domingo, 2 de agosto de 2020

La escritura

Escribir y escribir y nada más que escribir

(f.a g.)

"El conocido traidor o el amigo bien alcahuete son esclavos, perdieron la libertad principalmente. Podrán tener para pagar hasta viajes de placer a sitios remotos pero siguen siendo esclavos. Están amarrados en el plano de la conciencia, alienados, o también puede que simplemente sean unos hijos de una gran puta y ya. Odian la libertad, por eso se pone loco más de uno con algunos de tus textos. Para más de un coso de esos la literatura es tal o el ensayo, sólo si posee ISBN. Transmutan en templarios editoriales. Y en las redes hay que tener paciencia porque abundan los ávidos de chupársela a la corrección política. Las redes están llenas de mediocres, en un 90%. Vos sabés que te amo y te extraño, acá a 300 kilómetros en esta pandemia que nos separa. Seguí escribiendo a pesar de la resistencia que producen tus escritos.
El viernes me llegó por correo tu plaqueta y algunos cuadernitos que editaste"
Escribir y escribir y nada más que escribir. ¿Por qué se escribe o se pinta o se hace música o se hace carpintería? No tiene sentido buscarle respuestas. Unos escriben y otros no pueden ni delinear tres frases seguidas. Yo escribo, no sé pintar, no soy músico ni artesano. Escribo desde los 12 años. Publico textos en papel desde los 19 años. Pero hace dos años empecé a usar el soporte internet. A subir escritos a la red, en plataformas literarias y de Antropología al principio y después en mi página de Facebook. ¿Sirve para algo? Todo lo que subo después me armo un librito y tiro cincuenta ejemplares para repartir. Pienso que el papel es irremplazable, los soportes de internet se pierden. No sirven. ¿Por qué subo a la red global si me leen dos o tres personas nada más? Es la modernidad siglo 21, es inevitable y sería necio de mi parte negar la internet. Aparte escribo mucho, de corrido y rápido. Es tanta mi producción que subo un 40% a la red, y un 60% queda para armar textos y no lo subo. Pero el 100% de lo que escribo lo paso al papel. Es el único soporte que me interesa en serio.
Mi gran amor de 2019/20 me escribe y me da fuerzas. Allá a 300 kilómetros en Vicente López Ella se ha transformado en un gran amor. Hacía años que no conocía a una mujer tan culta y tan inteligente. Y lo sorprendente es que tiene 24 años recién cumplidos. Cuando murió mi gran amor hace once años pensé que nunca más iba a enamorarme. Y ahí apareció Ella un día caminando por Vicente López la veo y nos pusimos a hablar y surgió el amor, así de la nada pude sentir nuevamente la pasión. Y allá Ella me contiene, me alienta a escribir y me da fuerzas. No usa redes sociales Ella, no les interesa. No todo el mundo usa internet. Allá Ella en Capital Federal con su pelo rubio largo, sus pecas y su ropa siempre de marca y su cuerpo tan delgado me habla de Literatura y Antropología, mis dos grandes pasiones. Eso para los que dicen que la mujer bella no es inteligente. Todas las mujeres hermosas tienen una inteligencia especial.
Acá solitario, leyendo y escribiendo y ordenando mi biblioteca. Acá en Rosario con algunos amores furtivos, y gozando de la vida en soledad. Amo mi soledad, no me interesa reunirme con amigos. No creo mucho en la amistad, salvo tres amigos que valoro muchísimo y que confío en ellos. Un ex funcionario jefe mío, jubilado hace poco y una de las personas que más quiero y con la cual puedo hablar librenente. Una persona confiable. Soy desconfiado, no creo en la gente. No confío en la gente que me rodea. Y dos amigos más, de años. A nadie más considero amigo, son conocidos y quizás algo pueda contarles de mi vida. Pero son conocidos nada más.
Allá Ella, con su pelo rubio y yo acá esperando que termine pronto esta pandemia y viajar a Capital Federal y sentir el olor de su piel y recorrer con Ella librerías de usados por calle Corrientes. Las librerías de viejo esperando que yo vuelva a ensuciarme con el polvo de los libros que solamente unos pocos lectores valoramos.

Fabián Ariel Gemelotti
(domingo 02 de agosto de 2020)

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