domingo, 15 de noviembre de 2020

La muerta corregido

El cadáver que no se enfría

(f.a.g.)

Los fantasmas y la muerte. El olor a muerte no se siente solamente en los cementerios. A veces caminamos por lugares solitarios y ese olor a muerte penetra en nuestras narices. Es la muerte que está ahí esperando nuestro destino. Todos vamos a morir y todos vamos a ser olor a muerte. Hay muertos que no quieren morir y el olor a muerte se transforma en olor a vida. La vida es lo previo a la muerte.

Cuando mi madre tenía 16 años una amiga murió de muerte súbita. Cayó muerta en el patio de la escuela secundaria. Era una chica hermosa (según mi madre y mi abuela), pelirroja, de piel blanca y ojos grandes verdes. Y de un cuerpo único. Los padres de la chica en el velatorio estaban muy pero muy mal. Y el novio desconsolado se golpeaba la cabeza con los puños. La muerta estaba en el cajón rosagante y no se enfriaba el cuerpo. En esos tiempos no se hacían autopsias a todos los muertos y las cocherías no ponían en los cadáveres líquido de conservación. La muerta estaba como viva. La madre tocaba la cabeza y las manos y estaba tibia. Todo el barrio no entendía que en ese féretro una chica tan bella descansara para la eternidad. Pero llegó la hora de cerrar el cajón. Fueron llantos y patadas y gritos de los padres y hermanos y del novio. Pero el cajón se tuvo que cerrar. Y la muerta fue depositada en una tumba en La Piedad. Pasaron los días y la familia lloraba, y decía la madre que quería ver el cuerpo de su hija. Mi tía que era estudiante de medicina hace la gestión para que abran el féretro. Van al cementerio y lo abren. No se sentía olor de descomposición, y la muerta yacía en la tumba como si estuviera durmiendo.
Una noche las amigas de la muerta van al cine y al salir sienten una voz que las llama. Y miran y no ven nada. Y así en otras salidas, escuchan esa voz como si viniera de otro mundo. El novio de la chica una noche siente que lo tocan en la cama. Prende la luz y la ve a la muerta. El chico no grita, simplemente quiere tocarla y la muerta desaparece. Lo cuenta y nadie le cree. Otra noche mi madre camina con mi tía por el Centro a tomar un ómnibus para regresar al barrio luego de haber ido a las clases de inglés. Y ven en una esquina una figura blanca y sienten la voz de la amiga muerta. Mi madre se asusta y sale corriendo y mi tía se queda ahí y cuando quiere ir tras la muerta la figura blanca desaparece. Mucha gente vio a la muerta durante un año. Una presencia blanca iluminada y la voz de ella en un susurro de otro mundo.
Hace diez años al morir la madre de la chica los hijos deciden poner el féretro en la misma tumba que su hermana. Cuando están colocando el féretro se cae el cajón de la hermana. Es que para juntar los dos cajones primero tuvieron que mover uno y quedó inclinado y resbaló de las manos de los peones del cementerio. Al caer el cajón se rompe la madera podrida y se abre. Y la muerta estaba ahí tal cual en vida. El cuerpo entero y la ropa hecha pedazos polvorienta y toda comida por gusanos pero el cuerpo sano como si tuviera vida. Pero había algo que llamaba la atención. La muerta sonreía, y era una sonrisa de felicidad.

Fabián Ariel Gemelotti

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