PURA MIERDA COTIDIANA
(POR: FABIÁN ARIEL GEMELOTTI)
Todos los días me cruzo un par de boludos. Boludos repartidos entre amigos, conocidos, vecinos y otras yerbas cotidianas. La vida diaria no es tan simple como uno cree, porque siempre hay alguien que te la complica. Hoy estoy con presión alta, algo que hace dos años me persigue. Estoy esperando a mi cardiólogo y aprovecho para escribir un poco con el celular mientras la espera en el consultorio se hace larga. Uno no sabe los años que va a vivir, o mejor dicho cuándo va a morir. Así que siempre me digo que a la vida hay que vivirla a pleno, y gozar de las mujeres, el fútbol y la literatura y el cine y la historieta y la fotografía (mis cinco pasiones de toda la vida).
Generalmente hay boludos, o idiotas (que queda más lindo), o simplemente imbéciles que se cruzan diariamente. Ayer estaba hablando con un conocido y se me arrima una vieja muy linda (65 años) y me saluda efusivamente. Cuando la vieja se va le digo al conocido: "esta tipa es una buena amiga de hace treinta años, de cuando yo era un pendejo. Es muy macrista y la quiero mucho". Mi conocido, que siempre fue un gorila y en 2015/17 defendió al macrismo con uñas y dientes y munca se adhirió a un paro me dice: "a mí no me saluda, debe ser porque yo no soy macrista". Lo quedo mirando y le digo: "es una tipa fina y oligarca, es rica. Es correcto que sea macrista. En cambio no entiendo a los muertos de hambre que votaron a Macri". Mi amigo se va rápido y me quedo solo y reflexiono: " los macristas ahora no quieren ser macristas. Este muerto de hambre votó a Macri y ahora se lava las manos. Vivo rodeado de forros".
Tengo un amigo comunista, un bolche de facultad. Estudiamos juntos y hemos compartido tardes enteras de bar. Este amigo me dijo el otro día: "hay que hacer la revolución proletaria y expropiar los bienes de los ricos. Tomar las fábricas y fusilar a todos". Lo quedo mirando y le digo: "yo lo que quiero es llegar con posibilidades a octubre, cosa que no veo tan fácil".
Hace una semana me encuentro comiendo en un local de comida rápida y estoy degustando una hamburguesa y una Coca Cola. Por el vidrio veo pasar a una chica que una vez tuve una aventura. Y entra al local y me encara mal: "siempre comiendo basura capitalista". Me río y la invito a sentarse. Pero se va insultando por lo bajo. No entendí nada de nada, hace cuatro meses tuve una aventura con ella, algo que no duró mucho. La pendeja odia las hamburguesas porque piensa que eso es capitalismo. Pero me pregunto para qué mierda entró a amargarme la hamburguesa y la Coca, si ya no tenemos nada que ver. Yo seguí comiendo, pero un poco angustiado por el insulto.
El domingo a la noche suena mi teléfono fijo y levanto el tubo: "hola hijo de puta", sueña del otro lado. Era la voz inconfundible de una ex novia de los noventa. Cada tanto me llama y me dice esa frase corta insultante. Tres o cuatro veces al año lo hace. ¿Me odia, me sigue amando o está muy al pedo? No lo sé, nunca me da tiempo a preguntarle por qué larga esa frase. Un día atiende una novia y le a mi chica: "hola, ¿está el hijo de puta?". Daiana no entendía nada, y me pregunta quién es y le cuento. A los tres meses llama de vuelta y atiende Day: "hola, ¿estaba el hijo de puta?" Bueno, parece que esto va a durar hasta mi muerte.
Hoy a la mañana hablando con el tachero: "todo mal muchacho", me dice el gordo que maneja el tacho. "Y sí, Macri está matando a todos". Y el tachero mirándome por el espejito me dice: "parece que vuelve la Yegua". Me pongo alegre y le digo: "vamos a volver a ser felices". Y el tachero me dice: "son todos iguales, unos chorros". Odio tomar taxis, siempre me amargan la mañana.
Ayer hablaba con un abogado amigo: "nos odian", "¿a quiénes?", "a nosotros", "quién nos odia", "todo el mundo". Mi amigo es un tipo muy inteligente. Y me alegró la mañana. Es bueno que te odien todos. Eso demuestra que estamos en el buen camino.
Bueno, ya es mi turno. Mi médico siempre alegre me hablará de sus viajes a Europa y yo disfrutaré de la foto de su hija colgada en la pared de su consultorio.
Fabián Ariel Gemelotti
Posdata: todavía no voy a morir, mi corazón está perfecto. Algo de presión alta, el estrés cotidiano, y laboral. Mi médico me dijo: "hágase un buen desayuno y listo". Y me dio la mano. Yo me voy pensando en dos chicas que tengo en la cabeza y en ir al río a nadar a la tarde. Me siento en un bar a tomar un buen desayuno. Y pido huevos revueltos y exprimido y café liviano con leche. Y mientras espero se sienta una cuarentona en la mesa de adelante y veo su espalda toda tatuada y su piel tostada. Y la cuarentona empieza a mandar mensajes por su celular. Cogoteo la cabeza y veo lo que escribe: "mi esposo hoy trabaja todo el día, a la tarde podemos ir a un telo". Llega mi desayuno y lo consumo con mucho hambre. Pago mi cuenta de $180 y me levanto. Me entra la curiosidad y trato de ver el rostro de la cuarentona. "Mierda", me digo en voz baja: "es la esposa de un amigo". Y es verdad mi amigo trabaja todo el día para pagar ese tostado en la piel de su esposa y sus tatuajes apendejados.
F.A.G.
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