como decía, la novela muestra estas cosas en forma muy clara. Desde Twain, pasando por Melville, Vernes, Dumas, Conra, Víctor Hugo, hasta llegar a una gran novela: Drácula, de Stoker. Esta novela es publicada en 1897, cuando el capitalismo está en su máximo esplendor y la industria sobre pautas culturales firmes. Lo hegemónicos ya no puede ser cuestionado, porque el capitalismo es a esta altura lo que domina los parámetros económicos y culturales de Occidente, y avanza con la colonización sobre Oriente. Drácula está inspirada en una realidad, pero transportada al siglo 19. La sangre es lo que domina toda la novela, porque el vampiro subsiona la sangre de sus víctimas para alimentarse. El alimento es la sangre. La novela está armada por cartas, diarios, informes médicos y publicaciones periodísticas. No hay un narrador único, son varios narradores que de esa mezcla de escritos arman el relato. Algo novedoso, pero que ya se había utilizado en la Antigüedad por Plutarco y por Cicerón. Pero es novedoso para el siglo 19, porque las novelas generalmente eran en tercera persona y raramente en primera persona. Se puede decir que Drácula toma la primera persona autobiográfica, pero lo hace desde varios narradores. La novela empieza en un viaje, y prontamente estamos en el castillo de Drácula. Jonathan Harker narra en su diario su encuentro con Drácula, un noble rico que quiere comprar una propiedad en Londres. Harker es un joven abogado que viaja a llevarle las escrituras y firmar el contrato de venta del inmueble. Es muy angustiante este diario, porque el joven no entiende lo que ocurre y se va dando cuenta poco a poco de que el noble es un ser extraño, pero no se da cuenta que es  un vampiro. La sangre como renacer es lo que impera en esta parte de la novela. Pero lo que interesa acá es lo que sigue. Drácula llega a la ciudad capitalista, y cunde el horror. Un médico de un psiquiátrico narra en su diario cómo una joven (Lucy) va perdiendo vitalidad día a día por la pérdida de sangre. Nadie sabe a dónde va a parar la sangre perdida. Si en los filmes de Drácula ya sabemos desde un principio que el vampiro es un ser que subsiona sangre, en la novela nos enteramos paulatinamente. Van Helsing, un médico holandés amigo del médico del psiquiátrico, descubre que un vampiro es la causa de la pérdida de sangre y del debilitamiento de Lucy. La novela nos trae un tema interesante: no nos damos cuenta que nos chupan la sangre en el instante mismo, sino cuando ya es demasiado tarde para salvar la vida. La muerte es lo que nos sucede por ese letargo de no advertir el causal. Freud habla de las pulsiones de muerte: el hombre muere sin tener conciencia de su muerte. De ahí se desprenden sus teorías psicoanalíticas. La vida es una pulsión que lleva a la muerte. La novela trae un tema nuevo: la sangre es vida. En la Antigüedad se mataba en rituales religiosos para dar vida a la comunidad. Jesús muere para dar vida. En la modernidad se mata para dar vida al ser individual. El capitalismo es un ser subjetivo, porque la muerte es consecuencia de ese no saber por qué se muere. Yo muero y no sé que me chupan la sangre. El vampiro chupa sangre y recobra la vitalidad, la vida. Stoker quizás no escribió la novela viendo estas cosas, quizás quiso nada más dar horror y hacer dinero. Eso no importa. La Literatura también es dinero, porque es parte del orden de producción capitalista. Pero Stoker con su novela nos lleva al plano de la sangre y la muerte, eso es lo que importa en este pequeño ensayo que estoy escribiendo ahora. El ser que va perdiendo sus fuerzas es chupado día a día, su sangre desaparece y nadie comprende a dónde está esa sangre. El capitalismo es una forma de vampirismo, porque el obrero pierde su vida día a día chupado por el capitalista; éste lo debilita en su subjetividad y fuerzas físicas en pos del objetivo del acumulador: robar su fuerza de trabajo para acrecentar su capital.
Stoker llega a la novela mediante la investigación empírica, influenciado por el positivismo científico de Comte. Tarda años en investigar, y escribe de un tirón su obra maestra. Impresiona en la época y crea toda una mitología que alimentará el cine del siglo 20.
La sangre es vida, sin sangre morimos. El asalariado es reemplazable: muere uno y se reemplaza rápido. Todo es una ronda. Nacemos para ser subsionados (explotados), y no podemos desviar ese destino del sistema porque en nuestra sangre está la vida del capitalismo.
En 1968 Romero filma su clásico sobre muertos vivientes: los muertos comen cerebros, se alimentan de seres vivos. La vitalidad y la vida está en el cerebro. ¿Hay vida posible si no se comen cerebros? Los muertos comen pero no reciben vida, siguen siendo muertos. El siglo 20 recibe al asalariado como ser muerte, sin esperanzas de nada. Y por más que coma cerebros no va a revivir. Seguirá muerto.
De Drácula de Stoker a los muertos vivientes el capitalismo ha corrido un largo camino. Y cada día el capitalismo toma nuevas formas de alimentarse de los cuerpos de los asalariados.
El capitalismo es un gran vampiro.

Fabián Ariel Gemelotti

No hay comentarios.:

Publicar un comentario