domingo, 17 de febrero de 2019

La mierda

LA MIERDA

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

En 2016 publiqué un libro que quiero mucho: La puerta de entrada al Infierno (un ensayo que se divide en seis capítulos: figuritas de fútbol; conservación museológica; un estudio sobre medios de comunicación y Literatura; figuritas y peronismo; cine de acción norteamericano; y una historia de la humanidad vista desde la mierda). El libro fue prologado por Fernando Marquinez y Raúl Carreras. Y editado por Ediciones Mundo Espacial. De ese libro lo que más me gusta es el capítulo sobre la mierda. A muchos no les gustó, y prefieren el estudio sobre medios de comunicación o el de figuritas de fútbol. Pero yo prefiero el de la mierda. La mierda siempre fue un tema que me gustó, porque nacemos de la mierda y morimos en la mierda. Y sobre todo, porque cagar es un placer escatológico cercano al goce sexual.
En 1978 Dominique Laporte (1949/1984) publica un libro fundamental para los que amamos lo escatológico y la literatura maldita: Historia de la mierda. Este libro aborda el tema desde el Psicoanálisis, y tomando conceptos de Nietzsche, de Foucault y de Bataille. El libro es muy entretenido y tiene mucha información sobre las diferentes formas de cagar a lo largo de la Historia. Aborda la Revolución francesa y el industrialismo y nos mete en el capitalismo, pero desde la mierda, no desde lo económico; pero queda bien claro que lo económico está determinado por la mierda. Es un libro que lo leí dos veces, y muy raro de conseguir. No se editó más, y como Dios, patria y Coca Cola (otro libro muy bueno y rareza sobre la Historia de las gaseosas), solamente se consigue en librerías de viejo. Hay libros raros, y esos libros rarezas son los que me interesan sobre los otros libros simples. Libros difíciles de conseguir, porque no se editaron más o porque no se leen o porque simplemente pasaron al olvido. Tengo un libro en mi biblioteca edición del autor sobre prostitución, libro del año 1920, muy raro porque tiene un vocabulario muy loco para la época. Muy loco, porque está escrito en primera persona por una prostituta de París y habla de cocaína y marihuana libremente. Ese libro lo conseguí en Estados Unidos hace veinte años. Hay libros que fueron conflictivos en su época, y con el pasar del tiempo quedaron como rarezas y malditos. A esos libros los amo. Quizás fueron fracasos editoriales o fueron censurados, pero el paso del tiempo los asentaron y lo transformaron en grandes obras. Eso pasa con Historia de la mierda. Durante la Dictadura no se conseguía, y fue parte de la lista de libros prohibidos.
Mi capítulo sobre la mierda de mi libro La puerta de entrada al Infierno es histórico, pero me quedé con las ganas de hablar de la mierda desde el simple acto de cagar sin hablar de Historia. Y a eso voy en este pequeño ensayo que estás leyendo ahora. Empecemos.
Cagar es muy placentero. Todos cagamos. Se caga siempre con olor, porque quien dice que caga sin olor es porque miente. Hay diferentes formas de la cagada. Hay soretes duros y mierda blanda, esa mierda de color bien marrón que se expande en el inodoro y lo mancha todo. Hay soretitos tipo balitas y finitos y otros gruesos. Los soretes balitas redonditos son complicados, porque muchas veces cuestan ser largados. Se atoran en el agujero del culo y hay que hacer mucha fuerza para largarlos. Después tenemos los soretes gruesos, que muchas veces no salen rápido y quedan a mitad de camino, mitad adentro del ojete y mitad afuera. Hay que hacer una fuerza descomunal, y a veces es necesario ayudar con el dedo y romperlos metiendo el dedito en el culo. Y cuando salen finalmente se siente un alivio único, cercano al placer de un orgasmo. Los soretes finitos y largos son interesantes, porque a veces son artísticos. Uno los mira y ve una cosa muy larga y finita: es un sorete tipo víbora. Después tenemos los de explosiones, esa caca que te agarra ganas locas y salís corriendo y cuando te sentás explota el culo de una forma que se expande la mierda para todos lados. A veces ensucia hasta la tapa del inodoro, o sale un poquito afuera. Pero lo más detestable son los pedos líquidos, esos que cuando te los tiras vienen acompañados de caca líquida que mancha los calzones. Uno a veces camina incómodo, porque sabe que va cagado. El sexo tiene mierda también. A todos alguna vez nos han cagado la pija, uno adentro de su amante en la zona anal y de repente siente mierda en la cabeza del pene o ese grito de la novia: "sacala que me cago". Uno la saca y ve mierda en la japi. O logra sacarla a tiempo y tu novia o amante chorrea mierda por las nalgas y mancha las sábanas. Es un cago erótico. Los cagos abajo del agua son románticos, porque el agua muchas veces hace cagar. Y es un cago casi sin olor. El cago en la pileta, en el río, o el cago en la bañadera. Las mujeres cagan lindo, cagan y disfrutan. Pero no hablan de cago. Pero son cagones en potencia. Los guisados, el poroto y la carne de puchero hacen cagos muy olorosos. El asado hace cagar mucho. El chimichurri del choripán hace cagar de lo lindo. Uno cuando llega de la cancha lo primero que busca es el baño, una buena cagada es sacarse el cansancio de la tribuna.
Podría hablar mucho más sobre la mierda. Pero me estoy cagando, y cagar es más placentero que escribir.

Fabián Ariel Gemelotti
(Domingo 17 de febrero de 2019, dos Y cuarenta de la tarde)

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