(Por: Fabián Ariel Gemelotti)
El pobre en Argentina tiene pocas opciones laborales: verdulero, taxista, policía o choro. Prefiero a los choros, son más auténticos y eligieron una profesión más lucrativa. El choro no tiene moral, pero sí tiene principios: mata porque hay que matar. "Vos tenés y tenés que dármelo", dice el choro y si no se lo das te mata. En las villas hay drogas y muerte, al igual que en las clases altas. La diferencia que el villero va en cana o lo matan. La clase alta tapa todo, porque trafica influencias y todo compra con dinero. El dinero es el fetiche del pobre y del rico. La clase media tiene otros fetiches, porque el dinero para la clase media es un objeto de "ascenso social", a diferencia de las clases bajas y altas, donde el dinero es un bien para el goce cotidiano. El pobre vive el día a día, y cuando tiene dinero lo revienta en mujeres, drogas y otras yerbas. La clase alta tiene dinero, no tiene que preocuparse por conseguirlo. La clase media vive angustiada por el dinero, porque es un bien para ascender socialmente. Digo que no es fetiche, porque un fetiche es un objeto de adoración. La clase media no adora al dinero, porque es un bien utilitario para ese sector. El pobre y el rico sí adoran al dinero, y le rinden culto porque el dinero le permite comunicarse con los dioses del placer hedonista. El fetiche de la clase media es el falo del estatus social, lo cual se compra aceptando la moral que el amo crea para que "el blanquito" de clase media cumpla su ritual iniciático de ascenso social. La clase media asciende y desciende, según la economía de mercado. El pobre siempre será pobre y lo sabe. Puede lograr mejores condiciones de vida, pero de pobre no se sale. El rico tiene influencias de clase, y eso le permite mantener su condición de rico por siempre, aunque el fetiche dinero se acabe.
El tema fetiche es un tema muy complejo. Un fetiche reemplaza al dios "abstracto" y transforma la creencia en dios en algo mágico. La clase media tiene "un dios abstracto", y ese dios guía su moral de vida. Esa moral santifica su existencia. Por eso la clase media nunca puede reaccionar ante la opresión, porque ese dios que está en los cielos le prohibe transgredir los límites de la rebelión social. El pobre transgrede, pero desvía su transgresión hacia lo hedonista. El rico se siente amo, y siendo amo es parte del universo que crea la moral del esclavo. Los mercados quieren "igualar" hacia abajo: que la clase media sea pobre para que el rico sea más rico. Los mercados ya no necesitan clase media. El "ajuste" no es "ajuste". Uno se ajusta cuando "hay crisis". Acá no "hay crisis" hay saqueo y descenso social, que es otra cosa mucho más grave. El capitalismo no está en crisis, está muy fuerte y está en su etapa más clara: "llegó la hora que los ricos del mundo sean los dueños de todo y todo lo sobrante sea descartado". La miseria y el hambre es la orden que dan los amos internacionales a los amos nacionales.
La clase media piensa que esto es "momentáneo" y "pronto pasará". Es la idea religiosa de la moral del amo para el esclavo: "aguanta esclavo que pronto vendrá la felicidad". Mientras tanto los amos aplican sin ningún tipo de resistencia su apoderamiento del mundo.
Los dioses están ahí. Hemos llegado al paraíso de la pobreza y ese paraíso no tiene techo.
Fabián Ariel Gemelotti
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