domingo, 22 de noviembre de 2020

La gente chicanera

La gente chicanera

(f a.g.)

Me dice mi amigo Fernando (odia las redes sociales como yo): "te tiran chicanas muchos cuando subís escritos". La verdad que sí, muchos tiran chicanas. Son burlones, y algunos mala leche. Yo lo dejo pasar, es la libertad de expresión y cuando uno escribe debe aprender a soportar la chicana barata y la chicana intelectual. A algunos les pongo "me gusta", y dejo pasar la chicana. Pero me molestan mucho, porque yo escribo no opino. No me interesa abrir un debate, lo mío son ensayos. Y son una falta de respeto las chicanas. Hoy me levanté pensando en bloquear a mucha gente, pero dejo pasar. Quiero dar de baja a las redes y espero. ¡No sé qué espero si no soporto los comentarios de las redes y no me interesa interactuar con nadie! Uno espera, el facebook es una mierda y la mayoría de la gente también es una mierda. Pero uno espera, esa espera interminable que hablaba García Márquez en Cien años de soledad o esa espera de El desierto de los tártaros.
La gente es mala leche por el simple hecho de serlo. Nunca me gustaron los prólogos en los libros. ¿Qué puede opinar un crítico de un texto?, solamente el autor sabe lo que quiso decir. Pero hay prólogos que me gustan. Borges era un gran prologuista. Respetuoso de lo que quiso decir el autor. Nadie puede entender lo que un autor quiso decir en un libro, y a veces ni el autor sabe lo que quiso decir. Cuando uno escribe las palabras fluyen y uno no sabe en qué va a terminar ese escrito. Se empieza de una forma y a medida que la tinta avanza hay otras cosas que juegan en el texto. Pero repito hay gente muy maja leche y que  tiene un goce perverso en destrozar textos. Me acordaba de un filme, Generación X, esa de los muchachos nazis. La destrozaron en los noventa. Ahora es un filme de culto. Así funciona la crítica. Los críticos no sirven. Cuando hablo de un libro hablo porque lo leí completo y porque me gusta. No hablo de libros que no me gustan. No hablaría de Rayuela porque lo leí y no me gustó. No hablo de Cortázar, no me gustan sus libros.
No es nada personal este escrito contra nadie en particular. Nunca en mi vida escribí dando nombres o apellidos, yo escribo. Y quien se vea reflejado no es problema mío. Me acordaba hoy de algo que me pasó el año pasado en las redes sociales. Subo un ensayo sobre la Editorial Columba, reivindicando a Nippur. Pero me sale alguien públicamente con un comentario de una página (lo imprimí y guardé, todo imprimo. Los comentarios los guardo en papel); un comentario muy desagradable. Era un ex guionista de Columba que odiaba a Robin Wood. Me decía que yo no tenía idea de lo que fue Robin y miles de agresiones más. La hice simple, lo bloqueé al instante. Antes imprimí el comentario y lo archivé. ¿Qué necesidad había de despacharse así? El tipo era el contacto de un escritor Rosarino y docente universitario de Humanidades. Yo una vez tuve un lío con este tipo. Me cogí a la esposa. Lo digo así. Entonces el tipo le pasa mi comentario al intelectual de Capital y el tipo me manda un comentario de una página diciendo "usted es un estúpido que no sabe escribir. Aprenda a escribir antes de opinar". Me hizo calentar mal, pero más me calentó la concha de la mujer del intelectual Rosarino. A veces los comentarios a escritos y libros vienen del odio, de cosas personales y de la moral del que crítica. Por eso odio Facebook y a todas las redes. Me parece algo estúpido eso de "me gusta". Eso no tendría que existir. Eso es calificar como en una escuela el maestro califica al alumno, generalmente el alumno sabe más que el maestro. Bueno, los maestros no saben nada, salvo dos o tres que estudian en serio y aman la docencia.
Me acordaba hoy mientras dormía de mi primer libro. Me destrozaron con muy mala leche, en forma de destrozar mi persona. En forma de hacer daño. Seguí escribiendo, nunca voy a dejar de escribir. Salvo cuando muera. Gente que se burló del libro ahora me saludan. Son unos hijos de putas, yo les doy vuelta la cara. Quién me la hace me la paga tarde o temprano. Soy escorpiano, amo la venganza. Y cuando me canso de alguien le cortó el rostro, no existe más en mi vida aunque se esté muriendo. Así soy en mi vida de escritor y en mi vida laboral y con amigos.
Las redes son un goce perverso, un álbum de fotos familiares y están llenas de moral y de odio, de rituales, de chicanas y agresiones baratas. Las redes son el Gran Hermano de 1984. Orwell tendría que ser elevado a dios del Olimpo, porque se anticipa al facebook y a toda esta mierda. ¿Por qué subo escritos a Facebook? Hace dos años que subo textos. Los subo porque sí, no tengo que dar explicaciones.
Las redes hacen mal a la salud física, producen infartos y problemas de presión arterial. Las redes no sirven para vivir tranquilo. Una persona si quiere vivir tranquila y sana debe dejar las redes. Es algo que vengo pensando hace meses, darlas de baja. Pero uno siempre cree que hay una esperanza y cree con ingenuidad en que hay alguien inteligente en las redes y aguanta un poquito más. Pero cualquier mañana me levanto y las anulo y doy de baja y chau redes y a volver a la tranquilidad de 2017 cuando no subía textos.
En un país donde el 50% de su población duerme hasta las doce del mediodía y no sabe lo que es trabajar no de puede esperar nada. No es culpa de ellos que. O sepan lo que es madrugar, es culpa de una dictadura y de Menem y de Macri. Las redes funcionan en el ocio, en la alienación que es estar sin trabajo y ser un desclasado. Pero eso es tema para otro ensayo. Ahora apago el celular, desconecto el teléfono fijo, cierro todas las ventanas y prendo el aire y me pongo a leer hasta las diez de la noche. Estoy leyendo por tercera vez Cien años de soledad.
Y a quien ni le guste este escrito que me la chupe.

Fabián Ariel Gemelotti
(Domingo 22 de noviembre de 2020, dos y cincuenta de la tarde)

Chau.

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