La Argentina culposa
(Por: Fabián Ariel Gemelotti)
La Argentina se ha convertido en una sociedad culposa. La pobreza y el hambre trae culpas, y la sangría impuesta por el estado de derecha baja culpas en la población. "El pobre es pobre porque es vago y no quiere progresar", repiten como loros muchos. Se tiran culpas unos a otros, porque nadie quiere admitir que lo que pasa en el país no es un problema individual, si no algo planificado por el imperialismo y la clase dominante. Todo lo que ocurre responde a un plan y a un orden del capitalismo. La pobreza y el desempleo lo planifican los organismos internacionales. El FMI maneja la economía del estado nacional. Ellos imponen sus necesidades y lo único que quieren es que la deuda contraída sea pagada como sea. Y el estado nacional congela salarios, sube impuestos y deja de pagar subsidios; todo para recaudar y pagar a los acreedores. Si no se paga en término, el FMI pone a la Argentina como morosa y quiebra el país. En 2018 al contraer la deuda dejamos de ser un país soberano, y pasamos a ser un país dependiente de los banqueros del Imperialismo.
La culpa que siente cada argentino no es gratuita. El país está siendo saqueado, y los medios hegemónicos bajan culpas: "el pobre es pobre porque quiere serlo" "vos sos gastador y debés ahorrar" "no te quejes, tenés laburo" "quedaste embarazada por pavota" "los pobres tienen muchos hijos y por eso se cagan de hambre" "la Chorra va a ir en cana" "el país es un país de ladrones" "no me interesa la política, no creo en nadie" "70 años de Peronismo". Todas estas frases son armadas y planificadas y bajadas diariamente por los medios hegemónicos. Llegan al receptor, el cual las repire como loro. Las repite como si fueran de su creación, cuando el receptor en realidad no tiene pensamiento propio: es pensado por los medios.
La Argentina es una selva. Esa selva puede explotar pronto o no explotar nunca. Uno nunca sabe qué límites tiene el estómago. El hambre también es negado por muchos, generalmente los que niegan el hambre tienen el estómago lleno.
Fabián Ariel Gemelotti
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