viernes, 8 de marzo de 2019

Hay un solo camino

TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A KRISTINA

(POR: FABIÁN ARIEL GEMELOTTI)

La Argentina agoniza desde diciembre de 2015. Una agonía lenta y dolorosa que la está llevando a la muerte. Argentina está ya por expirar. Y cuando eso pase, Argentina puede explotar. Las explosiones de las sociedades civiles se pueden dar de muchas formas, pero todas conducen a la sangre. Cambiemos puso un arma sobre la cabeza de cada argentino y gatilló mil veces. La bala atravesó el cerebro y lo hirió de muerte y esa AGONÍA PREVIA a la muerte pronto terminará en muerte. La Argentina ya no es Argentina. Hemos dejado de ser un país libre y soberano. Ya no están garantizadas las libertades que nuestra Constitución les garantizan a sus ciudadanos. El Estado de Derecho se ha perdido. Macri ya no gobierna el país: el FMI es nuestro gobernante que toma las decisiones gubernamentales.
Tres años de macrismo han destruido todos los logros de los mejores 12 años de nuestra Historia. Tres años de macrismo han destruido la dignidad de un pueblo soberano y libre. Tres años de macrismo han agrandado la grieta del hambre, entre los que menos tienen y los que nadan en la abundancia. Tres años de macrismo han destruido la industria nacional y acrecentado la riqueza de la oligarquía agraria. Tres años de macrismo han destruido a la tercera edad, condenándola al hambre y al desamparo. Tres años de macrismo han destruido la educación pública, destruyendo las condiciones edilicias de las escuelas y el salario de sus educadores. Tres años de macrismo han condenado a la mujer al abuso y al genocidio cotidiano de la muerte en manos de la sociedad machista, fomentada desde la falta de políticas de salud y jurídicas del estado (la falta de políticas para el aborto seguro y gratuito y la falta de políticas de seguridad para la mujer y los menores, empujando a la inseguridad jurídica y haciendo vista gorda ante el crecimiento de homicidios y abusos deshonestos). Tres años de macrismo han creado el mayor desempleo de nuestra Historia. Tres años de macrismo han creado odios entre hermanos, acrecentando las brechas de clase. Tres años de macrismo han creado niños y niñas mal alimentados, condenándolos a un futuro de enfermedades por mala alimentación. Tres años de macrismo han matado el consumo, ese consumo que siempre fue la base del Peronismo para el crecimiento industrial y la prosperidad de sus ciudadanos. Porque el Peronismo, al contrario del macrismo, es crecimiento individual en el cuerpo social de una sociedad donde hay soberanía y libertad. El peronismo posibilitó el acceso a la educación a la clase trabajadora. El Peronismo posibilitó el acceso a la vivienda propia. El Peronismo posibilitó que no haya hambre y que la pobreza sea combatida con el acceso al empleo y los planes sociales y la jubilación y subsidios del estado a la pobreza estructural. El Peronismo creó igualdad, donde la igualdad no existía. El Peronismo nunca creó hambre. Nunca pero nunca hubo hambre en Argentina con un gobierno Peronismo. Pobreza sí, porque es parte del mundo capitalista en el cual vivimos, pero pobreza digna, sin hambre y con crecimiento individual en el cuerpo social. Eso es Peronismo: DIGNIDAD E IGUALDAD DE OPORTUNIDADES.
La Argentina ha plantado la bandera del Imperialismo financiero y descolgado la bandera celeste y blanca de nuestra patria. Argentina ha perdido su dignidad como país libre. Ya no somos Argentina. En tres años la oligarquía nos destruyó, y ellos como clase dominante se enriquecieron y depositaron sus riquezas en los paraísos fiscales, donde los ricos de las naciones capitalistas hacen trabajar su dinero en el capitalismo líquido financiero en desmedro de la sociedad industrial y de empleo.
Por todo esto Argentina tiene un solo camino. Y por más que le busquemos la vuelta y recorramos miles de caminos, hay uno sólo que nos va a conducir nuevamente a la vida que es nuestra soberanía y al crecimiento industrial. Ese camino se llama Kristina Fernández de Kirchner. No hay otro camino posible.
En este octubre 2019 vuelve Kristina: LA ÚNICA CAPACITADA PARA GOBERNAR.

FABIÁN ARIEL GEMELOTTI

martes, 5 de marzo de 2019

Amo a los libros

AMO A LOS LIBROS

(CUARTA PARTE)

(POR: FABIÁN ARIEL GEMELOTTI)

Los libros ocupan un lugar en mi memoria (y en mi casa), porque un libro es un objeto que se mete en mi cuerpo y me construye como persona. Sin libros no podría vivir. Pero tampoco podría vivir sin revistas.
Siempre amé las revistas de historieta. Y tengo miles, desde las del Zorro, y Tarzán y esas ediciones "berreta" de los años cuarenta y cincuenta, donde el terror y la ciencia ficción hicieron escuela. Pero hay una editorial que marcó a varias generaciones: Editorial Columba, la de la palomita. Revistas que se vendían en los kioskos de diarios a muy bajo precio. Revista de la clase obrera. Los intelectuales odiaban estas revistas, porque sobresalían en Columba los hombres musculosos y las mujeres rubias de cuerpo delgado. Eso "estaba mal" para la intelectualidad argentina que no cultivaban deportes y no les importaba el cuerpo. Ramón Columba funda la editorial en 1928, con El Tony. Época de folletines literarios, de papel de pulpa con químicos degradables, pero donde los costos se reducen. Época donde Arlt escribe sus Aguafuertes y donde Borges incursiona en los ambientes refinados de la oligarquía. Época de conservadores, y golpes de Estado. Época de sexo alocado en el primer mundo y sexo reprimido en Argentina. En ese contexto histórico surge Columba. Y pronto El Tony se hace popular. El hombre alienado de oficina (tan bien mostrado por Arlt) y el obrero de fábrica se hacen sus consumidores. Ramón Columba era taquígrafo en el Congreso y muy buen dibujante. Un conservador, pero un genio del dibujo. En épocas de Isidoro y Patoruzú y de Editorial Atlántida, la revista El Tony era la preferida del proletariado. En 1945 aparece Intervalo, donde se da prioridad a la historieta femenina. Ironía de las publicaciones, en una revista obrera y "conservadora" surge nuestra primer visión literaria feminista. Amanda es un ejemplo. En 1950 surge Fantasía. Pero es D'Artagnan la que lanza al genio de los genios en historieta nacional. En 1967 surge Nippur de Lagash. Historia de músculos y luchas de guerreros y bellas mujeres en el tercer milenio antes de Cristo. Su guionista es Robin Hood, un paraguayo autodidacta que fue obrero y muy pobre. Un día presenta el proyecto y es aceptado por los descendientes de Ramón Columba. Su primer dibujante, y el mejor de todos, es Lucho Olivera. Después desfilaron por Nippur dibujantes de la talla de Mulko (el más flojo de todos), Leopardi (que fue militante de Montoneros y el más jugado de los dibujantes), los hermanos Villagrán, Zaffiro, Gómez Sierra y algunos guiones de Ferrari. Nippur fue un personaje muy popular, donde la musculatura del personaje fue su fuerte. Y esas mujeres rubias que eran el ideal de todo obrero, algo que se podía alcanzar solamente leyendo historieta. De estas revistas tengo unas quinientas, en cajas. Ordenadas por fecha. Y estoy comprando ahora los cincuenta aniversario. Va por la 23, de cincuenta tomos. Leí los 23. Miles de veces vuelvo a estas revistas. Amo todo lo de Robin Hood, sobre todo Nippur y Dago.
La historieta nacional siempre fue menospreciado. Muy pocos reconocen sus méritos. Hace unos años, cuando El Eternauta es rescatado del polvo del olvido, surge una especie de revisionismo de nuestra cultura gráfica. Se largan ediciones de culto. Y la historieta llega a la facultad. Oesterheld en los cincuenta larga Hora Cero. Y ahí pública El Eternauta. Otra genialidad de nuestra historieta. Tengo todos los números de Hora Cero en mi biblioteca. Los compré a un amigo que se mudaba( hace cinco años ). Los leí a todos, año por año. En 1976 Oesterheld y Sola López publican la segunda parte (anteriormente hay una segunda parte que salió en Gente, pero se toma como tercera parte o parte indefinida). La segunda parte es más política, y aparece la lucha armada. El Eternauta es quizás la mejor historieta de nuestra Historia. Y me atrevo a decir que una de las diez mejores del mundo.
Una biblioteca no solamente está poblada de libros, hay revistas, diarios, y fotos y objetos como autitos y figuritas y muñequitos. Los que amamos a los libros, amamos los objetos. Somos acumuladores, acumulamos conocimiento y ese saber se saca del objeto llamado libro.
Es así la vida. Amo a los libros.

Fabián Ariel Gemelotti

lunes, 4 de marzo de 2019

Amo a los libros

AMO A LOS LIBROS

(TERCERA PARTE)

(POR: FABIÁN ARIEL GEMELOTTI)

Hay libros que son subestimados por los académicos. Los intelectuales de facultad se creen que pueden definir ellos solitos un canon literario. Y ese canon es para ellos "el saber que todos deben respetar". Esta gente son los bolches, o como les decíamos en los ochenta y noventa, psicobolches de facultad o bares o círculos cerrados literarios. Ellos arman todo e imponen sus gustos a los demás. Esta gente es jodida, porque son de mala leche. Rosario tiene sus círculos cerrados de "intelectuales" que casi siempre están ligados a los medios rosarinos y al partido gobernante. Reciben premios literarios, reciben becas, e integran gabinetes de poder. Eso no pasa solamente en la ciudad, pasa en todo el mundo. La literatura es un canon de un grupito de "intelectuales". El canon literario es la moda a seguir. En los setenta y ochenta era moda leer Rayuela. Todos leían esa novela de Cortázar. Uno entraba a un bar y veía a un tipo con lentes y barbudo y melenudo leyendo ese libro. Después ibas a la facultad y todos hablaban de la Maga. Un día intenté leer Rayuela. Me aburrió. Me pareció un libro pésimo. Y lo comento a un bolche y me atacó tratando de disciplinarme intelectualmente. Los psicobolches se defienden entre ellos. Nunca los ataques, porque vas a perder. El psicobolche es trotsko por naturaleza. Andan con los libros de Trotski bajo el brazo. O son lectores de Joyce. Para ellos El Ulises es la cumbre de la Literatura. Los psicobolches desprecian a Freud y aman a Lacan y odian a Estados Unidos y aman a Francia. Pero odian a Julio Verne, que nació en Francia. Para ellos Verne escribía pavadas. El psicobolche leía Fierro y odiaba a Columba. Para ellos esa editorial era berreta y de los que no leían libros (sus libros).
Uno ve filmaciones de Cortázar, con ese rostro de pelotudo y ese lenguaje de intelectual y dice que es el mejpr representante del psicobolche argentino. Los psicobolches son zurditos casi todos. Hay peronistas también. En los setenta muchos bolches se hacen peronchos, porque ser Peronista en esos tiempos daba estatus político. Había rubias de clase media alta que decían: "soy grasa", y la única grasa que vieron en su vida era la medialuna grasienta de la confitería de Barrio Norte. Pero eran peronchas. Nunca vieron un negro en sus vidas. Y nunca se fumaron un Jockey Club o tomaron vino Baschetti. Ese vino del obrero, que era religión en la mesa de la clase trabajadora.
Cuando empiezo la facultad me impresionó el ambiente pacato. Se me arrima una chica un día y me dice: "estoy angustiada, mi papá me mandó menos plata este mes". Y le pregunto el por qué y me dice: "porque me hice comunista". Esa fue mi primera novia de facultad. Una chica rubia hija de un empresario de Santa Fe. Vivía angustiada porque en la familia no querían que estudie Historia. Buena mina, pero una nena que veía un obrero y lo trataba como si fuera un ser de otro planeta. La llevo a mi casa, y mi padre estaba todo engrasado y la miraba raro. Y mi madre con ruleros y mi perro atorrante de raza perro. Cuatro años salimos y al final se acostumbró a mi casa de barrio de clase trabajadora. Hace unos años me enteré que mi madre seguía viéndola después que cortamos  porque llegó a quererla como a una hija. Al final dejó de estudiar y se hizo empresaria. Era moda ser comunista en Humanidades. Todos eran marxistas. O anarcos. Pero nadie laburaba. Un día vamos con la Santiago Papillon a repartir panfletos a una fábrica. Los obreros entraban dormidos y alienados y nosotros hablándoles de revolución. Ellos querían aumento de sueldo. No querían a pavotes.
Tengo una biblioteca detrás de las bibliotecas donde guardo libros bolches. Ahí están los de Cortázar, Joyce, revistas Fierro y toda la estupidez de los panfletos en carpetas.
Hay libros que uno no lee y los apila y juntan mugre. No todo lo que uno tiene se lee. Hubo un tiempo que compraba muchísimo. Y los apilaba. Veía un libro y lo compraba. Gastaba fortunas. Quería tener libros. Cuando me di cuenta tenía miles que estaban esperando ser leídos. Eso le pasa a todo lector, compra mucho y muchas veces libros que son porquería.
Julio Verne me apasiona y leí ochenta libros de él. Los vuelvo a leer cada tanto. Son mis libros preferidos. Tengo de Alejandro Dumas todo. Pero no los leí a todos. El Conde de Montecristo es mi preferido. Me leí la traducción completa de 1200 páginas en un mes. Después tengo la obra completa de Chase. Y leí unos veinte. Y tengo ediciones muy antiguas de Tarzán, de cuando eran folletines. La historieta nacional me apasiona. Tengo todo Columba. Unas quinientas revista en cajas y folios. Oesterheld tengo Horas Cero originales y El Eternauta todas las ediciones desde que salió. Y me gusta Anteojito. Tengo miles. Y Solo Futbol, todo ordenado. Y la Enciclopedia Británica, cincuenta tomos en inglés.
Y marxismo, tengo todo lo que hay que tener. Leo mucho marxismo, porque me gusta y me interesa para aplicarlo a otras lecturas.
Pero empecé hablando de los psicobolches y no quiero irme de tema. Los bolches están en todas partes. Siempre los vas a reconocer por su vocabulario difícil y rebuscado. En pleno siglo 21 se modenizaron pero todavía hay. No me gusta la gente de pelo largo o barbudos. Me hacen recordar a los bolches de facultad. No creamos que porque un tipo anda con pelito largo y con barbita es piola. Hay muchos fachos que visten así.
La vida son libros, pero hay libros que son de la clase obrera y que un intelectual nunca va a apreciar como una gran obra. A no ser que ese libro sea parte del canon literario.

Fabián Ariel Gemelotti

Amo los libros

AMO A LOS LIBROS

(Segunda parte)

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

Muchos no me creen que tengo más de cinco mil libros. Y un comentario sobre la primera parte me da pie para esta segunda parte de esta crónica sobre libros. Soy pésimo en matemáticas y mediciones. De primero a quinto año me llevé matemáticas, con un glorioso uno en cada año. En primer año la profesora me odiaba. Y me mandó a marzo. Pero me preparé y saqué un glorioso 4 y aprobé. En tercer año tuve a un profesor que era ingeniero. Y me quería adoctrinar sobre las virtudes de las matemáticas. Era ese tipo de docente que piensa que si a uno no le gusta su materia es una tragedia mundial. Y yo odiaba matemáticas. Y cometía el error de decirlo públicamente. Me mandó a marzo y en marzo me bochó con un cero glorioso. Hice un cuadrito con ese cero y lo tengo colgado al lado de cursos de Historia y Antropología. En julio aprobé porque la hija de la directora (la directora de la Dante me amaba, era una señora de ochenta años que amaba a los libros y me hice amigo de ella y hablábamos mucho de la novela policial) me puso un cinco. No sabía nada, pero ese cinco fue un regalo de la directora. En quinto me la llevé a diciembre. Pero como tenía diez en todo menos en matemáticas que saqué un uno, en física un dos y en química un cuatro, me dieron el visto bueno para aprobar las tres. Eran los beneficios de ser lector. La directora me dijo: "lo voy a extrañar pese a que tiene pésima conducta". Y era verdad, mi conducta no era la adecuada para un colegio privado caro. Pero siempre llevo en el corazón a la Dante. Me marcó como lector. Es un colegio que siempre voy a hablar bien. Es el mejor de Rosario. En el Superior y el Politécnico iban los alcahuetes. La Dante tiene aguante, e iban y van las chicas más bellas. De ahí salieron grandes médicos, abogados y grandes personas. Yo soy el único que rompió las reglas: no soy nadie importante. Y nunca seré recordado. Mis escritos pasarán al olvido. Pero eso no importa, sigo escribiendo igual.
Mi amor por los libros comenzó de muy chico. Mi abuela era muy lectora. Iba a su casa y leía de su biblioteca libros románticos y clásicos del siglo 16. Y un día descubro en su biblioteca El árabe, una novela que me fascinó. Y después leí El hijo del árabe. Son dos libros que amo mucho. Y un día descubro una librería de viejo en Mendoza al 4400. El dueño era un judío llamado Ariel. Una librería polvorienta, con miles de libros apilados en estantes sucios y viejos. Ahí iba tres veces por semana y compraba de todo. El hijo de Ariel era un joven estudiante de Antropología. Y me orientaba. Ahí compré muchos libros de crónicas y mucha novela policial, esas ediciones de tapa marrón que Borges y Adolfo Bioy Casares seleccionaban y que a partir de los años cuarenta posibilitaron que el policial negro sea leído en el país. Hablo de El séptimo círculo, con ese diseño de tapa único diseñado por José Bonomi. Me los leía de un tirón. Y todavía los tengo guardados en mi biblioteca.
Hay dos libros que me marcaron mucho en esos tiempos, Corazón y Juvenilia. El primero es un gran libro que siempre rescato, porque Edmondo de Amicis logra entretener, algo que no cualquier escritor lo logra. Un libro que no entretiene es un mal libro. Borges siempre lo decía. Esa crónica de una escuela de la Italia del siglo 19 es una forma de aproximarse desde la Literatura a la cuestión de clase. Pobres y ricos mezclados y sus sufrimientos e imposibilidades económicas. El hijo del ferroviario analfabeto. El chico que muere por falta de comida. Es un libro que todos deberían leer. Y Juvenilia. Es un gran pero gran libro. Muy bien escrito. En esa obra vemos la formación intelectual de la oligarquía culta de fines del siglo 19. Libro muy entretenido.
Y el cine, mi otra gran pasión. Rosario no era la Rosario chata en que se ha transformado en los últimos veinte años. Era otra ciudad, con miles de cines. Y miles de bares para hacer un café y hablar y hablar horas y horas. Ahora hay dos o tres bares para café. Nadie habla en un bar. Comen apresurados y se van. Ya nadie se detiene un rato a pasar el tiempo pensando o hablando o leyendo una novela. ¡Se lee tan poco!!!! El cine es otra aventura muy ligada a la lectura, porque el cine tiene esa magia que te hace soñar despierto y por un ratito sentirte el héroe de la aventura. El cine Lumiere y el cine de la Perpetuo Socorro eran momentos de aventuras. Uno iba con dos mangos con la novia del barrio y miraba esos filmes donde la cinta se cortaba o estaba toda rayada. Pero era cine del mejor. Década del ochenta. Década de la Buena medida y El Cairo de café con leche en tazones grandes y azúcar en cubito. Época del bar de los japoneses en Echesortu. Y del carrito de hamburguesa en las Cuatro Plazas de Zona Oeste. Época del bar enfrente de la estación de trenes de Zona Oeste, donde hay una plaza hermosa que en otoño se llena de hojas secas y donde se puede respirar naturaleza en una zona muy bella de Rosario. Época del cine Diana en la Mandarina. Época del Radar y esas colas de dos cuadras para ver Rambo uno. Época del Imperial y el Palace. Época del cine Echesortu y el Heraldo. El Gran Rex y su sala tan bella. Todo eso se perdió para siempre. Rosario ahora es horrible. Y no me canso de decirlo. Yo viví otra ciudad donde la gente hablaba y era solidaria. Ahora es pochoclera. No le busco las razones. Es así y punto. El cine me conectaba con los libros, porque el cine te lleva a leer. Las películas venían subtituladas y uno debía leer abajo. Y no había internet. Tenías que recurrir a la lectura de libros para informarte sobre actores y directores.
La Facultad y los libros. Uno leía por obligación. Para aprobar materias. Pero había grupos de debate. Y se leía mucho marxismo y mucho Psicoanálisis. Uno descubría a Freud y se enamoraba de sus libros. Y después te metían a Lacan y odiabas a Freud. Y a los treinta volvías a Freud y te volvías a enamorar, porque sus escritos son lo mejor de lo mejor. Tienen impronta y estilo.
Y un día llega Borges a mi vida. Llega como llega todo libro de culto, llega solito y sin que me de cuenta me enamoro de Borges. Su estilo donde la literatura clásica juega con lo simple, donde se inventan autores para reírse de los académicos. Amo a Borges. Amo sus libros.
Mi viejo obrero ferroviario compraba las historietas de la palomita. Ahí descubrí a Nippur y a Pepe Sánchez. Me fascinaban los dibujos de Lucho Olivera y de Mulko. Y odiaba a Mafalda. Yo era de Nippur y de Dago y de Savarese. Ese policial dibujado por Mandrafina y con guión de Robin Hood. Amaba y amo Editorial Columba. Amo a Savarese, ese joven de clase baja que se hace policía y combate al crimen organizado. En 2012 lo veo a Mandrafina en la Convención de Historietas de Rosario y yo estaba con el Maxi. Y le digo: "maestro por favor un dibujo para el nene, usted es mi ídolo". Y nos dibujó una mujer. Lo tengo colgado de la pared al dibujo. El Maxi, en 2012 tenía 15 años y me dice: "¡qué buen dibujo!, pero ahora vamos a ver al dibujante de Batman que está al otro lado". Y es otra generación. Amo a Batman. Pero soy un fanático de Columba. Mi papá de joven era fanático de Carlos Vogt, ese dibujante que hizo con Robin Hood Mi novia y yo. Siempre me dice: "ese tipo era el mejor de Columba". Repito, yo odiaba y odio a Mafalda. Es lo peor de lo peor. Nunca me gustó Fierro tampoco. Yo soy de Columba. Soy de Dennis Martín. Soy de Intervalo, de D'Artagnan y de Nippur Súper Color.
Libros, la vida está poblada de libros. Somos un libro en el estante. Sin libros no somos personas.
Me apresuro a darle fin a este escrito, porque tengo mucho que leer. Y leer es mucho más placentero que escribir.
Son un escritor de escritura apresurada. Más que escritor soy lector.

Fabián Ariel Gemelotti

domingo, 3 de marzo de 2019

Lubros

AMO A LOS LIBROS

(POR: FABIÁN ARIEL GEMELOTTI)

Recién mientras me bañaba pensaba que en mis bibliotecas no hay casi libros de poesía. Hay dos o tres muy específicos. No tengo libros de medicina ni de cocina (no sé cocinar), no tengo libros de matemáticas ni de química. No tengo libros de música, no me gusta la música. No tengo equipos para escucharla. No sé tocar ningún instrumento. No me interesa. Mis bibliotecas están repletas de libros de Historia, de cine, de Antropología, de Filosofía, y de Fotografía. Eso es lo que me interesa como lectura. Y miles de novelas y ensayos sobre autores. A veces pienso que he gastado fortunas en libros, y que ese dinero no vuelve más. Antes compraba unos 400 libros por año. Ahora soy selectivo, me queda poco espacio para guardar libros. Hay libros que ya se han perdido mezclados con otros libros. Los libros de Soriano no los encuentro, y los he leído a todos. Pero no sé dónde los puse. No encuentro las novelas de Hevel Hassen y no puedo encontrar un libro autografiado por Borges que me regaló una ex novia.
Una biblioteca es un desorden, porque cuando se tiene más de cinco mil libros al ordenar y volver a ordenar miles de veces se pierden libros. Sé que nunca más voy a encontrar las novelas de Víctor Hugo, viejas ediciones que no me acuerdo donde las puse.
Hay libros que son visibles en mis bibliotecas. Tengo a mano las obras completas de Borges. Y todo lo que escribió Milcíades Peña, mi historiador preferido en Historia Argentina. Y los catálogos de filmes de terror, tengo como veinte. Todos a mano. El diablo enamorado, esa magnífica novela del siglo 18 escrita por Cascote, está en primera fila de la biblioteca del fondo. A su lado descansan diez ediciones diferentes de El desierto de los tártaros, mi novela favorita. Y un ejemplar todo roto, pero muy valioso, de Corazón en italiano.
Hace un año ordené todo definitivamente. Todo lo que sea marxismo lo puse a mano. Y en otra biblioteca al lado puse todo lo que sea Peronismo. Ordené las historietas argentinas y los mangas japoneses en otra biblioteca. Y en otra biblioteca ordené las novelas policiales y de terror, unas dos mil. Creo, no las conté pero son esa cantidad. Estoy seguro. Cinco mil libros ocupan mucho espacio. Quince bibliotecas en dos habitaciones y cada tanto pasar un trapo al polvillo inevitable. Y todo lo que es Historia Universal ocupa dos bibliotecas abarrotadas a punto de explotar. Y en carpetas programas de cine, unas treinta carpetas numeradas.
Las chicas que entran a mi casa lo primero que miran son mis libros y el viejo televisor de 1990. Una me dijo un día: "comprate un plasma, y tirá los libros". No me interesa un plasma, mi TV andá muy bien y veo todo el cine de culto en ese viejo televisor. No necesito un plasma gigante para ver cine. Y lo justifico con un artículo que tengo colgado al lado del viejo televisor. Es un artículo que salió en la revista El amante hace diez años donde un crítico de cine alemán dice que mira cine en un viejo televisor en blanco y negro que debe golpearlo cada vez que lo prende,  para que ande. Mi TV es en color. Pero me gusta el cine en blanco y negro. Mi madre odia ver tantos libros y dice que juntan polvo. Y mi hermano  dice que él tiene solamente lo esencial para leer. Mi perro no entra a las habitaciones de libros. Ya lo sabe. Y por más que las puertas estén abiertas, Cascote no entra.
Tengo libros hasta en mi dormitorio. Y una biblioteca colgada en la pared arriba de la cama. Una vez se desprendió y cayeron todos los libros sobre la cabeza de una ex novia. Le hizo un chichón y me puteó y se fue y yo me puse a ordenar los libros en un costado de la habitación. Al otro día llamé a un carpintero y arregló la biblioteca ( se había roto el soporte por el peso y una maderita ) y la volví a poner en la pared y puse los libros. Gracias a esa caída pude darle un nuevo orden. 
Tuve una novia que amaba los libros. Y he perdido libros por ella. Se llevaba muchos y nunca me los traía de vuelta. Un día se fue y no volvió más. Creo que se ha llevado unos 300 libros de mi biblioteca. Al tiempo conocí a otra y odiaba los libros. Me regaló 300 libros que eran de su tío que había muerto.
Siempre regalo libros a la gente que quiero mucho o cuando estoy enamorado de una mujer. Trato de regalar buenas ediciones y libros de calidad intelectual. Mi libro preferido para regalar es La conjura de los necios o La Biblia del Diablo. Siempre les gusta a todas.
Un libro es un objeto que habla en Mi vida. Un libro es un buen compañero de aventuras. No podría vivir sin mis libros.

Ayer compré tres libros nuevos. Son lecturas para este mes de marzo de 2019.

Tengo suelo. Y dormiré y soñaré con libros.

Fabián Ariel Gemelotti

sábado, 2 de marzo de 2019

La historia

El macrismo que supieron construir (segunda parte)

La Argentina en 2015

(POR: FABIÁN ARIEL GEMELOTTI)

"Sólo los sectores dominantes son homogéneamente autoritarios, aunque puedan asumir públicamente el discurso democrático para lograr el consenso, cuando este le es necesario" (Eduardo Luis Duhalde, El Estado terrorista argentino)

Cambiemos crea un personaje a la altura de la oligarquía. Necesitaba a un tipo "fino, rico y cara de gil". Cambiemos se larga al ruedo en 2015 para ganar las presidenciales. Del otro lado estaba Scioli: un tipo siempre leal al Peronismo, pero de un perfil que no cuajaba en la izquierda y en los que odiaban al Kirchnerismo; no cuaja la lealtad en los sectores del odio nacional. La izquierda no comprende esa disyuntiva de SCIOLI O MACRI y se larga sola como oposición al Peronismo K y a Cambiemos. En otras lindes el Socialismo y otras yerbas también se cortan solos. Queda Scioli como vanguardia del Kirchnerismo y Macri como candidato "de la democracia para terminar con el Kirchnerismo". Macri acuña un discurso simple y de banalidades, apelando al odio y con los medios masivos a su favor. La oposición dividida y Macri con su sonrisa de niño bien de San Isidro. El país empieza a caminar rumbo a sus presidenciales. Se arma un debate por TV, y Scioli destroza a Macri. Pero Cambiemos acuña esa frase que prendió en la población: "Daniel parecés 6 7 8". La gente compra, y guarda en su cerebro de odio esa frase. Macri sale airoso y triunfante. Scioli "profetiza" sobre lo que será el país con Macri. Los intelectuales peronistas también. Pocos medios dan cobertura al Kirchnerismo; el aparato mediático le hace la campaña a Macri. Es 2015, época de bonanza económica para la clase media. Hay inflación, pero las paritarias la superan. Hay consumo, pero la gente no quiere más Kirchnerismo. La gente compró el discurso "homogéneo autoritario" vendido como democrático. El país pronto será un país que caerá en el caos. Pero nadie lo ve o nadie quiere verlo. Macri promete pobreza cero y estabilidad y no pago de ganancias. Los gremios docentes, bancarios, el subte, judiciales y otros se venían quejando de las ganancias, y apuestan a Macri. Moyano sale en fotos con el líder de "la democracia" y Piumato hace campaña para Macri. En Santa Fe los Socialistas se lavan las manos, y no apoyan a Scioli. El país está en pleno incendio y nadie quiere participar del salvataje. Del Caño por la izquierda es un demente, que sale a hablar pestes de Kristina. El trotskismo siempre fue demente, pero esta vez apunta a Scioli y deja el camino abierto al macrismo. Macri llega a noviembre con cara sonriente. De los domicilios de clase media y clase baja salen corriendo a votarlo, porque "los K son corruptos".  Gana Macri. Tiene unos primeros meses "buenos" y de apoyo. Y quizás más que unos meses, porque en 2017 son mayoría en las elecciones.
En 2018 el país explota, pero es una explosión en la inflación. El macrismo inventa el tema de los  cuadernos y logra aire para respirar.
Macri vendió un discurso democrático, y todos compraron. El lobo se acerca como bueno, pero el lobo siempre será lobo.

Fabián Ariel Gemelotti

viernes, 1 de marzo de 2019

Ahora son todos anti Macri

El Macrismo que supieron construir
(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

Ahora son todos "revolucionarios" o simplemente anti Macri. Hace tres años no era así. En 2015 muchos que ahora putean a Macri se la pasaron haciendo campañas opositoras a Scioli. Recuerdo a amigos y conocidos que decían barbaridades de Scioli y se burlaban de cosas personales de él (su brazo era objeto de cargadas y sus relaciones sentimentales con mujeres jóvenes). Era algo cotidiano esas burlas por parte de la izquierda, el Socialismo y cierto Peronismo no kirchnerista. En 2015 ser kirchnerista no era fácil. Uno en la campaña electoral la pasó feo muchas veces. Recuerdo que trabajé por Scioli noches enteras e Iba a trabajar sin dormir. La militancia kirchnerista era dura. Uno sabía lo que se venía si ganaba Macri, pero mucha gente que ahora putea, en esos tiempos coqueteaba con el macrismo. Hace tres años, pero parece un siglo. La Historia corre más rápido en el siglo 21 que en la Antigüedad, donde 1000 años son cinco de ahora. Las nuevas tecnologías y la internet globalizó al mundo y lo conectó de una forma que hace al tiempo muy cruel. Pero eso no quita que tres años se puedan analizar hoy 2019 como se analizaba a los sumerios desde los libros de Estrabon en el siglo uno. El tiempo corre, y uno lo agarra y lo vuelca para ver qué pasaba hace un tiempito atrás. Pero convengamos que la Historia es una sola y no se repite por más que tengamos en las manos La máquina del tiempo de Wells. Apretamos la manija y vemos el paso del tiempo en la vitrina de un negocio. La ropa cambia, pero la gente no, o al menos eso nos hace creer la Historia. La Historia se oculta al mejor estilo Orwell.
Vayamos al grano. En 1982/3 la gente empieza a borrar el registro mental de la dictadura y del genocidio de estado: "no sabía nada", "¿mataban gente?", "ahora hay que pensar en positivo", "Alfonsín va a ser presidente". Alfonsín gana las elecciones y el Juicio a las Juntas lava culpas. La Obediencia Debida quita culpa a la gente que "no sabía nada". En los ochenta todo el mundo era alfonsinista. Recuerdo haber tenido discusiones con compañeros del partido, porque eran peronistas fanatizados con Alfonsín. La Historia no registra todo, porque sus protagonistas muchas veces borran la memoria histórica. Cuando cae Alfonsín, éste pasa a ser el malo de la película. Todos se hacen menemistas en 1989. Después todos se hacen anti Menem. Y la memoria de lo que fueron se borró. La Historia es como ese personaje de la novela de Antonio del Seryu donde un hombre niega con fanatismo haber apoyado a Hitler y se convierte en un embajador de la paz en 1946. Siempre me quedó esa construcción ficcional como un gran ejemplo de lo que es la memoria histórica. Todo historiador debe leer esa novela. Y también debe leerla todo político en campaña electoral. 
Pero no quiero desviarme del tema. Siempre lo hago y termino por otros lugares del objeto de mis ensayos. Me divierte eso, y lo aprendí de un gran amigo muerto hace unos pocos años. Mi gran amigo, que era fiscal, escribía sus resoluciones jurídicas apelando a la Literatura. Lo sancionaron por eso muchas veces, pero eran escritos geniales y siempre daba en la tecla y hacia justicia. No era un burócrata. Era un hombre justo. Pero no me gusta hablar de Derecho, no soy creador de doctrinas. No es lo mío. En 2015 (ya muchos dejaron este escrito porque se aburrieron o no tienen la paciencia de leer algo tan personal. Los entiendo. Así que desde acá será más personal el escrito, porque nadie va a leerlo) todos veían en Macri al "salvador de los pecados K". El Kirchnerismo en 2015 era "mala palabra". Uno decía "yo voto a Scioli" y desde mis amigos de izquierda decían "yo voto en blanco" o "es un bruto" o "la izquierda no va a apoyar a Scioli". Recuerdo un día de noviembre de ese año que estábamos haciendo el amor con una novia de ese entonces. Estábamos muy acaramelados en lo mejor y de repente me dice ella: "sacá la foto de Kristina de la pared que no la soporto" Paramos y voy y saco la foto de Kristina. Seguimos y me dice: "sacá la foto de Evita de la pared que no la soporto" Paramos y la saco y seguimos. Y me vuelve a interrumpir y me dice: "sacá la foto de Perón, ese viejo degenerado". Voy y la saco. Y seguimos en el acto del sexo salvaje. De repente me dice en el oído: "también sacá el cartel de Scioli de la pared". Ahí me levanto, y le tiro su ropa en la cama y le digo que se vaya. Se fue. Era noviembre y teníamos que ganar las elecciones. No iba a tranzar sacando la foto de nuestro candidato. Nunca más la vi a esa chica. Creo que me odia, porque pasa a mi lado y no me mira. Era 2015. Scioli era el candidato. Y la lucha era a matar o morir.  
Al macrismo lo construyeron esos discursos opositores que ahora niegan su apoyo en 2015 a Macri. Hay muchas formas de apoyar una candidatura presidencial. Están las directas por los partidarios. Y las indirectas por los que no entienden que unas elecciones son entre dos candidatos y negar al más progresista es apoyar al más nefasto.
2015 es un año que debe quedar registrado en la Historia Argentina. Es un año donde se jugó el destino de lo que está pasando ahora en 2019. No sea que este año repitamos los mismos errores del pasado. Si Kristina es candidata no empecemos a ver pelos en la sopa, porque la sopa puede quedar aguada y te comerás el sapo de la desgracia por cuatro años más.

Fabián Ariel Gemelotti