viernes, 13 de marzo de 2020

Pan de

Pandemias (ensayo)

(f.a.g.)

Ya nos hemos olvidado de los rugby. Se los odió, se pidió pena de muerte y alimentó la TV durante más de veinte días. Ya es noticia vieja, como si hubiese ocurrido hace más de diez años. Así corre el tiempo en los medios, y así corre el tiempo en la vida de cada persona en estos tiempos. Nadie puede registrar en su cabeza lo que ocurrió hace diez años (ni lo que ocurrió hace una semana atrás), imposible registrarlo porque estamos invadidos por lo mediático que nos aliena de una forma tan grande que anula la capacidad de reflexión y pensar el pasado. Una semana son dos años y el día anterior ya no se registra. Los diarios impresos pronto van a dejar de salir, porque la voracidad de internet y las redes se los come y nos invaden con miles de informaciones. Una mente no puede absorber tanto, porque el día dura solamente 24 horas. Y en 24 horas son miles las noticias que nos invaden nuestro tiempo libre, pero todas las noticias siempre giran en torno a una noticia principal. Toda noticia es funcional al tema del día. Ahora es la pandemia del coronavirus. Las noticias económicas, el fútbol, la literatura (se agotó La peste de Camus y todo el mundo busca libros de pandemias), el sexo, la vida laboral... todo gira en torno a la pandemia. Ese es el gran hermano que nos alimenta y que controla nuestra vida. Ese gran hermano se llama TV y Redes Sociales. Cuando fue el tema de los rugby todos eran expertos en Derecho Penal. Un conocido me discutió hasta agredirme por el tema de las pruebas. Al final decidí callar. Yo estudié Derecho, el nunca en su vida vio un Código Penal. Así funcionan los medios masivos, inyectan de noticias, crean ansiedad, desesperación y te hacen explotar la cabeza y crean sociedades violentas y agresivas con el Otro. Todos los días es una lucha con las palabras: "mi vecino dice que la Ley dice tal cosa", "si me separo me roban mis bienes", "las pruebas no existen", "es mentira lo que usted dice". Los medios "instruyen" sobre medicina, derecho, novelas, cine, teatro y hasta Psicoanálisis. Y la señora que mira los programas de la tarde pasa a ser la experta en parejas. Mi madre me dice el otro día: "no podés salir con una de 21 años, porque se va a quedar con la herencia familiar", "¿qué herencia?". Es mi madre y la amo y no discuto con ella. Mira esos programas de la tarde, son mortales. El otro día llego a su casa y veo un programa de esos: el periodista decía que la diferencia de edad no es amor. O sea, hacía un psicoanalista de la tarde, una mezcla de Freud con café con leche y Lacan después de despertarse de la siesta. Mi padre odia esos programas, y mira fútbol y fútbol. Es fanático enfermo de Newell's y de Argentino de Rosario. Jugó en Argentino en la Primera. Y lee mucha Historia Argentina.
Una compañera del trabajo (excelente persona, muy buena y con título universitario: instruida) me vive mortificando: "vas a tener que repensar tu vida, porque dentro de unos años las pendejas no se van a fijar más en vos", "tenés que ir pensando buscarte una de tu edad y estabilizar tu vida emocional". Tal cual me lo dice siempre. Yo me río, y lo tomo con soda. "Esa que viene siempre a buscarte a la salida parece hija tuya más que novia", "es muy chica para vos". No discuto nada, me río y lo tomo a broma. Un amigo de años me dice siempre: "vos debés casarte y formar familia". Yo estoy bien así, una mujer por acá y otra por allá. Me gustan las mujeres  mucho. Me gusta seducir y encontrarles la vuelta. Es una práctica de años. De muy chico no era así, era más romántico. Pero la vida es una sola, quién sabe si me quedan diez, quince o veinte años de vida. Disfruto del sexo, cuido mi cuerpo y me compro ropa, viajo y conozco mujeres para divertirme. No tengo TV, no miro noticieros y tengo ni individualidad que me permite ser "libre" en lo posible dentro de este sistema opresivo y conservador.
Los rugby mataron y están en la cárcel. Y los padres del chico muerto deben estar sufriendo mucho. Ya nadie habla del chico muerto, porque en definitiva a nadie le importa que alguien muera. A la gente le importa nada más que haya noticias para hablar en el trabajo, en el bar y en las reuniones familiares.
¿La pandemia? Es real el coronavirus y va a matar gente. Se va a expandir en semanas, es muy real. Es tan real como los homicidios del narcotráfico, el desempleo, la trata de blancas, el suicidio, el cáncer, los cuernos y el maltrato laboral. La diferencia estriba en que nadie habla de maltrato laboral (la mayor causa de suicidios a nivel mundial), pero todos hablan de coronavirus. Quizás dentro de dos meses se instaure otra noticia: "una maestra abusó de un alumno". Ahí todas las maestras pasarán a sufrir el acoso mediático, porque así funciona la vida: un cura hace esto y todos los curas son "malos". Por lo pronto el pánico ya se instauró en la sociedad y el coronavirus es la pandemia y quién sea anciano o venga de Italia desde ahora es el nuevo enemigo de la sociedad. Todo es así, creamos enemigos en nuestras mentes y esos enemigos son el lugar para depositar nuestras frustraciones cotidianas.

Fabián Ariel Gemelotti
(Sábado 14 de marzo de 2020, una de la madrugada)

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