viernes, 20 de noviembre de 2020

El Gary

El Gary, los rosarinos y la chica de rostro raro.

(f.a g.)

Rosario es una ciudad entre fea y linda, entre cruel, burlona y marginal y de poetas que escriben cosas aburridas. Rosario es una ciudad muy cruel. Rosario es un jardín de infantes donde el estatus pesa mucho y la mortadela atraganta la pobreza.
Me gusta el Gary. Terminé de leer recién un libro de él publicado en 1995. Me dan placer sus ensayos. Aparte el Gary era Leproso y lector de Borges; nos unía dos pasiones. Siento cariño por sus textos. Lo conocí a fines de los ochenta en el bar La Capital. Nos reuníamos a estudiar con un grupo y el Gary ahí siempre leyendo. Y un día se sentó en nuestra mesa. Daba placer escucharlo, hablar de Ñuls, de Borges, de la ciudad y sus escritores. Tengo que admitir que me aburren los poetas, no me gusta la poesía. (pero he leído mucha poesía). Y el Gary nos hablaba del tango, y de los negros y el jazz y de los Norteamericanos. Pero era liberal y de derecha y escribía en un diario que siempre odié como La Capital. Pero fue nuestro amigo y se divertía cuando le decía que odiaba ese diario. Un día me dijo: "muchos que escriben acá también odian al diario". Era un tipo abierto, nunca se ofendía. Era muy anti Peronista y uno en esos tiempos era muy Peronista. Pero eso no interesaba, se podía hablar y aprender del Otro. Eso lo bueno de sentarse a hablar, uno aprende de los que piensan diferente a uno. El Gary sabía mucho de libros. Y quien ama a los libros me interesa. El Gary murió hace años. Una pérdida para la ciudad, una ciudad chata como Rosario necesita de tipos como el Gary para darle forma y personalidad. Pero se fue y pasó al olvido pronto, porque era de derecha y amaba al jazz y era Leproso. En Rosario da estatus el rock, central y escribir boludeces. O sea, Rosario es una ciudad burlona, de estatus y de Literatura aburrida. El Gary era un lujo.
Una vez me dijo una amiga española, sentados en un bar tomando cervezas: "te juego veinte euros que adivino si ese tipo es Rosarino". Me hizo reír, miles de gente en un bar y cómo podía adivinar, todos tenían cara de españoles. El tipo en cuestión era un tipo entre canchero y cara de malo. Y el tipo llevaba en las manos un llavero y tira el llavero en una mesa vacía y se sienta y levanta la mano y dice con cara pedante y mirada de malo y a los gritos: "¿dónde está el mozo?, porque quiero un café". Mi amiga me mira sonriendo y me dice: "me debés veinte euros". ¡Cómo me acuerdo de vos Marixa!!!!
Rosario es una ciudad donde pesa mucho el dinero y sobre todo el auto. Acá el pobre se compra un auto, quiere aparentar que tiene dinero pero es pobre por más que tenga una chata. Viajar en colectivo no da prestigio y la bicicleta es una excentricidad de las clases acomodadas y también de algunos pobres, pero para el pobre es un medio de transporte. Por eso me acuerdo siempre de Marixa porque tenía esa inteligencia de darse cuenta de todo. En Europa el ómnibus es algo común, todo el mundo viaja en colectivo. Acá el transporte público es un negocio de dos o tres empresarios y nada más. No es rentable, está al borde de desaparecer el transporte público.
En los 90 la clase media festejaba el cierre de Ferrocarriles porque decía que eran vagos y ñoquis. Y quedamos sin trenes, pueblos enteros desaparecieron por falta de trenes. Pero la clase media festejaba las privatizaciones de Menem. La clase media siempre odió lo público, porque acá en Argentina solamente el 20% de los trabajadores es empleado público. Todo lo demás es privado. Por eso fracasó la cuarentena, muchas presiones del sector privado para levantar todo. El menemismo anticipó este presente 2020. El menemismo es la cuna y Macri la niñez y ahora la debilidad se ve en un país quebrado y donde no interesan que mueran 200 personas por día. Pero no voy a hablar de "política". Voy a hablar de libros.
Me gusta el Rosario de Satanás. Hay un par de libros muy buenos escritos por rosarinos. Me gusta el libro de fútbol de Ongay. Un libro con mucha estadística rosarina. Y me gustan textos de Fernando Marquinez. Es mi amigo y me hizo dos prólogos. Me gustan sus textos. Me gusta Riestra y sus crónicas de billares. Me gusta Ariel Arango y sus malas palabras. No mucho más, no hay grandes escritores que reivindicar acá. Pero con estos basta, y son una luz a la mediocridad de esta ciudad.
El Gary me dijo una vez, allá por 1993: "hay que leer todo, pero de mil libros que leas solamente dos o tres van a ser excelentes". Me gusta Viaje al fin de la noche y me gusta El desierto de los tártaros y Julio Verne y Salgari y Dumas y un par más. Pero he leído todo, creo que todo he leído y lo que no leí lo conozco por lo menos por referencias. De tantos libros siempre quedan dos o tres en la mesita de luz. Todo lo demás es relleno en esto que llamamos literatura.
Y vuelvo a Marixa. Y ese rostro raro entre española y árabe y ese cuerpo delgado y esos ojos negros penetrantes. Y me río del Rosarino del bar. El tipo juega con sus llaves y mira y mira para todas partes en el bar. Y detiene la mirada en la mesa donde estamos. Y ve que al pagar saco una billetera con el escudo de Ñuls. Y me dice, entre burlón y canchero: "yo soy de central". Confirmado, era Rosarino y de ese club que tanto odio.
El odio es parte de la vida y el amor parte del dolor. Odiamos y amamos al mismo tiempo. Decimos cosas ofensivas por odio. Es bueno odiar y es bueno amar. También es bueno escuchar al que piensa diferente. Recuerdo un clásico en el Parque. Nos estábamos tirando piedras de la platea del Palomar (odio la platea pero ese día fui a la platea) y los de Central en la popular se cubrían las cabezas. Y veo un brazo que se levanta y me saluda. Era un amigo muy amigo de Central. Yo estaba con odio y seguí tirando piedras. Pero no para donde estaba él. Al otro día desayunamos juntos y hablamos de fútbol y mujeres. Pero ese domingo fuimos enemigos, el odio estaba en nosotros. Yo odio a Central y odio toda esa cosa que tienen los de Central. Festejé el descenso. Y los clásicos me transforman. Marixa me dijo un día de lluvia: "en Argelia se mata por una mujer y nadie se opone y todos callan y está bien que así sea". Y me viene a la memoria un cuento de García Márquez. Creo que ese fue el último día que estuvimos juntos.
En definitiva soy Rosarino y me gusta el Gary y su anti Peronismo y me gusta la literatura Norteamericana y me gustan las mujeres raras y que leen mucho y soy fanático de Ñuls, tan fanático como mi abuelo y mi padre.

Fabián Ariel Gemelotti
(Sábado 21 de noviembre de 2020, una y veinte de la madrugada)

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