martes, 22 de octubre de 2019

Las bajezas humanas

Las bajezas de las panzas llenas

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

En Argentina hay gente que tiene la panza llena y viven muy bien, un 30 por ciento de la población: funcionarios públicos, políticos burócratas, dirigentes gremiales, empresarios, terratenientes, actores de televisión mediáticos y otras yerbas. Esa gente es pasiva, en el sentido que son funcionales a la democracia burguesa. ¿Por qué?, porque viven muy bien y porque la burguesía se sustenta en el poder que da el dinero. El dinero que ellos tienen es consecuencia del curro que ellos defienden. En Argentina hay gente que vive de los "privilegios", y entonces esa gente ve "conspiraciones" en los cartoneros que van por la calle y en el que tira una piedra a un policía. La gente que come todos los días y tiene un pasar económico muy bueno, sin necesidades de ningún tipo, vive creyendo que la vida son los Expedientes X, o cualquier serie norteamericana de conspiraciones. Entonces esa gente bien alimentada y que vive sin necesidades de ningún tipo cree que Ecuador, Chile o Barcelona o Líbano son conspiraciones armadas por el FBI y la CIA. Como en esas novelas de conspiraciones donde siempre hay malos y buenos, y los pobres son los malos o "los imbéciles que son usados para arrojar la primera piedra"(frase textual que me mandó al Wassap un amigo bien alimentado). Los bien alimentados hablan todo el día de Pichetto o de Massa o de Kristina o del Partido Obrero o del día del voto o de las conspiraciones del Poder. Para las panzas llenas "el pobre no tiene decisión en nada" porque "el pobre no puede discernir nada". Entonces se publican miles de libros inútiles sobre las conspiraciones y sobre el poder. Todo literatura berreta para alimentar a lectores berretas.
En el Líbano el pueblo sufre hambre y sufre la opresión de un Estado capitalista que destroza la vida cotidiana. Y el pueblo usa la piedra contra el arma sofisticada de la burocracia política israelí. En Ecuador los indígenas son discriminados y viven con hambre. Entonces todo explota y el indio toma las calles en una revuelta que es su dignidad como pueblo. En Chile hay brechas de panzas alimentadas y panzas vacías. Pero la gente bien alimentada de nuestro país ven "conspiraciones de la CIA" en las revueltas. Ven mucha TV por cable o eso llamado Neflix o como se escriba porque no sé cómo se escribe ese soporte televisivo. El bien alimentado no sabe lo que no es tener para la sopa o no tener laburo o no tener para el subte. Entonces el pueblo chileno rompe el subte o saqueo, algo lógico de los hambrientos que necesitan desparramar su odio de no tener nada de nada. Cuando un tipo se para con su 4x4 en un semáforo, el limpia vidrios desearía pegarle con su trapo en la jeta. Una vez le pregunto a un limpia vidrios: "¿qué te gustaría para vos" y me dice: "una cuatro por cuatro". Entonces el pobre también quiere los "privilegios de la panza llena". "Mucho Peronismo en la conciencia de clase del pobre", diría Milcíades Peña, ese historiador marginal que nunca pudo publicar en vida porque decían que escribía mal y se suicidó a los 33 años y ahora después de 50 años se publica.
En los países de América latina hay otras necesidades y otras conciencias. Para empezar hay indios y son la mayoría de la población de casi todos los países pobres de América. Hay negros, Brasil tiene la mayor parte de la población negra. Hay pobreza estructural muy fuerte: en Chile la pobreza no es joda. En Paraguay la oligarquía explota de una forma muy cruel. Una chica pobre paraguaya no accede a la universidad y es condenada a trabajar en fábricas de cigarrillos clandestinas y muere a los 40 años de los tóxicos del tabaco. Puede zafar con la prostitución en la Argentina o vendiendo drogas como mula en la frontera. En Bolivia un minero muere a los 35 años y hay divisiones fuertes entre  paceños y el de Santa Cruz con inmigración europea. En Lima la pobreza se ve en los rostros de gente joven que a los 20 años parecen de 40.
En Argentina también hay pobreza que abruma y que no va más. En las villas miseria hay violencias muy graves. Una chica es condenada a prostituirse o vender drogas. Hay muertes que se tapan. Hay hambre en serio. Pero las panzas bien alimentada se sientan en un sillón y ven "conspiraciones" cuando ven a un hambriento en las calles con un palo queriendo romper todo.
Romper todo y saquear no es una  cuestión moral o de conspiraciones, es la desesperación del que no tiene para comer y ve todos los días por TV a burócratas de saco y corbata dándoles lecciones de moral democrática.

Fabián Ariel Gemelotti


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