Fuga en el siglo 23
(Cine)
(f.a.g.)
Hace días que tenía en la cabeza una película. No podía recordar el título. Me estaba torturando el tema. Le pregunté a miles de amigos describiendo el tema del filme. Nadie pudo recordarla. Y hoy le pregunto a un amigo y compañero de trabajo, un compañero jubilado y muy cinéfilo. Y me tira el título. Voy corriendo a mi biblioteca, y empiezo a sacar libros de ciencia ficción. Y nada. Empiezo a pensar dónde puse la novela. Puteo en mi soledad nocturna a todas mis ex novias y novias actuales que quizás se llevaron el libro. El año pasado al pelearme con una novia se llevó diez libros de mi biblioteca y estoy tentado de llamarla. Pero no hablamos hace meses y son las dos de la mañana. "Pendeja a vos te gusta la ciencia ficción", digo en el silencio de mi casa. Me siento triste y amargado. Y miro para arriba y veo en un estante polvoriento tres novelitas y agarro la escalera de metal y me subo. Y ahí apareció la novela de William F. Nolan. Me siento alegre y voy a mi computadora y busco el filme. Y estoy viendo ahora este clásico que tanto me marcó en mi adolescencia.
Michael Anderson, un director prolijo y muy jugado en cine, dirige en 1976 este filme que es uno de los más grandiosos filmes que ha dado Estados Unidos a la ciencia ficción. Es un filme distópico, esa literatura donde el mundo está partido y quebrado y la humanidad está sumergida y atascada en un sometimiento total. Es el siglo 23, una cúpula gigantesca es la ciudad que contiene a los sobrevivientes de una catástrofe del año 2274 que diezmó a la Tierra. Los habitantes de esa ciudad viven en el ocio y el placer. Las computadoras hacen el trabajo cotidiano, nadie cumple tarea laboral alguna. "Es la utopía de los anarquistas", dice la portada de la novela. Pero no nos engañemos, porque nada es lo que parece. Para mantener estable el número de habitantes la reproducción se realiza por clonación. Hasta ahí es una novela de la "felicidad". Al cumplir 30 años los habitantes de la ciudad se deben someter a un rito religioso (el Carrusel) que se celebra en un anfiteatro. Ahí desaparecen en el aire, y todos aplauden y gritan y están felices. Existe la esperanza de un nuevo renacimiento, de clonar en un nuevo ser si uno ha sido obediente a las leyes de ese Estado. Pero si alguien fue desobediente desaparece para siempre. Es un suicidio voluntario, reglamentado y obligatorio para todos los ciudadanos. Quienes se opongan cometen un delito penado severamente por las leyes. Pero no todos creen en el Estado y sus leyes. Algunos quieren huir y Logan es un policía envejecido (como si tuviera 30 años) por las computadoras para descubrir a un grupo clandestino que ayuda a huir a la gente de esa ciudad. Logan se hace amigo de Jessica 6 que es una líder de ese grupo. Hay un enamoramiento y juntos huyen de la ciudad, en busca de un lugar llamado el Santuario. Ahí está la verdad de todo, el Estado esconde un secreto. Son perseguidos por un amigo de Logan, Francis 7. Y fuera de la ciudad qué pasará. Lector no te cuento el final (estoy muy tentado), porque te pido que veas este filme o que leas la novela.
Lector no creas todo lo que el Estado te dice. No creas todo, porque el futuro ha llegado.
Fabián Ariel Gemelotti
(Martes 31 de marzo de 2020, tres de la madrugada)
Posdata: gracias Ernesto Vilches Porta por recordar el título. Sin ese aporte no podría haber escrito esto.
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