lunes, 30 de julio de 2018

Garchar con na pendeja

¿POR QUÉ ES MAS PLACENTERO GARCHAR CON UNA PENDEJA QUE CON UNA VIEJA? (POR: Fabián Ariel Gemelotti)

Muchos se garchan a una vieja, y sufren por amor. Garchar con una vieja aburre el espíritu, y te marchita el ánimo. Las pendejas son tiernas, y esa ternura te emociona y te hace caminar por el fuego sin quemarte. El fuego que despierta la carne joven es un fuego que quema y da placer ese fuego, porque ese fuego ilumina tu piel y eleva tus ganas de vivir.
La piel de una mujer joven y bella es santificación de tu carne. La carne del hombre necesita carne fresca, porque se mastica mejor que vaca vieja.
Cuerpos putrefactos en espíritus de olores. Carne derretida como crema pasada y podrida. Mujeres grandes no caben en tu espíritu. Es perder el tiempo y la vida es una sola. Mujeres de cuerpos engordecidos, panzonas, peludas y de pelos teñidos, y de alientos a mortadela; esas viejas ya quemadas no producen placer. El único placer lo da la carne joven.
Una teta firme, suave y natural es mucho más gozosa que una teta operada, dura como piedra vieja, y arrugada en su dureza. Pies con uñas pintadas y callos de gallina vieja; piernas marchitadas y huesos dolorosos. La sonrisa de las viejas son sonrisas de dientes manchados, y bocas arrugadas. Arrugas de gallo. El gallo canta la canción de la agonía.
Sentir al despertar la caricia de la juventud, y darse vuelta en la cama y ver un rostro fresco, y deseoso de aprender de tu sexo y sentir su lengua saborear tu piel y sentir la suavidad de su entrepierna en tu lengua, te da un humor que no te lo da despertar y sentir el aliento duro en la nuca y darse vuelta y ver dientes manchados y cara arrugada y mirar para abajo y ver una entrepierna de vagina vieja y arrugada.
La mujer joven te pone al palo. Te da ganas de salir a caminar y mostrarla al mundo, porque la juventud de una mujer es algo único. La edad ideal de una mujer es de los 19 a 23 años, después empiezan a envejecer y a marchitarse esa juventud inocente y tierna. Después de los treinta años empieza la amargura femenina. Empiezan las tetas a caerse.  Y cuando se cae una teta necesita ser operada. Las tetas operadas, no naturales, producen náuseas.
Y me cancé de escribir, y debo enviarle un mensaje de texto a mi pendeja favorita.

Fabián Ariel Gemelotti.

viernes, 27 de julio de 2018

Volvieron las botas, las bolsitas. Todos forros

VOLVIERON LAS BOTAS Y LAS BOLSITAS. TODO POR LOS FORROS (FABIÁN Ariel Gemelotti )

En los ochenta las revistas pornos ( o desnudos: Libre; El Destape; Satiricón, etc) se vendían en los quioscos con una bolsita roja. Al inicio de la democracia en 1983 costó horrores barrer la represión sexual en la sociedad por parte de la dictadura. Durante el proceso la censura, la tijera de Tato, prohibió miles de filmes. Tiempos en que para ver una teta había que irse a Montevideo o a Europa o  Estados Unidos. La sociedad no solamente vivió la represión física (el genocidio más atroz de nuestra Historia) sino que vivió una represión mental: literatura y cine sufrieron la mayor represión. La lista de libros prohibidos se puede leer por internet, hay que tomarse el tiempo y se encuentra. No es fácil, no todo está subido a la red. En internet hay censura y muchísima, más de lo que la gente sabe y piensa. En cine se cortaba todo. Una teta era algo pecaminoso, una verga peor, y una buena mamada de pija era un escándalo. Así como en el excelente filme Cinema Paradise se cortaban besos y tetas, durante la Dictadura se cortaba "lo incorrecto". El sexo siempre fue molesto para el poder. Se ha matado escritores por escribir novelas o cuentos o poesía erótica o porno. El sexo para el poder es más peligroso que la política. La dictadura hizo estragos en el pensamiento argentino. Modeló una clase media servil al poder, una clase media botonaza y pelotuda. Con los militares nace la clase media gorila Argentina.
El gorila modela pensamientos, porque el gorila es conservador y puritano. El gorila está en contra del aborto, de los derechos de la mujer y del matrimonio igualitario. El gorila ve al preservativo y a las pastillas anticonceptivas como pecaminoso. El gorila ve al sexo anal como un obscuro deseo que hay que reprimir. El orto, la mierda pegada en la verga y la leche derramada cayendo por el agujero negro y manchando las nalgas es pecado para el gorila. El gorila está ligado a la Iglesia. La Iglesia fue parte de la dictadura, y su peso fue muy grande. Iglesia, militares y empresariado nacional y los medios masivos fueron los golpistas del 76. El golpe de estado tuvo consenso civil, por eso la desaparición de personas y la censura no tuvo oposición de la población. Los medios y la Iglesia hicieron muy bien su lavado de conciencias.
En 1983 cuando vuelve la democracia la sociedad no se libera como ocurre  en España después del franquismo, porque el radicalismo en muchas cosas cometió errores garrafales en materia liberación. La revista Libre saca tetas y mujeres desnudas mostrando conchas y vergas. Pero la verga y la concha peluda ( las mujeres no se afeitaban en los ochenta, la afeitada es algo que surge a fines de los noventa ) molestaba. La Liga de la Decencia y el Opus Dei ( organizaciones fascistas, sectas genocidas dentro de la Iglesia Católica Apostólica Romana ) pesaban mucho, porque fueron parte de la dictadura. Los carapintadas, la obediencia debida y el debilitamiento económico fueron errores que Alfonsín pagó muy caro. Así cae el primer gobierno democrático después de la dictadura y posibilita que Menem gane las elecciones en 1989. Se instaura el neoliberalismo con todas sus letras, y los procesos neoliberales que surgen con la dictadura, adquieren forma y sustento filosófico y de clase con Menem.
El sexo es una cuestión de clase, como lo es la educación y la vida familiar. Sexo no puede ir a un costado de los procesos economicos. El sexo corre por el mismo camino que la economía. El capitalismo se asienta como sistema del orden gracias a los valores sexuales que se empiezan a modelar con la sociedad industrial.
La sociedad con Cambiemos vuelve a las botas y a la moral católica. El sector más fascistas del catolicismo tiene peso en Cambiemos. Cambiemos no viene solamente por nuestro salario, viene para modelar nuestros deseos, nuestras pulsiones y nuestra libertad en todos los órdenes de nuestra individualidad. Cambiemos es fascismo puro, un fascismo agiornado y modernizado que surge con el neoliberalismo. La Argentina desde 2015 está viviendo una pesadilla, pesadilla que poco a poco se va transformando y tomando forma de horror y genocidio.
Volvieron las botas, volvió la censura y volvió la persecusión ideológica. Dios, Iglesia y Patria Financiera son los nombres del nuevo orden del pensamiento Argentino.

Fabián Ariel Gemelotti

jueves, 26 de julio de 2018

Último tango

ÚlTIMO TANGO EN PARÍS Y LA VIOLENCIA SEXUAL COMO GOCE (POR: FABIÁN ARIEL GEMELOTT

El cine Italiano ha dado las mejores películas eróticas de todos los tiempos. Y ese erotismo ha derrapado en sadismo, pornografía y violencia. Una violencia sexual que es muy gore y ha hecho escuela. Tiziano Longo es quizás el cineasta que ha llevado el sexo vulgar y sádico a su máxima expresión. Ya he hablado de él, y ahora le toca el turno a otro grande del cine europeo: Bernardo Bertolucci. El director italiano en 1972 filma: Último tango en París; un filme polémico y cargado de una sexualidad edípica y sádica. Elige para los papeles principales a Marlon Brando y a María Schneider. Es una historia violenta, y tiene una escena que ha marcado al cine: casi cinco minutos dura la escena de la manteca. Marlon Brando haciéndole sexo anal a la joven de 19 años María Schneider. Es una escena muy cargada, casi una violación, y donde Brando, un viudo pisando los cincuenta años, le llena el ano a la joven con manteca y se la coge y la chica llora. ¿Llora de goce?; el espectador puede hacer su propia lectura, si en esa violencia sexual hay goce o hay violación. Las lágrimas de la joven mientras Marlon Brando la penetra y la coge son lo que le dan condimento al filme, y lo hacen filme de culto. Después vendrán las polémicas, los arrepentimientos y los odios encontrados. El cine nace polémico y sexual. Nace como goce. Y después viene la diversión. El filme tiene muchas cosas que en estos tiempos levantarían el odio de cierto feminismo puritano de izquierda y de organizaciones de defensa de la mujer. El arte es otra cosa, pisa los límites del goce y el arte es locura sobre todas las cosas. No hay arte si no hay transgresión. Y el cine eso lo lleva en sus entrañas; por eso el cine es transgresor. Literatura y cine transgreden y juegan con los límites de la provocación. Nabokov en Lolita juega con la seducción de una adolescente casi niña hacia su padrastro. Y ese juego erótico es un recurso del autor para transgredir normas establecidas en la sociedad capitalista. Tinto Bras en Calígula pone en imágenes el discurso del incesto. Y ese discurso es molesto para la sociedad. Y Pasolini muestra al fascismo a través de la mierda y la violación. Pero después se redime en El Evangelio según San Mateo. De la transgresión al arrepentimiento siempre hay un paso, por no decir que todo artista es obligado por las normas sociales a arrepentirse de sus toques morbosos y alocados. Así funcionan las sociedades. Así funciona la vida. Y esto va más allá de ideologías políticas. Las sociedades en ciertas cosas de la vida funcionan de la misma manera en el capitalismo como en sociedades Socialistas o anarquistas. El artista está sobre toda ideología social; siempre busca transgredir el orden que establecen las ideologías. De eso se trata la literatura, de eso hablamos cuando hablamos de cine.
Y volvamos al filme de Bertolucci. El filme carga con dos cuestiones muy chocantes. La primera y fundamental es el sexo anal a una joven por parte de un hombre grande. La chica y el hombre se encuentran casualmente en un departamento en alquiler. Y surge una atracción sexual espontánea, y tienen sexo ahí mismo, en ese primer día que se conocen. Y quedan de acuerdo en encontrarse cada tanto nada más que para coger. Ella tiene novio, un cineasta muy intelectual. Ella siente una atracción por Brandon edípica y él ejerce una violencia verbal hacia ella muy marcada. Esa violencia es para someterla a su dominio masculino. Hay un orden de la masculinidad que se hace evidente en el filme en su lenguaje violento. Y hay un sometimiento de lo femenino. Bertolucci a mi entender quiere marcar que el sexo está marcado por pautas sociales, donde el goce se da cuando hay violencia del hombre hacia la mujer. El macho penetra, y la mujer sufre y ahí se da el goce, en ese sufrimiento y esas lágrimas derramadas por la joven.
Lacan decía: " para gozar hay que gozar de a dos". En este filme el goce sexual es de a dos, pero uno goza sometiendo y otro goza sufriendo. Las lágrimas, y no quiero ser reiterativo, son fundamentales en el filme. La chica llora y en ese llanto está el llanto de toda su vida de sometimiento. Hay un toque feminista en el discurso de Bertolucci.
Y la segunda cuestión es la de la muerte. Marlon Brando venera a su esposa muerta. Es a ella a quien ama, no a la joven. La pérdida de su esposa le hace derramar lágrimas frente a su mujer muerta. Es muy morboso ver a Brandon bajando al sótano para ver el cajón de su esposa embalsamada y llorar frente a ella. Siente culpa del goce sexual. La culpa está presente en el filme.
Freud dice: "el sexo está cargado de culpa". Y si el sexo es culpa, el goce redime de la culpa pero a su vez cuando se termina el goce, vuelve la culpa. Sin culpa no puede haber goce, se podría decir. En esa culpa de los dos personajes del filme se redimen las imágenes en un goce para aplacar las cargas emocionales. El llanto de la chica al ser penetrada y el llanto de él al sentir pena por la esposa muerta, se liberan en el acto sexual transgresor. En ese acto de puro goce sexual está la liberación a las cargas emocionales y sociales de ambos.
Bertolucci hace una crítica del puritanismo de izquierda en este filme y pone a la pulsión sexual sobre toda ideología. El filme es revolucionario en ese aspecto, porque el novio izquierdista de la chica no puede satisfacer sus deseos pulsionales que sí puede satisfacer Marlon Brando en ese sexo salvaje y desprovisto de normas sociales. En la transgresión generacional se da el goce pleno. A eso apunta el filme.
El filme deja cosas fuera del filme, polémicas y odios encontrados. La escena de la manteca no figuraba en el guión y fue improvisada. La actriz nunca más se habló con el director, pero sí mantuvo una amistad con Marlon Brando. Esas cuestiones le dieron condimento de culto a la película.
Se habló de escena de sexo forzado. Bertolucci lo desmiente. María Schneider dijo en una entrevista: "fui engañada y sometida". Después de este filme hizo varias películas más, entre esas "Memorias de una puta francesa". Este filme tiene mucho sexo pero no transgrede normas.
El cine siempre estará rodeado de esa cosa maldita que lo hace ser un arte maldito. Sin condimentos ninguna comida es sabrosa.
El guión de Último tango en París es de Betolucci y de Franco Arcacci. Gato Barbieri hace la música. El Rosarino hincha fanático de Newell's le pone el toque mágico que hará de esa música el sello indiscutible e inolvidable del filme de Bertolucci. La película es producida por: Produzione Europee Associate, y Les Productions Artistes Associes. Distribuida por: United Artista. Es una producción en conjunto entre Italia y Francia. LA DURACIÓN ES DE 129 MINUTOS.

Fabián Ariel Gemelotti

domingo, 22 de julio de 2018

Los forros que manejan autos en Rosario (Por: Fabián Ariel Gemelotti)

LOS FORROS QUE MANEJAN AUTOS EN ROSARIO (POR: FABIÁN ARIEL GEMELOTTI)

EL Rosarino es muy forro y garca, eso lo sabemos. Pero los más forros e insoportables de todos son los que manejan autos, esos son unos reverendo hijos de putas. Pero hay escalas sociales en el manejador de autos. Los más hijos de putas son los que manejan autos caros. No sé nada de autos. Odio los autos. Siempre tuve motos. Manejo motos y camino mucho también. Todo tipo de motos he tenido, desde las más pedorras a las mejores y deportivas. Como decía, el conductor de autos caros es un pelotudo. Generalmente los que manejan con vidrios polarizados y en cuatro por cuatro o esas camionetas que cuestan fortunas son prepotentes, te tiran el auto encima cuando vas con la moto, y si vas caminando y cruzas la calle te tocan bocina, porque piensan que son superior a vos y quieren pasar primero. Hoy domingo 22 de julio(hace media hora), iba caminando tranquilo a la casa de mis padres a comer y al cruzar una calle un auto cuatro por cuatro se me viene encima. Me paré en seco. Y le digo al conductor: "no ves que estoy pasando yo. Tenés que respetar al peatón, porque el que camina tiene prioridad antes que el auto". Y sigo caminando. Y el tipo se baja del auto y me insulta. Y no hago caso, pero me paro y me doy vuelta. El tipo se me viene encima. Pero la hija le grita que se pare, y me quedo mirándola ( la hija cara de chupa verga y pedante ). Seguramente me hubiese cagado a trompadas porque era de casi dos metros. Y hace años que no me agarro a trompadas. Y he perdido práctica en la lucha callejera. Soy cinturón negro, pero lo obtuve a los 18 años, y nunca más practiqué artes marciales. Si bien hago gimnasia, y me cuido y soy fuete, he perdido esa impronta de pelear mano a mano. Pero me fui de tema. Los forros que manejan autos caros piensan que son poderosos. El dinero da poder, y el poder hace que una persona se sienta superior al otro. La calle en Rosario es una selva. Uno está cada momento en riesgo de ser atropellado, o que te caguen de un tiro en la cabeza. Caminar por Rosario es un riesgo constante, uno camina y cruza la calle arriesgando la vida. El conductor de autos vive agrediendo. Y más si maneja un auto de miles de dólares, te mata y te caga la vida. Un anciano para cruzar una calle debe esperar que el puto manejador de autos cruce bien, no cruce en rojo o en amarillo, y que no bombardee con la puta bocina. ¿Y las alarmas? Esa es otra mierda, suena y suena y molesta a la siesta, a la mañana y a la noche. Hay un filme norteamericano que habla del tema. Pero no tengo ganas ahora de hablar de cine.
Después en la escala social tenemos a " los muertos de hambre" que compraron el auto cero kilómetro cuando lograron hacer unos mangos. Esa gente es quizás peor, porque de la pobreza y el desempleo se vieron encima de un auto caro; gente sin educación, de trabajos muy precarios y prepotentes. Esa gente prefiere invertir en autos en vez de una dentadura. Tienen dientes podridos, mal cuidados. El morocho típico cabeza negra culo roto y agrandado que votó a Macri porque pensaba que iba a hacerse rico. Los noventa crearon una nueva clase social: los negros antiperonistas. El negro salvaje, pedante y sorete que hizo dos mangos y se compró el taxi o el cero kilómetro; o se fue a París a hacer rostro. O sea, el negro careta culo roto. Ese negro careta representa el 40% del voto macrista, más el 20% de la oligarquía. Es la nueva clase media Argentina: una mezcla de tilingo grasa y sucio y desclasado. Algunos me dirán que el Kirchnerismo fue culpable. En parte sí y en parte no. Se dio mucho porque el país estaba destrozado y había que dar para paliar la pobreza estructural. Pero ese tema es un tema para otro escrito. La nueva clase media que se forma es nefasta manejando. La cumbia, o la música de mierda romántica y los anteojos negros son su impronta. Recomiendo algún día caminar por  Barrio las Flores, está lleno de autos caros y negros pedantes. Y Alberdi, Zona Sur y Zona Oeste. Todo una mierda pedante.
Pero hoy mi bronca fue con un garca blanquito, viejo puto, con la hija cara de chupa verga mirando desde la ventanilla. Esa gente es la mierda total: familieros, cornudos, bien pagos ñoquis del Socialismo generalmente, y educados. Es el contraste del negro culo roto de la nueva clase media con la vieja clase media blanquita. Las dos son mierda. Y esa mierda en una ciudad de forros como Rosario hace explosión y se transforma en una gran mierda blanda de diarrea que salpica para todos lados.
Me cansé, no vale la pena calentarse por los soretes de mierda de esta ciudad de mierda.

Fabián Ariel Gemelotti

lunes, 16 de julio de 2018

Bananita dolca

DE LA BANANITA DOLCA A LOS TAZOS (POR: FABIÁN ARIEL GEMELOTTI)

La BANANITA DOLCA es lo más sabroso que hemos comido. La BANANITA de chocolate que venían chicas y grandes. Era dura o blanda, según el hambre que uno tenía. No era ni cara ni barata. Moneda nacional de ese tiempo. También estaban los alfajores Tatin y las masitas Manón. Y el chupetín Topolino. Era un sobre tipo figurita y adentro venía un chupetín con un muñequito de plástico. Larguirucho era el más difícil. El Topolino era barato. Y era correr al kiosko para sacar el muñequito y saborear el chupetín. Los Angelitos, eran una cajita con un chocolate merengado adentro. No venían sorpresas, pero eran populares en el barrio. Había Angelitos negros y blancos. Yo elegía el negro, porque era transgredir las normas de la fe familiar católica.
Pero lo que más amábamos eran las figuritas. Las chapitas te lastimaban, te hacían tajos en la mano y se oxidaban. Eran hermosas, y uno prefería las que venían jugadores de fútbol. Los chapines del 76 eran tipo los tazos de los 90, fabricadas en Rosario. ¡Las redonditas de cartón!!! Eran para jugar al chupi y a la arrimadita. El album nunca se llenaba y si se llenaba era canjeado por una pelota número cinco. El campito era la cancha. Ahí el desafío era por la Coca y los alfajores. La camiseta de Newell's no era cosa común en esos tiempos. Casi todos los pibes eran de Central. Yo me ponía la Rojinegra y me metía en el picado. Como era bastante bueno, me respetaban cuando se armaban equipos en el barrio.
Integré planteles gloriosos. Carmona, los hermanos Danieli, el arquero de Central Bonano fueron mis compañeros de equipo. Todos mis amigos de Central, y yo fanático de Newell's. La Lepra no tenía la cantidad de hinchas de ahora. Uno veía un carro y arriba un gorro de Central. El pobre era de Central. La clase media, a la cual pertenecía yo, era de Newell's o de River. En los noventa cambia todo. Por eso amo a Eduardo López, solamente lo puede entender alguien que se crió rodeado de canallas. Ahora uno ve que los pobres son de Newell's y la clase media acomodada de Central. Todo es distinto. Bielsa, los noventa y López le dieron otro perfil social a Newell's. Después podemos discutir otras cosas, pero esa es la verdad. Yo la viví y no me vengan con pavadas.
Las figuritas de Newell's eran mi desesperación. Un pibe del barrio tenía a Zanabria y a Santamaria y me faltaban. Lo fui a buscar. Llevé cien comunes para canjear. Me pidió cien por cada una. Le dije que no. Y le ofrecí cien por las dos. Me miró con lástima y me las dio. Y le di las cien comunes. Al llegar a casa me puse tan feliz que al otro día fui contento a la escuela a soportar a la vieja cascarrabias de la maestra.
Ser de Newell's no era fácil. Todos te cargaban. En la Dante había muchos de River y de Independiente. Y de Newell's éramos algunos, no pocos; en un colegio caro había mucha clase media y Newell's en esos tiempos era eso: clase media. En la cancha había pibes pobres de Newell's, eran la barra brava. Me gustaba mezclarme con ellos y sentir el olor a villa y colgar los trapos. En los noventa cuando Newell's se hace popular todo fue distinto; ir a Arroyito ya era imponer miedo con los rostros de los barras marihuaneros y con olor a vino barato. No sé si está bien o mal, no me hice ni me hago planteos morales. No sirven. El fútbol es otra cosa.
El Topolino, la BANANITA, el chicle con tatuaje, y las figus. ¿Y los soldaditos? Soy de la época de los soldaditos de plástico duro; y uno armaba ejércitos y peleaba las guerras. Uno miraba Combate y se volvía loco. Los alemanes eran los malos, y de adulto leyendo libros bélicos me di cuenta que en la guerra ningún soldado es malo: es soldado. Uno veía el Gran Chaparral y Bonanza y quería ser terrateniente. ¡Por Dios!!! Los indios eran los malos, y los vaqueros los buenos. Yo instintivamente quería ser indio. Y me gustaban los soldaditos de indios.
¿Y las guerras de piedras? Eran hermosas, formar ejércitos y cagarse a pedradas con otro barrio. Una vez llevamos la guerra a la escuela. Nuestro odio en primer año era contra el Superior de Comercio. En la Dante yo era el más pobre y me había criado en un barrio obrero. Mis compañeros eran pibes finos, y no sabían de gomeras ni de piedras. Entonces los entrené. Me convertí en General. Armé un ejército para pelearle al Superior. Nos citamos en el Parque Independencia. Yo fui con la camiseta de Newell's y un gorrito de lana negro y llevé las manoplas y la cadena de la bicicleta. Mis muchachos pelearon bien, pero nos ganaron. Me dejaron un ojo morado y me abrieron una herida en el costado de la frente. Todavía tengo la cicatriz. Cada tanto veo a algún compañero y recordamos esa pelea. Los del Superior nos odiaban. Los del Politécnico nos detestaban. Los del San José también nos buscaban para pelear. Éramos la Dante, el colegio fino de Rosario. Éramos un colegio donde todos leían literatura.
Los temerarios, el trompo y el yo yo de Coca Cola y de Fanta eran otras delicias.
De grande uno busca por internet o en las ferias esas cosas. Y cada tanto encuentro. Hace unos años compré un catálogo de figuritas, escrito por un historiador de la UBA y así pude ordenar mi pasado y armarme una colección interesante.
Y las botellas de vidrio y los tarros de dulce de leche. Los paquetes de cigarrillos. Y las revistas de Fitito y Condorito.
Y en los noventa vienen los tazos. Y en 2005 salen los tazos de chapa. El Maxi era chiquito y le compraba miles de paquetes de papas fritas. Y le abría los paquetes y me quedaba con los tazos. Un día se dio cuenta y se puso a llorar. Y mi madre me dijo cómo iba a hacer eso con el nene. ¡Pero esos tazos de chapa eran hermosos!
La BANANITA todavía se vende. Cuando estoy enamorado de una mujer le compro una BANANITA DOLCA. 
¡Aguanten las figus!!!!

Fabián Ariel Gemelotti

domingo, 15 de julio de 2018

El exorcista

THE EXORCIST (POR: FABIÁN ARIEL GEMELOTTI)

El cine de terror, junto a la ciencia ficción y al policial negro, logran plasmar lo que otros cines no logran: aterrorizar desde la ficción. El cine nace en los burdeles de París, no en los salones cultos como los manuales de cine populares y escolares narran. El cine nace al compás del comics y juntos recorren el siglo 20 y asientan los miedos y felicidades de la gente. Los primeros filmes fueron pornográficos, destinados a los obreros de fábricas de París. Y de ahí pasa a Estados Unidos. En Norteamérica el cine se hace popular y llega a todos los estratos sociales. Nace el cine de terror y el policial. Nacen las versiones de aventuras y Julio Verne es llevado a la pantalla grande. Hollywood es el gran sueño del capitalismo. Ahí nacen los grandes héroes. En 1938 nace Superman y un año después Batman. Nace la historieta de súper héroes. Nace DC y nace Marvel. Nace el Capitán América durante la Segunda Guerra Mundial y en los sesenta el Hombre Araña. El Pato Donald y Los Tres Chanchitos. El Mago de Oz y Blanca Nieves. El cine es la cultura Norteamericana en esencia.
Durante la Guerra de Vietnam se llevan a Saigón pantallas gigantes y se proyecta cine. La Guerra se pierde pero se gana en el cine: Pelotón; Nacido para matar; Nacido un 4 de julio; Apocalipsis ahora. El cine bélico es la esencia de Estados Unidos. Un gran país. Un país que camina de la mano de su industria cinematográfica. Un país que nace libre en 1776 y crece libre. Pero a su vez un país que coloniza y se hace imperialista.
Y solamente un país tan culto y con una industria tan desarrollada en cine podía dar un filme tan extraordinario y tan visual como "El exorcista". En 1973 William Friedkin filma su gran película. Elige para los papeles principales a la adolescente Linda Blair. Y a la consagrada actriz Ellen Burstyn. Y para el papel más obscuro y luminoso a Max Von Sydow. Y a Jason Miller como un sacerdote alcohólico y que ha perdido la fe en la Iglesia, ¿y en Dios?
La película empieza en una excavación arqueológica, donde el padre Lankester Merrín encuentra una estatua de Pazuzu, un demonio muy maligno. Uno ve a perros ladrando y el rostro del padre inteligente y cansado. Y la acción se traslada a la gran ciudad donde una actriz (Ellen Burstyn, una actuación consagratoria) vive con su hija adolescente (Linda Blair, inolvidable y genial). La chica empieza a comportarse en forma rara. Y la madre piensa que es una anomalía psicológica. Le hace estudios, y todos dan perfectos. Está sana. El espectador se tensiona en el cine. Hay miradas al compañero de butaca. El pochoclo se deja de comer. Y de pronto se escuchan ruidos en la casa. La madre sube al altillo y todos en el cine se tensionan más aún. Hay algo de miedo. La pajita de la Coca Cola es sorbida despacio. Vuelve el ruido y la chica en el cine Radar abraza al novio. No hay nada en el altillo.
Mientras tanto un cura alcohólico se plantea su fe. Va en el subte y ve algo borroso. El espectador empieza a sentir frío en el cuerpo. El miedo empieza a recorrer su cuerpo. Y de pronto la chica grita y la madre sube la escalera. Y abre la puerta del cuarto, y la cama se mueve y la chica también. Y el espectador sufre y le tiembla el cuerpo. Siente miedo. Y el muchacho aprovecha y besa a la novia. La novia lo rechaza y manotea el pochoclo. Y come con miedo. Hay miedo en los rostros del mirador de cine. Y la madre no sabe qué hacer. Y recurre al padre alcohólico y que perdió la fe. El padre fuma y toma mucho alcohol y ama el boxeo. Y sale a correr. Es un atleta y un psiquiatra. El espectador no entiende nada, su religiosidad entra en conflicto. El director lo sabe. Y por eso pone un padre edípico y alcohólico y deportista. La madre del cura se está muriendo. Muere. El padre sufre. Se siente culpable. El cura acude a la casa de la madre. La madre lo lleva a la habitación. La hija adolescente lo vomita. La madre le lava la camisa. El espectador está muy asustado. El cine está en silencio. Y el Diablo puede ingresar y sentarse al lado de tu butaca. Las ambulancias en la puerta del cine esperan a los primeros descompuestos. Tres espectadores en Argentina murieron en 1974 en salas cinematográficas viendo El exorcista. Ambulancias en las puertas de los cines fueron obligatorias. Muchos infartos. Se quiso prohibir el filme. No se logró. No estábamos acostumbrados a ese terror. El padre dice que no hay demonios. Pero duda. Grava voces. Y recurre a la jerarquía eclesiástica. Y se recurre al padre Merrín. Este ingresa a la casa y sube a la habitación y encuentra a la joven levitando y a la cama enloquecida. Hay vómitos y obscenidades. La chica insulta. Merrín sabe que el Pazuzu lo persigue y es a él a quien quiere. Se queda solo con la adolescente. El demonio es más fuerte que él. El padre muere. Y el cura sin fe lo encuentra muerto en la habitación. Y agarra a la chica y la golpea. Y la insulta. Y se ve la imagen de un demonio que se apodera del cuerpo del cura. Y ya el espectador se ha orinado encima y el pochoclo queda desparramado. Y la chica abrazada al novio. Y en el fondo un hombre infartado. Entran a la habitación y encuentran la ventana rota y al cura que se ha tirado y caído por las escaleras a la calle. Un suicidio. La chica se cura. El demonio se ha ido de su cuerpo.
La escena de la cabeza que gira es innovadora en cine. En esa escena se infartaron muchas personas. Era 1973/4 y nacía un nuevo cine de terror; ese terror que penetraba en el espectador. Después todos copiarían este filme. Candidata a diez premios Oscar y bien recibida por la crítica.
Estados Unidos es un país que sabe hacer cine. No hay otro cine que le haga sombra. Podríamos decir que el cine Alemán e Italiano logran esa conjunción espectador/actor. Pero no pueden superar al cine Norteamericano. Un país que es único en el mundo. Un país que ha dado la mejor historieta del mundo y la mejor literatura mundial es un país que merece el respecto en su cultura.
Apago la luz y voy a dormir. Escucho ruidos. Prendo la luz. Y veo una sombra al lado de mi cama. Tengo miedo. Apago la luz. Algo toca mis pies. Prendo la luz. Y veo a Pazuzu mirándome con ojos de muerte.

Fabián Ariel Gemelotti (lunes 16 de julio de 2018, Capital Federal)

sábado, 14 de julio de 2018

Usurpadores de cuerpos

INVASION OF THE BODY SNATCHERS

(Cine)

(POR: FABIÁN ARIEL GEMELOTTI)

"La invasión de los ladrones de cuerpos" es uno de los filmes de ciencia ficción y terror más alucinantes de los Estados Unidos. Hay varias remates, pero la original y la primer remake son las mejores. En 1956 Don Siegel filma la original, basada en la novela de Jack Finney. Actúan Kevin McCarthy y Dana Wynter. Y se desarrolla la acción en un pueblo chico de California. Un médico ve cambios en el comportamiento de sus pacientes y empieza a investigar. Unas vainas (especies de sandías gigantes) empiezan a reemplazar a los humanos. Toman el cuerpo de un humano y lo deshacen y las vainas adquieren forma humana idénticas al cuerpo tomado. Son los tiempos de la guerra fría y el odio al comunismo. El filme termina muy bien. Los humanos logran controlar a las vainas.
En los años 50 en Estados Unidos el cine "clase B" y "clase Z" logra plasmar un cine nuevo en Norteamérica; muy distinto al cine clásico y de altos presupuestos. Proliferan directores como Ed Wood y Jack Arnold que hacen películas de muy bajo presupuesto y en muy poco tiempo de filmación. Wood filma "Plan 9", película que se hizo en cuatro días. Tiene miles de errores de producción, actuaciones muy malas, pero el filme es de culto. Reivindicado en los 90 como innovador en el lenguaje y en la impronta individual de un director que con cien dólares hacía un filme. Robert Wise filma "El día que paralizaron la Tierra", filme que marcará una época. El extraterrestre protagonizado por Michael Rennie quedará como un ícono de ese cine clase B. Hay otros filmes muy importantes: "El último hombre sobre la Tierra", la adaptación de la novela "Soy leyenda" de Matheson. Tarántula es otro filme que marcará a los futuros directores. Y "The killer sthrews" otro gran filme. Mujeres bellas de cuerpos pulposos y de miradas inocentes son otra característica de estas películas. Randy Stuart y April Hyde conquistaron corazones y salieron desnudas en revistas de los cincuenta. Es un cine nuevo, que en su tiempo fue tomado por los críticos como malo. Y muchas películas fueron un fracaso comercial y de espectadores. Pero con los años se transformaron en un cine único.
En ese contexto cinematográfico filma Siegel su película en el 56. Es muy buena, en blanco y negro cuando el color empieza a imponerse en todas las producciones comerciales. El blanco y negro se siguió usando hasta los sesenta, era mucho más barato y mucho más estético y artístico. Pero el color era lo que pedía el gran público, y el cine es dinero. El espectador quiere diversión, no quiere arte. El arte es para el intelectual y el crítico de cine.
Pero la mejor de todas es la remake, que junto a Cara Cortada, las remakes superan a la original. En 1978 Philip Kaufman filma la remake del filme del 56 de Siegel. El protagonista es ese grande del cine que siempre hizo deleite en los amantes del buen cine: Donald Sutherland. La remake es más pretenciosa que la orinal. Si la original se queda en la pura ciencia ficción, la segunda va más allá. La de Kaufman indaga en la desconfianza que todos sentimos del vecino o el familiar. Rompe con los modelos tradicionales de relacionarse. Sutherland es un especialista en comportamientos humanos que descubre anomalías en San Francisco. La gente empieza a comportarse en forma rara. Las vainas reemplazan a los seres humanos. Una invasión alienígena está sustituyendo los cuerpos humanos y así exterminar a los terrícolas. Si en los cincuenta el miedo era el comunismo (todo venía del Planeta Rojo y los extraterrestres venían a apoderarse del mundo capitalista ), en los setenta el miedo era otro: el enemigo está frente a vos, a tu lado. Ya no se puede confiar en nadie. Cualquiera puede ser tu enemigo y el ojo del director apunta a esto. Las vainas cambian cuerpos, se apoderan de tu individualidad y la comunidad se uniforma donde "el distinto" pasa a ser el que descubre "el cambio". Ya Matheson había planteado este tema en "Soy leyenda" y "El hombre menguante". Sutherland es el distinto que no puede dormirse, porque el dormir lo haría perder la conciencia y así la vaina se apoderaría de su cuerpo. Tiene mucha acción el filme. San Francisco reemplaza al pueblo chico de la original. Una gran ciudad ahora es la protagonista. El "cambio" se da en una urbe capitalista y no en un pueblo agrario. Los transformados por las vainas pierden el lenguaje y gesticulan y no piensan. Se pierde la conciencia. ¿Una metáfora de los medios masivos? Carpenter en los ochenta retomará el tema en su cine, y especialmente en "They Live".
Es una lucha constante por no dormirse, esa lucha lo lleva al protagonista a vagar por la ciudad. No hay posibilidad de escape. El final es único y no hay esperanzas como en la versión original. ¿Acaso se ha perdido la esperanza en el mundo? El puerto de San Francisco con barcos transportando las vainas a todo el mundo es mostrar que el "mal" no se detiene. Todos vamos a ser transformados. Todos vamos a ser "cambiados" por las vainas. El mundo ha cambiado. Los extraterrestres están acá. Ya no hay salvación.
El cine de ciencia ficción siempre fue muy crítico de la sociedad. Y siempre fue tomado como algo superficial. ¿Acaso el espectador se durmió y la vaina mediática atrapó/ su pensamiento?
Suena la música de "cambio". ¿Tu cuerpo ya no es tu cuerpo? Fuiste cambiado por una vaina de "Cambiemos".
Y esto no es política. Esto es cine. Y el cine es más profundo que la política.

Fabián Ariel Gemelotti