Entre la locura y la escritura
(3)
(f.a.g.)
Hunter Thompson quedará con el apelativo del escritor de las drogas duras. Pero su vida no fue tan así. En Pánico y locura se hace un culto a la cocaína. La novela levantó escándalos. Pero ese escándalo la catapulcó a novela de culto. En definitiva los escándalos siempre sirvieron para que los editores se llenen de dinero y los escritores sean tachados de locos o alcohólicos. ¿A quién no le gustaría conducir un auto con el baúl lleno de cocaína por el desierto?
La Literatura se construye y a los escritores lo adornan como se adorna a un arbolito de Navidad. Roberto "escribía con errores ortográficos" y "usaba mal los verbos" y "construía frases que un profesor de castellano pondría un uno", decían lo que sabían de la vida de Roberto. Ser hijo de inmigrantes en un país pobre y marginal no hace una ortografía de la vida. Pero Roberto siempre escribió con errores muy severos. Roberto hizo hasta el tercer grado elemental y la maestra decía que era un "bestia". Pero hubo otro Roberto que también escribía con errores ortográficos y ganó un premio Municipal de Literatura. Este Roberto también llegó a tercer grado elemental y le corregían todo. Nunca supo de que se trataba el punto y como y escribía "deceo" en vez de "deseo". Dos Robertos, los dos hasta el tercero elemental. Uno fue un albañil y el 17 de octubre del 45 mojó las patas en la fuente. El otro Roberto publicó un par de libros y se hizo famoso.
Borges el día de la final de Argentina con Holanda dio una conferencia sobre mitología griega. La conferencia empezaba a la misma hora del partido. Un viejito llegó al salón apurado y transpirado. Y eso que hacía frío. Se fue caminando desde San Telmo unas cincuenta cuadras hasta el salón de la conferencia. Borges hablaba y hablaba y hablaba lento. En un momento el viejito grita gol. Las diez personas que estaban en el salón miraron al viejito y lo hicieron callar. El viejito tenía una radio y escuchaba el partido, pero lo escuchaba con la radio al oído y prestaba atención a Borges. Al terminar la conferencia las calles estaban llenas de banderas argentinas festejando el campeonato. El viejito volvió a su casa caminando y al llegar a San Telmo entró en una librería de viejo y se compró un libro de mitología griega. Esa noche leyó el libro rodeado de humedad de las paredes viejas y sintiendo los gritos de "viva Argentina". A unos pasos de su casa también otros gritaban, pero eran gritos de dolor. La picana ingresaba en los testículos y sobacos de unos adolescentes. Un torturador con la camiseta del seleccionado gozaba con los gritos de los torturados. Argentina campeón del mundo.
Que la escritores peronistas escriben bien es un mito nacional. Sebreli decía que de joven se emocionó con el existencialismo. El Peronismo es muy existencialista. Pero Sebreli fue creciendo y se fue haciendo anti Peronista. Sebreli quizás sea el mejor ensayista argentino. Uno nunca lo va a saber. Uno nunca puede saber qué es bueno y qué es malo. La malos escritores escriben en periódicos y los buenos escritores escriben libros.
James Joyce en 1914 empezó a escribir Ulises. Escribía de noche y salía a caminar por las calles. Un amigo lo encuentra una noche y Joyce estaba mirando la nada, como pensativo y cara de sufrimiento. El amigo le pregunta si está escribiendo un libro y Joyce le dice que sí. El amigo lo interroga sobre cómo avanza en el libro y Joyce le dice: "ya tengo las palabras. Lo que estoy buscando es el orden perfecto de las palabras en mis oraciones". De eso se trata la Litetatura, un relato se construye en la mente y lo difícil es encontrar el orden de esas palabras para armar el texto. Joyce dijo una vez que pasó más de veinte mil horas escribiendo Ulises.
Schiller tenía manzanas podridas en su cuarto, amontonados siempre en un rincón. Necesitaba del olor putrefacto para escribir. Acá en Rosario hubo un poeta que fue sepulturero. Murió hace unos años. Era mi amigo. Siempre me decía que escribía gracias al olor de la muerte. Un día fui a visitarlo a su trabajo. Rodeado de libros en un cuartito escribía poesías. El mejor poeta de la ciudad. El olor de los muertos era para él las flores del mal.
Carver estuvo en Rosario. Cuenta en un pequeño relato esa experiencia y habla de la ciudad. Pero a Carver lo que más le impresionó de Rosario es el culo de las rosarinas. Le dijo a un amigo: "en Rosario vi los mejores culos del mundo". El amigo, un profesor de Literatura de California, le pregunta: "¿Hay literatura maldita en Rosario?", "No lo sé, pero con esos culos los escritores rosarinos tendrían que vivir cogiendo". Eran los ochenta.
La Literatura es sexo, desbordes, locura y pánico. Los escritores son personas que no tienen frenos. Se escribe desde la locura y desde la desesperación. Borges y Joyce y Carver y Bukowski y Thompson tienen en común esa cosa tan irritable que hace que el común de la gente los vea como "raros". En definitiva los escritores no son raros, son más normales que la mayoría de la gente. Una normalidad que desborda en locura en un pánico de la letra sobre el papel.
Fabián Ariel Gemelotti
(Martes 20 de octubre de 2020, siete y cuarenta de la tarde/noche)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario