Lo mesiánico y el Capitalismo
(Por: Fabián Ariel Gemelotti)
Las religiones monoteístas son mesiánicas: siempre esperan al Salvador del mundo, esperan algo que venga de los Cielos. Las religiones del mundo Antiguo mesopotámico no esperan, y los dioses del piliteísmo son más carnales, y adquieren vida propia. El héroe es hijo de un dios y de un humano. Esa forma de darle vida carnal al dios hace a las religiones de la Antigüedad más prácticas y menos espirituales. El judaísmo rompe con esos modelos, y el monoteísmo entra en conflicto con el piliteísmo; y el monoteísmo de surgir de la esclavitud poco a poco se va haciendo imperialista. Moisés expande al judaísmo, lo hace fuerte y le da impronta propia. Salomón termina esa obra. Y el Cristianismo crea un mundo de"espera". Lo mesiánico transforma los vínculos y las estructuras sociales del mundo después de Cristo. Es la larga "espera", esa "espera" que nos hablan los cantares de las lenguas romance. La muerte es una "espera", y a diferencia del mundo Mesopotámico, el muerto del Cristianismo para llegar al Paraíso debe tener en vida ciertas virtudes morales y cierta conducta espiritual. El hombre antiguo pasaba "al mundo donde no se regresa" simplemente al morir, y tanto el "malo" como el "bueno" iban a ese otro mundo. Ese modelo "mesiánico de la espera" es lo que le da sustento al capitalismo. El asalariado pasa a ser "un sujeto en la espera". Y el patrón pasa a ser "el látigo de dominio de su individualidad". El Cristianismo y el Capitalismo van por el mismo camino, y los dos confluyen en un punto común: el sustento moral para la explotación. La religión así se transforma en "el opio de los pueblos", porque crea una necesidad espiritual y un placer del cual no se puede salir. Ese placer alienante es lo que hace sustentable la explotación: Dios dispone y el explotado obedece.
El Capitalismo es "obediencia y espera". El explotado "vive en una eterna espera de un mundo mejor", y esa "espera" se transforma en "una espera mesiánica". Lo mesiánico de ese modo se transforma en la "herramienta" para la acumulación capitalista.
No es que sea un hecho voluntario del Cristianismo, pero ese paso del mundo antiguo al moderno se va transformando en un sustento "moral y ético" de la vida del sujeto. Y el siglo 19 lo absorbe como herramienta fundamental del industrialismo.
Cuando escucho a Macri hablar confirmo mi teoría.
Ricardo Tercero de Shakespeare es la exposición más clara de "la espera eterna de los pueblos".
El mundo moderno es una espera eterna: el novio espera, la mujer espera, y los padres esperan el nacimiento del hijo.
Es la espera lo que nos condiciona como "humanos explotados".
Fabián Ariel Gemelotti
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