domingo, 15 de marzo de 2020

Enloqueció el mundo

Enloqueció el mundo (ensayo)

(f.a.g.)

El mundo enloqueció. Hemos llegado a la locura, la esquizofrenia se apoderó de la población. Un virus (que es real) ha logrado lo que nunca en la Historia pudo lograr otra cosa. Estamos al borde de la masacre colectiva. Si no se calma pronto la gente, esto puede explotar en discriminación y muerte. Los precios aumentan, faltan alimentos y los hospitales públicos desbordados. Lo que hace una semana costaba diez pesos hoy cuesta treinta. Ya hay faltantes en las góndolas, y se estipula que los mayoristas especulan con el coronavirus para formar precios. El Ejecutivo ya dio un protocolo y dijo que hay pandemia. La pandemia va a destruir las economías mundiales, el dólar se va a comer la economía nacional. La gente no quiere ir a trabajar, no quiere mandar a los hijos a la escuela. ¿Con razón? Hay pandemia, pero la peor pandemia es la desesperación y el egoísmo de la población. Hay infectados, se calcula que en Italia casi la mitad de la población está infectada. Allá hay cuarentena, se cerraron oficinas públicas y no hay dictado de clases. Pero es allá, en Italia. Acá hay cuatro casos registrados y dos muertos. Recién comienza y ya hay locura. La gente puede entrar en una locura tan grande (y eso puede ocurrir esta semana) que se van a discriminar a los ancianos, también a personas vulnerables por enfermedades respiratorias y a todo aquel que se lo señale como portador de coronavirus. Esto es muy peligroso, porque de ahí no se sale tan facilmente. Ninguna sociedad sale de la esquizofrenia colectiva. En la Edad Media la peste trajo homicidios, saqueos y discriminación. Las plagas en Egipto trajo muerte y persecusión. Los medios hacen su negocio y venden basura y crece la audiencia. Las redes sociales se han llenado de chistes banales y mucha información falsa. Todo es asustar a la población. Es meter miedo en pos de conseguir audiencia y vender publicidad mediática.
Me están invadiendo el Wassap compañeros de trabajo, amigos y familiares. Me preguntan si hay que ir a trabajar. O qué opinión tengo. Yo tengo mi opinión sobre mi trabajo y la pandemia. Pero no puedo opinar, yo no decido. No tengo poder para eso. No milito más en agrupaciones de base (ya no existen más en mi trabajo hace años) y simplemente digo que hay que esperar hasta mañana lunes. Amo mi trabajo, pero más amo la conciencia de clase. Soy asalariado, pero también me debo a mi función con honestidad y responsabilidad.
Me preocupa que haya tanta locura, tanto odio al semejante y tanta irresponsabilidad de la clase política y de los formadores de precios. Me preocupa la discriminación a los ancianos (ya el Gobierno Nacional con el tema jubilaciones empezó a fomentar la discriminación a las personas mayores), me preocupa la gente que depende del dinero diario (comerciantes de negocios), me preocupa el odio hacia el prójimo. Tengo miedo del futuro, porque esto va a empeorar y mal. Va a empeorar ese odio, y cada cual va a querer salvarse solo. Me preocupan los medios y la ignorancia de la gente que sube chistes groseros a las redes sociales. Me preocupa que cualquiera opine sin reflexión. Me preocupa muchísimo mi familia, sobre todo mis padres vulnerables por la edad y que sean discriminados. Me preocupan la burla, el sarcasmo, la ignorancia generalizada y la falta de cordura.
La sociedad enloqueció. De la locura al saqueo y al crimen hay un paso. No sea que esto termine en tragedia, pero no por el coronavirus, que termine en una tragedia donde todos contra todos nos eliminemos para defendernos del "coronavirus".

Fabián Ariel Gemelotti
(Domingo 15 de marzo de 2020, dos y cuarenta de la tarde)

Posdata: apago el celular. Que nadie me moleste hoy, leo todo el día.

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