CORONAVIRUS, EL APOCALIPSIS HA LLEGADO (RELATO)
(Por: f.a.g.)
Día Uno:
Mi nombre no interesa ni mi edad. Simplemente voy a escribir este diario porque quiero dejar testimonios de lo que está ocurriendo. Tengo mucho miedo, estoy aterrado. Recién pasé por el súper y compré alimentos y fui y les dejé dos cajas con comida a mis padres y una caja a mi hija. Estaciono el auto en la puerta de mi casa y bajo los alimentos. Estoy preparado para la cuarentena.
Mi gato me mira y lo veo inquieto. Lo alzo y lo beso y le digo que lo amo. Mi gato será mi compañero hasta el fin de la cuarentena. Estoy ya preparado.
El Gobierno declaró pandemia y aislamiento social. Un virus llamado coronavirus se ha apoderado del planeta y te contagia y te mata. La transmisión es por el contacto físico. Nadie puede tocarse a partir de hoy. Es la orden del Gobierno.
Día dos:
Miro por la ventana y veo gente caminar. No me animo a salir. Tengo miedo. Mi gato a mi lado tiembla. Lo miro y veo su rostro sufrir.
Día tres:
Me animo y voy a la farmacia a comprar dentrífico, y aprovecho y camino hasta el domicilio de mis padres y mi madre abre la puerta e ingreso y los veo bien. No los toco. Telefoneo a mi hija desde la casa de mis padres y está contenta. Me dice que no salió a la calle todavía. Leyó estos tres días. Le pregunto si quiere que vaya, y me dice que es peligroso y que pueden detenerme. Me muero de ganas de ir a su departamento. Vuelvo a mi casa. Mi gato está esperando y al abrir la puerta me mira y retrocede y se esconde debajo de la biblioteca.
Día cuatro:
Ordeno mi biblioteca. Telefoneé a mi hija y a mis padres. Están bien. Ordeno mis libros de ciencia ficción. Y me detengo a hojear las obras de Matheson. Abro un libro de cuentos de una norteamericana de los setenta y leo una frase que me hace pensar: "la idea es eliminar a los viejos, los llevaremos a hospitales y ahí los mataremos. Todo se justificara, les haremos creer a todos que están infectados". Mi gato juega con una pelota y lo miro y se me acerca. Lo alzo y lo beso.
Día quinto:
Leí todo el día a Borges. Hacía años que no lo leía. Ví una porno, pero no tengo deseos de sexo. Estoy preocupado. No veo a mis padres hace dos días y a mi hija desde que empezó el aislamiento. La telefoneo y no me atiende. Telefoneo a mis padres y me dicen que están bien. Vuelvo a llamar a mi hija y me contesta risueña, se estaba bañando. Me vuelve el alma al cuerpo.
Día sexto:
Miro por la ventana y la vecina de enfrente tiene el ventanal abierto. Está desnuda y ve que la miro. Es gorda y vieja, pero me entra el deseo. Me pongo duro y levanto la mano y la saludo. Me sonrié. Mi gato se arrima a la ventana y mira también. Lo empujo con violencia y se va asustado. Estoy excitado. Suena el teléfono y son mis padres. Me dicen que vaya a llevarles alimentos. Me cambio y voy. Paso por el súper y compro de todo. Como con ellos. Antes de las siete regreso a mi domicilio.
A las doce de la noche siento ruidos afuera. Miro por la ventana, de costado para que nadie me vea. Veo un camión con luces y a cuatro hombres de blanco que ingresan de la vecina de enfrente. Y veo salir a los hombres cargando una camilla. Veo a la vecina en convulsiones y gritando. Tengo terror. Me voy a mi cuarto y trato de dormir. No puedo dormir. Me pongo a leer a Borges y me fumo un cigarrillo.
Día séptimo:
Durante todo el día limpié mi casa. Mi gato está subido a un mueble y me observó extraño todo el día. Lo acaricio y nos hacemos amigos de vuelta.
A la noche pasó un incidente raro. Miro por la ventana y veo caminar a un hombre. Es el vecino de la esquina. Le grito su nombre y no me mira. Me siento aterrado y agarro mi arma y salgo afuera. Lo llamo y no se da vuelta. Corro a su lado y me pongo frente a él y veo sangre en sus ojos. Y me mira fijo y abre la boca y veo unos dientes afilados. Corro a mi casa e ingreso asustado. Pongo todas las trabas y telefoneo a mis padres y a mi hija. Estaban durmiendo.
Tengo terror.
Octavo día:
Telefoneo todo el día a mis padres y no me contestan. Llamo a mi hija y ella también está preocupada, porque los llamó y no les contestaron. A las cinco de la tarde cargo a mi gato en el auto y mis dos armas y voy a buscar a mi hija. Y nos vamos de mis padres. Tenemos miedo.
Al llegar a casa de mis padres golpeamos y abre mi madre y nos dice que no anda el teléfono. Decido llevar a mis padres a mi casa. Cargamos ropa y documentación y vamos a mi domicilio. Mi hija dormirá con los abuelos.
Me quedo despierto toda la noche, bebiendo y fumando y mirando por la ventana. Veo luces rojas y veo a hombres caminar como dormidos. Mi vecino pasa por mi casa y se detiene. Y mira y lo veo sangrando por el rostro. Y abre la boca y veo sus dientes afilados. Sigue de largo. Veo un camión detenerse y lo agarran y lo meten adentro.
Estoy muy aterrado.
Noveno día:
Me llegó un mensaje de Wassap de un compañero de trabajo: "la pandemia es peor de lo que pensamos, el virus ingresa al cuerpo por el primer contacto corporal: un simple dedo sobre tu mano y ya estás infectado. Ataca a los viejos sobre todo y a personas muy débiles físicamente. Lo llevan a refugios y ahí lo matan. Están matando miles por día. Borrá este mensaje al leerlo". Borro el mensaje y preparo el desayuno. Mi hija está feliz. Mi padre está preocupado, lo veo en su rostro. Pasamos el día viendo películas románticas.
A la noche siento ruidos afuera. Miro por la ventana y veo luces rojas a lo lejos. Tengo mis armas cargadas. Despierto a mi hija y le digo que voy a explorar la calle. Le dejo un arma y le digo que cierre bien las puertas al salir. Me pongo guantes y una mascarilla y ropa negra para poder esconderme entre los árboles y que no me vean. Salgo a la calle ante los llantos de mi hija.
A lo lejos las luces son potentes. Voy hacia ellas, cubriéndome entre los árboles y bajo las puertas de los domicilios. Hago dos cuadras y veo tres camiones y a hombres de blanco ingresar a domicilios y sacar a personas viejas y rematarlas de un tiro en la cabeza. Y cargar sus cuerpos en los camiones.
Siento una mano en mi hombro y me doy vuelta y veo a un hombre de blanco y lo golpeó tan fuerte que cae de espaldas y queda inconsciente. Lo desvisto y me pongo su ropa y su máscara. Y oculto su cuerpo en un jardín. Y agarro mi ropa y la pongo en su cabeza y lo remato de un tiro. La ropa amortigua el ruido. Me dirijo al camión y me ordenan que cargue un cuerpo. Una vez terminada la tarea subimos a los camiones y nos vamos. Estoy aterrado. Nadie me dirige la palabra. Nadie habla. El silencio aterra. Llegamos a unos galpones y descendemos y nos ordenan que pongamos a los cuerpos en un pozo y les prendamos fuego.
Ingresamos a un galpón donde están viejos encadenados y veo sus rostros con colmillos y sangrando. Algunos tratan de tocarnos y les dan latigazos. Me aparto del grupo y me meto a una oficina y veo a hombres de negro dialogar y uno me dice que lo ayude a cargar una caja. No me pregunta nada. Levantamos una caja y la llevamos a otra sala. En esa sala veo camas y mucha gente atada y vomitando sangre. Y el hombre de negro se agarra la cabeza y habla: "es el Apocalipsis amigo". Se sienta en un sillón y se desparrama y queda inconsciente.
Estoy aterrado. No sé dónde estoy y quiero regresar a mi casa con mi familia.
Regreso al depósito y me subo a un camión y tiene las llaves puestas y lo arranco y salgo a toda velocidad y rompo puertas y me veo en la ruta. Nadie me sigue.
No sé cómo hice pero llego a mi barrio. Dejo el camión a diez cuadras y me saco el traje blanco y en calzoncillos camino a mi domicilio. Mi hija me abre y le digo que se aparte. Corro al baño y me pegó una ducha de una hora.
Último día:
Es el día décimo, el último del aislamiento dictado por el Gobierno. Con mi familia estamos reunidos y tenemos miedo. Miramos por la ventana y vemos miles de camiones blancos y a hombres de blanco recorrer las calles. Están armados con lanzallamas y con unas armas raras. Vemos perseguir a vecinos. Un vecino gordo se abalanza en el cuello de un hombre de blanco y lo muerde. El hombre de blanco entra en convulsiones. Otros hombres de blanco lo miran y salta el mordido sobre sus compañeros y los muerde y cae uno y se levanta y muerde a otro y así hasta que la calle es pura sangre. Todos muerden a todos. Ya no se distingue nada.
Ponemos sillas y mesas en las puertas y apagamos las luces. Pasan por nuestra vivienda corriendo, hombre de blanco sin sus máscaras y vecinos. Los dientes afilados y todos sangran por los ojos.
Tenemos miedo. Estamos aterrados. Estamos en el comedor y nos abrazamos los cuatro. Y miramos por la ventana. Vemos a miles que están dispuestos a entrar a nuestro domicilio. Tenemos terror. Vemos ojos sangrando y colmillos sedientos. Apuntamos con las dos armas por la ventana y matamos a cuatro. Pero llegan más.
Golpean la puerta a patadas y la puerta se cae.
Agarro mi celular y trato de mandar mi diario a muchos contactos.
"Por favor difundan esto. Es el Apocalipsis"
Fabián Ariel Gemelotti
(Domingo 22 de marzo de 2020, una y treinta de la madrugada)
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