Entre la locura y la escritura
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(f.a g.)
Dashiell Hammett vivió sumergido en el alcohol. Un alcohólico al igual que sus personajes del policial negro. Dicen que Lillian Hellman lo cuidó, pero también robó sus ideas. Hellman publicó sus diarios y algunos escritos póstumos, grandes ganancias para su bolsillo. Después de El halcón maltés públicó muy poco y se sumergió en la melancolía y caminaba por las noches en solitario por las habitaciones de la mansión que compartía con Lillian. Hammett fue de esos escritores que escribieron de un tirón y corrigieron poco y que los grandes estudios cinematográficos explotaron a destajo. El alcohol terminó con su vida o su vida fue el alcohol, quedaría más romántico para los biógrafos.
Que Osvaldo Lamborghini necesitaba de la pornografía y la cocaína para escribir es un mito a mitad de camino. Tomaba y consumía, pero también el mito de las drogas sirvió para crear una imagen distorsionada del escritor. Osvaldo escribía "como el culo" decían algunos. Para otros su prosa era exquisita. Osvaldo destruía mucho, tiraba y tiraba a la basura papeles y papeles. Osvaldo fue el pornógrafo nacional de la cultura posmoderna de la literatura del ojete. Manuel Puig siempre buscaba donde provocar y destruir mitos nacionales. Perseguido por la dictadura por puto más que por sus ideas políticas. Manuel escribía de noche y tomaba mucho y fumaba mucho. Se lo recuerda poco en la cultura literaria. Dicen que un dirigente de Montoneros dijo de Manuel: "este puto de mierda siempre le mete el dedo a mis ideas".
La literatura es provocación y vocación de irritar los ánimos. Sin irritación no hay literatura. Pero no todo irrita, porque Julio Verne fue muy leído en vida. Se encerraba en sus piezas de una propiedad al lado de la propiedad de su esposa y no permitía ser interrumpido. Tenían una casa para la vida de familia y otra para escribir. Verne escribía de un tirón y no chequeaba nada. Su obra está llena de errores geográficos e históricos. No le importaba, porque Verne escribía para hacer dinero. Pero escribía muy bien y entretenía. Crea esa novela de aventuras que perduró en el tiempo. Salgari fue un explotado por su editor. Pasó hambre, vivía muy mal. Un día se mató y su muerte fue ganancia para los editores. Salgari alimentó el mito del escritor explotado, un mito que llenó bolsillos.
John Kennedy Toole fue un fracaso en vida. Escribía en cuadernitos y mecanografiaba y corregía mucho. La conjura de los necios fue rechazada por veinte editoriales. A los 32 años terminó con su vida. Su madre agarró el manuscrito y recorrió todo Estados Unidos buscando editor. En 1981, muchísimos años después de su suicidio, publican su novela. Se convierte en un mito. La conjura de los necios está alimentada con ese mito del escritor fracasado y suicida. La gente necesita llantos y melancolía y las grandes editoriales viven de las lágrimas y la poesía estúpida que alimenta el mito del suicida.
Cervantes no era manco. Le tiraron un tiro en las manos, pero no era manco. Pero quedaba más "lindo" decir que era manco. El Quijote fue un fracaso en vida del autor. Cervantes pasó hambre.
Ya dije que Kafka escribía de noche. Pero escribía toda la noche. Iba a trabajar sin dormir y eso le ocasionaba problemas de concentración laboral. Cuando escribió La Metamorfosis fue un alivio para su vida porque en esa novela corta (o cuento largo) se despacha sobre la angustia de cumplir horarios y trabajar y no dormir y ser un bicho es una defensa a seguir durmiendo cuando hay que levantarse. La Metamorfosis la edita de su bolsillo tirando cien ejemplares, se vendieron dos ejemplares. Hace unos días se subastó por un millón de dólares un ejemplar que fue encontrado en una biblioteca privada de Praga. Dicen que era de un Ferroviario que se identificó con el libro al leerlo de un tirón una noche y lo guardó en una sucia y polvorienta biblioteca personal. Antes los obreros leían libros.
Bukowski trabajó diez años para el Estado. En Correo se despacha. El alcohol y las mujeres su impronta. Bukowski fue odiado en vida por las feministas. Ahora sacan frases fuera de contexto y todo el mundo las sube a internet. Cosa de la vida virtual que estamos viviendo en el siglo de la ignorancia, el 21.
Céline no era nazi. Pero lo venden como nazi. Céline fue perseguido por los Norteamericanos. En su libro De un castillo a otro habla de esa persecusión por "nazi". Céline escribía como los dioses. Céline era un provocador.
Cocaína, vino y champán y porros mal armados o porros bien armados. Las drogas y el alcohol son parte de la literatura. También los mitos de suicidas y fracasados del destino. Todo sirve para hacer plata. Al fin y al cabo los escritores escriben para que los editores llenen sus bolsillos. Y para que los lectores saquen frases de contexto y la suban a internet.
La escritura es un espejo donde cada cual se ve reflejado. No es mía la frase, una vez me dijo esto una gran escritora. Escritora que no publica. También la literatura es un hecho anónimo de este destino de mierda que es escribir para el olvido.
Fabián Ariel Gemelotti
(Lunes 19 de octubre de 2020, 23 y cincuenta de la noche)
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