domingo, 5 de agosto de 2018

La pobreza que supimos conseguir

LA POBREZA SE TAPA CON INDIFERENCIA (POR: FABIÁN ARIEL GEMELOTTI)

Macri ha llevado a la Argentina a una pobreza estructural única en su Historia. Pero hay contradicciones en esa pobreza. Camino por Rosario y veo indiferencia. Leo La Capital y veo un mundo feliz. La pobreza siempre fue tapada en la ciudad. Se tapa con la mirada del olvido y la angustia por no decir que somos pobres. Veo los bares repletos, a la gente reír y saborear la comida abundante. Veo a chicos mendigar, entrar a los bares a pedir una moneda o a vender pañuelitos y a la gente veo fastidiarse por los chicos pobres. La pobreza le molesta a la gente. Siempre le molestó a la gente la pobreza. Estoy sentado en el bar del Monumental y veo a gente pobre esperando ver una película. Veo el pochoclo en manos de obreros y la Coca Cola tomada por niños de clase media baja y a sus padres desempleados o empleados precarios esperando un poco de diversión. Salgo del bar, y camino por la Peatonal. Veo rostros felices, sonrisas e indiferencia hacia dos mujeres peladas de cáncer mendigando tiradas en el suelo con niños en los brazos mendigando una monedita. Llego a calle Sarmiento y doblo y camino hacia Santa Fe. Cruzó la calle y veo al bar El Cairo, y sus precios muy caros. Veo al bar repleto. Veo por los ventanales, y adentro gente sonriendo y charlando y hablando de la pobreza. Veo mucha indiferencia. Veo la hipocresía de Rosario en ese bar. ¡Bar hipócrita!!!!
Camino por Berazategui en Buenos Aires y veo mucha pobreza. Veo gente hambrienta. Veo también la indiferencia. Veo al Gran Buenos Aires sumido en el hambre.
Camino por calle Corrientes en Capital y veo miles de negocios que cierran sus persianas por no poder pagar impuestos y alquileres impagables
Estoy en Rosario y veo en Avenida Oroño
gente en coches caros, cuatro por cuatro, vidrios polarizados. Veo indiferencia hacia el hambre.
Veo un mundo feliz en rostros de clase media acomodada.
Veo gente durmiendo en la calle y a perros morder un hueso y a mendigos revolver contenedores.
Veo rostros felices entre colegas. Veo un mundo de mediocridad en mi lugar de trabajo. El tema siempre el mismo, "¿te fuiste a Europa?" "¿cambiaste el auto?" "los cuadernos y a todos los K los vamos a meter presos". Vivo rodeado de rostros felices, indiferentes a los pobres, indiferentes a la política. Es mi laburo. Yo lo elegí. Amo mi trabajo. Me duele tanta indiferencia y tanta mediocridad en ese lugar.
Estoy en mi casa. Leo y leo. Escribo mucho. Acomodo mis cosas. Pienso en mi vida. Apago la luz. Prendo la luz.
Miro mi celular y veo un corazón que late. No entiendo nada. No sé qué quisieron decirme.
Mi gato está recostado sobre mi almohada y mi perro me mira con amor.
Me siento triste. No tengo ganas de salir. Quiero leer todo el domingo.
Soy feliz leyendo.
Apago el celular. Me desconecto por todo el domingo. Leo, estudio. Leo por pasión, y a su vez estudio.
Me duele tanta ignorancia y tanta indiferencia de la gente hacia lo que pasa en el país.
La pobreza avanza y en unos meses nos va a alcanzar a todos. Mientras tanto los bares de calle Pellegrini están repletos y las sonrisas de la mediocridad abundan.
La Alemania Nazi fue igual antes del desastre del pueblo Alemán.

Fabián Ariel Gemelotti
(Domingo 5 de agosto de 2018)

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