El largo camino de los demonios de la escritura (Por: Fabián Ariel Gemelotti)
Escribir mata y mata poco a poco, no mata de golpe como mataría un puñal. Escribir es sacar los demonios que uno tiene y jugar con las contradicciones de uno. Uno escribe y escribe y vacía toda la mierda que adentro de uno fluye desesperada para calmar la sed interior de ansias de escribir. La mierda sale y chorrea en el lector.
Sin contradicciones no habría Literatura; la Literatura es un juego de demonios, de tinieblas y obscuridad. El día se hace noche en las palabras que uno vuelca en el papel. El papel es el depositario de la angustia del escritor. Sin angustia y sin desesperación no habría palabras para armar un texto. El texto nace en el pensamiento y ese pensamiento se hace carne al ser volcado con la tinta demoníaca que manchará la hoja en blanco. Es desesperante escribir. Es desesperante cuando la frase no sale y cuando sale si sale débil es más desesperante.
El sexo ayuda a escribir, porque el sexo es el condimento de mi escritura. Amo la Literatura autobiográfica.Toda literatura es autobiográfica.Todos escribimos porque somos insoportablemente egoístas y pensamos en nosotros mismos. Nadie escribe para salvar al mundo o para crear conciencia en el lector sobre un tema. Se escribe por odio, por sexo, por tristeza o simplemente por egoísmo y desesperación.
Hoy pensé todo el día en dos mujeres. Pensé en la ternura de una y en el intelecto de otra. Pensé en el sexo de una e imaginé el sexo de otra. Hoy pensé en el cabello rubio y los ojos negros de una. Y pensé en el cabello rubio y los ojos... de otra. Me siento raro, estoy agonizando. Quisiera gritar mi deseo hacia una. Y quisiera gritar mis ganas de olvidar a otra. Hoy pensé, pero también comí pasta en un bar y vi la cintura de la moza y su sonrisa fresca mirando mi libro al lado del plato de tallarines. Hoy compré un libro. Hoy fui al cine con mi padre. Me gusta ir al cine con papá, él me inculcó el amor al cine. Ahora es grande y lo llevo al cine dos veces al mes. Le gusta, como a mí, el cine Norteamericano. Vimos Misión Imposible. Y me dice padre: "no hay como el cine Norteamericano". Eso siempre lo pensé y he escrito muchísimo sobre el tema. Hoy pensé que toda ni familia es cinéfila. Mi madre me inculcó el amor al cine de terror. Mi hermano mira mucho cine. El Maxi es cinéfilo desde chiquito. Sebastián ama el cine. Pero me sorprende Agustín que con cuatro años mira cine de terror. Le gusta El exorcista, y no se asusta. Se sienta frente al televisor como un adulto y comenta las películas: "la cabeza gira y ahí sale el demonio" "el cura ese sufre" "me gusta la película, ¿y a vos". ¿Qué le puedo contestar? Le digo que es un clásico y le explico y me dice: "¿entonces dentro de muchos años Batman va a ser un clásico?" Me deja sin palabras, y trato de explicarle que Batman ya es un clásico. Y le gusta mirar libros de Historia. Ya sabe quién fue Napoleón y San Martín. Y sabe de Evita y de Kristina. Y hace la V Peronista. Es un monstruo. Todos tenemos demonios. A los chicos no hay que hablarles como a chicos. Los chicos son más inteligentes que uno muchas veces.
Siento a los demonios de mi escritura fluir.
Siento que mi escritura agoniza cuando no es leída.
Siento que ya no siento nada por esa mujer.
Siento que un nuevo amor puede nacer en mi vida. Pero también siento que no sé expresar mi amor y lo siento en mis demonios interiores.
Tengo miedo.
Fabián Ariel Gemelotti
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