sábado, 21 de marzo de 2020

Diario

CORONAVIRUS, EL APOCALIPSIS HA LLEGADO (RELATO)

(Por: f.a.g.)

Día Uno:
Mi nombre no interesa ni mi edad. Simplemente voy a escribir este diario porque quiero dejar testimonios de lo que está ocurriendo. Tengo mucho miedo, estoy aterrado. Recién pasé por el súper y compré alimentos y fui y les dejé dos cajas con comida a mis padres y una caja a mi hija. Estaciono el auto en la puerta de mi casa y bajo los alimentos. Estoy preparado para la cuarentena.
Mi gato me mira y lo veo inquieto. Lo alzo y lo beso y le digo que lo amo. Mi gato será mi compañero hasta el fin de la cuarentena. Estoy ya preparado.
El Gobierno declaró pandemia y aislamiento social. Un virus llamado coronavirus se ha apoderado del planeta y te contagia y te mata. La transmisión es por el contacto físico. Nadie puede tocarse a partir de hoy. Es la orden del Gobierno.
Día dos:
Miro por la ventana y veo gente caminar. No me animo a salir. Tengo miedo. Mi gato a mi lado tiembla. Lo miro y veo su rostro sufrir.
Día tres:
Me animo y voy a la farmacia a comprar dentrífico, y aprovecho y camino hasta el domicilio de mis padres y mi madre abre la puerta e ingreso y los veo bien. No los toco. Telefoneo a mi hija desde la casa de mis padres y está contenta. Me dice que no salió a la calle todavía. Leyó estos tres días. Le pregunto si quiere que vaya, y me dice que es peligroso y que pueden detenerme. Me muero de ganas de ir a su departamento. Vuelvo a mi casa. Mi gato está esperando y al abrir la puerta me mira y retrocede y se esconde debajo de la biblioteca.
Día cuatro:
Ordeno mi biblioteca. Telefoneé a mi hija y a mis padres. Están bien. Ordeno mis libros de ciencia ficción. Y me detengo a hojear las obras de Matheson. Abro un libro de cuentos de una norteamericana de los setenta y leo una frase que me hace pensar: "la idea es eliminar a los viejos, los llevaremos a hospitales y ahí los mataremos. Todo se justificara, les haremos creer a todos que están infectados". Mi gato juega con una pelota y lo miro y se me acerca. Lo alzo y lo beso.
Día quinto:
Leí todo el día a Borges. Hacía años que no lo leía. Ví una porno, pero no tengo deseos de sexo. Estoy preocupado. No veo a mis padres hace dos días y a mi hija desde que empezó el aislamiento. La telefoneo y no me atiende. Telefoneo a mis padres y me dicen que están bien. Vuelvo a llamar a mi hija y me contesta risueña, se estaba bañando. Me vuelve el alma al cuerpo.
Día sexto:
Miro por la ventana y la vecina de enfrente tiene el ventanal abierto. Está desnuda y ve que la miro. Es gorda y vieja, pero me entra el deseo. Me pongo duro y levanto la mano y la saludo. Me sonrié. Mi gato se arrima a la ventana y mira también. Lo empujo con violencia y se va asustado. Estoy excitado. Suena el teléfono y son mis padres. Me dicen que vaya a llevarles alimentos. Me cambio y voy. Paso por el súper y compro de todo. Como con ellos. Antes de las siete regreso a mi domicilio.
A las doce de la noche siento ruidos afuera. Miro por la ventana, de costado para que nadie me vea. Veo un camión con luces y a cuatro hombres de blanco que ingresan de la vecina de enfrente. Y veo salir a los hombres cargando una camilla. Veo a la vecina en convulsiones y gritando. Tengo terror. Me voy a mi cuarto y trato de dormir. No puedo dormir. Me pongo a leer a Borges y me fumo un cigarrillo.
Día séptimo:
Durante todo el día limpié mi casa. Mi gato está subido a un mueble y  me observó extraño todo el día. Lo acaricio y nos hacemos amigos de vuelta.
A la noche pasó un incidente raro. Miro por la ventana y veo caminar a un hombre. Es el vecino de la esquina. Le grito su nombre y no me mira. Me siento aterrado y agarro mi arma y salgo afuera. Lo llamo y no se da vuelta. Corro a su lado y me pongo frente a él y veo sangre en sus ojos. Y me mira fijo y abre la boca y veo unos dientes afilados. Corro a mi casa e ingreso asustado. Pongo todas las trabas y telefoneo a mis padres y a mi hija. Estaban durmiendo.
Tengo terror.
Octavo día:
Telefoneo todo el día a mis padres y no me contestan. Llamo a mi hija y ella también está preocupada, porque los llamó y no les contestaron. A las cinco de la tarde cargo a mi gato en el auto y mis dos armas y voy a buscar a mi hija. Y nos vamos de mis padres. Tenemos miedo.
Al llegar a casa de mis padres golpeamos y abre mi madre y nos dice que no anda el teléfono. Decido llevar a mis padres a mi casa. Cargamos ropa y documentación y vamos a mi domicilio. Mi hija dormirá con los abuelos.
Me quedo despierto toda la noche, bebiendo y fumando y mirando por la ventana. Veo luces rojas y veo a hombres caminar como dormidos. Mi vecino pasa por mi casa y se detiene. Y mira y lo veo sangrando por el rostro. Y abre la boca y veo sus dientes afilados. Sigue de largo. Veo un camión detenerse y lo agarran y lo meten adentro.
Estoy muy aterrado.
Noveno día:
Me llegó un mensaje de Wassap de un compañero de trabajo: "la pandemia es peor de lo que pensamos, el virus ingresa al cuerpo por el primer contacto corporal: un simple dedo sobre tu mano y ya estás infectado. Ataca a los viejos sobre todo y a personas muy débiles físicamente. Lo llevan a refugios y ahí lo matan. Están matando miles por día. Borrá este mensaje al leerlo". Borro el mensaje y preparo el desayuno. Mi hija está feliz. Mi padre está preocupado, lo veo en su rostro. Pasamos el día viendo películas románticas.
A la noche siento ruidos afuera. Miro por la ventana y veo luces rojas a lo lejos. Tengo mis armas cargadas. Despierto a mi hija y le digo que voy a explorar la calle. Le dejo un arma y le digo que cierre bien las puertas al salir. Me pongo guantes y una mascarilla y ropa negra para poder esconderme entre los árboles y que no me vean. Salgo a la calle ante los llantos de mi hija.
A lo lejos las luces son potentes. Voy hacia ellas, cubriéndome entre los árboles y bajo las puertas de los domicilios. Hago dos cuadras y veo tres camiones y a hombres de blanco ingresar a domicilios y sacar a personas viejas y rematarlas de un tiro en la cabeza. Y cargar sus cuerpos en los camiones. 
Siento una mano en mi hombro y me doy vuelta y veo a un hombre de blanco y lo golpeó tan fuerte que cae de espaldas y queda inconsciente. Lo desvisto y me pongo su ropa y su máscara. Y oculto su cuerpo en un jardín. Y agarro mi ropa y la pongo en su cabeza y lo remato de un tiro. La ropa amortigua el ruido. Me dirijo al camión y me ordenan que cargue un cuerpo. Una vez terminada la tarea subimos a los camiones y nos vamos. Estoy aterrado. Nadie me dirige la palabra. Nadie habla. El silencio aterra. Llegamos a unos galpones y descendemos y nos ordenan que pongamos a los cuerpos en un pozo y les prendamos fuego.
Ingresamos a un galpón donde están viejos encadenados y veo sus rostros con colmillos y sangrando. Algunos tratan de tocarnos y les dan latigazos. Me aparto del grupo y me meto a una oficina y veo a hombres de negro dialogar y uno me dice que lo ayude a cargar una caja. No me pregunta nada. Levantamos una caja y la llevamos a otra sala. En esa sala veo camas y mucha gente atada y vomitando sangre. Y el hombre de negro se agarra la cabeza y habla: "es el Apocalipsis amigo". Se sienta en un sillón y se desparrama y queda inconsciente.
Estoy aterrado. No sé dónde estoy y quiero regresar a mi casa con mi familia.
Regreso al depósito y me subo a un camión y tiene las llaves puestas y lo arranco y salgo a toda velocidad y rompo puertas y me veo en la ruta. Nadie me sigue.
No sé cómo hice pero llego a mi barrio. Dejo el camión a diez cuadras y me saco el traje blanco y en calzoncillos camino a mi domicilio. Mi hija me abre y le digo que se aparte. Corro al baño y me pegó una ducha de una hora.
Último día:
Es el día décimo, el último del aislamiento dictado por el Gobierno. Con mi familia estamos reunidos y tenemos miedo. Miramos por la ventana y vemos miles de camiones blancos y a hombres de blanco recorrer las calles. Están armados con lanzallamas y con unas armas raras. Vemos perseguir a vecinos. Un vecino gordo se abalanza en el cuello de un hombre de blanco y lo muerde. El hombre de blanco entra en convulsiones. Otros hombres de blanco lo miran y salta el mordido sobre sus compañeros y los muerde y cae uno y se levanta y muerde a otro y así hasta que la calle es pura sangre. Todos muerden a todos. Ya no se distingue nada.
Ponemos sillas y mesas en las puertas y apagamos las luces. Pasan por nuestra vivienda corriendo, hombre de blanco sin sus máscaras y vecinos. Los dientes afilados y todos sangran por los ojos.
Tenemos miedo. Estamos aterrados. Estamos en el comedor y nos abrazamos los cuatro. Y miramos por la ventana. Vemos a miles que están dispuestos a entrar a nuestro domicilio. Tenemos terror. Vemos ojos sangrando y colmillos sedientos. Apuntamos con las dos armas por la ventana y matamos a cuatro. Pero llegan más.
Golpean la puerta a patadas y la puerta se cae.
Agarro mi celular y trato de mandar mi diario a muchos contactos.
"Por favor difundan esto. Es el Apocalipsis"

Fabián Ariel Gemelotti
(Domingo 22 de marzo de 2020, una y treinta de la madrugada)

viernes, 20 de marzo de 2020

La revolucion

Resident Evil

(ensayo)

(f.a.g.)

¿Existe Dios? Nunca vimos a Dios, pero se cree en Dios. Nunca lo tocamos, nunca lo sentimos. Pero su Presencia la gente dice que la siente. ¿Existe el mal? Nunca vimos a Satanás ni demonios pero la gente dice que existe el mal. La Iglesia y todas las religiones creen en el mal, y los demonios son parte de todas las creencias ancestrales hasta la actualidad. Si no tocamos ni vimos a Dios, ¿por qué se cree en Dios? El hombre primitivo tenía creencias al igual que nosotros, con la diferencia que esas creencias estaban en la naturaleza. Pero nace el Estado y nace Dios. ¿Por qué con el Estado nace Dios? Los amos de las tierras crean la religión para imponer el miedo. Con el miedo nace la sumisión, el esclavo, el orden del mundo se estructura gracias al miedo. El miedo es el arma silenciosa que hace que haya reyes y súbditos y esclavos. El hombre primitivo recogía los alimentos del suelo y tenía sus propias creencias. Esas creencias también creaban divisiones. Esas divisiones estaban en la tribu primitiva para dividir a jefes y no jefes. Las clases  nacen desde que el hombre está presente en el mundo. Pero el Estado crea otro orden del mundo, porque el Estado transforma al recolector y sus jefes y no jefes en reyes y súbditos. La creencia en dioses o un dios crea las condiciones para sujetar al súbdito al mandato de los reyes. Nace el Derecho, nace la Ley. La Ley dice lo que está "bien" y lo que está "mal". La Ley es el látigo que hace funcionar al Estado.
Moisés desciende de la montaña y muestra la Ley. La Ley crea un pueblo de un dios único. Dios se sienta en el trono y los reyes son los intérpretes de la Ley divina. Lo divino se hace carne en leyes del orden. El orden pasa a ser el mandato de lo divino.
Nadie vio nunca a Dios. Y Dios decide sobre nosotros, porque Dios tiene profetas que predicen el futuro. El futuro está ya escrito, según narran los textos sagrados. Viene Jesús y muere en la cruz. Y se cumple el mandato de Dios. ¿Existe Dios?
El mundo es un orden, se ordena con  amos y sirvientes. Los amos crean las condiciones jurídicas y religiosas para que la obediencia no rompa el orden establecido. Me viene a la mente un cuento de Poe, La máscara de la muerte roja. En 1842 Poe publica este cuento grandioso. En una aldea hay un amo llamado el Príncipe Próspero. Cae sobre la humanidad una peste, y se va expandiendo y matando. Los amos (la clase política) se encierran en el castillo y levantan muros gigantes para que el pueblo no pueda penetrar. Viven así en un aislamiento felices alejados de la peste mientras el pueblo va muriendo. Esta peste empieza con mareos y sangrado y quien la contrae muere en media hora. Un día el Príncipe cree que la peste ha pasado y hace una fiesta para toda su gente. Bailan, comen y se divierten. Es una fiesta de disfraces. Es todo felicidad, pero ven a alguien disfrazado con una máscara de muerte con los ojos sangrando y el Príncipe se enoja y manda a sacarle la máscara. Al sacar la máscara ven que no es una persona, sino la muerte misma en persona. Y cada uno de los amos va muriendo al contraer la peste. ¿La muerte es el final? ¿Qué nos dice Poe?
El mundo responde al orden. Sin orden los amos no pueden gobernar. El orden crea sumisión. Pero el mundo avanza, se hace más rápido y más "libre". El capitalismo crea otro orden, otro mundo. No muy diferente al anterior, porque el artesano se hace obrero. Y el Príncipe se hace capitalista. Cambian los nombres y la forma de generar dinero. Pero sigue existiendo el amo y el súbdito. El capitalismo crea una división del orden de los recursos de producción: países proveedores de materia prima y países productores y transformadores de esa materia prima en objetos de consumo. El capitalismo, el nuevo orden crea su propia filosofía y su propio orden de sumisión. El salario es el nuevo orden de sometimiento. El salario regula que la gran mayoría esté sujeta al costo monetario y la otra mayoría a la acumulación de capital.
Vienen las guerras mundiales y sirven para darle un nuevo orden al mundo. Los vencedores se dividen el mundo. En definitiva Hitler fue el mejor aliado de las potencias capitalistas, porque deja todo en bandeja para el nuevo orden. Nace un nuevo capitalismo, y ese capitalismo ya no es el primitivo donde el artesano se había hecho obrero y el príncipe capitalista. El nuevo orden divide al mundo en potencias mundiales y países resortes sujetos a préstamos en dinero del FMI. Es un orden perfecto de sumisión, donde se crean condiciones de endeudamiento para armar nuevas guerras. Vienen las guerras por el petróleo y los recursos del agua. La Guerra del Golfo y Afganistán son guerras por riquezas, donde las potencias inventan un enemigo "asesino" y convencen al mundo de la necesidad de invadir esos territorios. Nace el fantasma del terrorismo fundamentalista árabe y la destrucción de Occidente.
Pero el mundo no descansa, y todo orden necesita más orden. La internet globaliza al mundo. Lo hace más fácil de vigilar y crea un orden mediático donde se unifica la información del Estado en algo global. Mueren los partidos políticos y se unifica todo en un solo partido: el partido del orden mundial. Todos responden al orden corporativo de acumulación. Ya da lo mismo China o Estados Unidos. Ya no hay división, los dos se unen en un nuevo orden. Y tras ellos las otras potencias que se prenden en este nuevo juego.
Me viene a la memoria Resident Evil, ese genial juego de computadora que fue llevado a la pantalla interpretado por Mila Jokovick. Esta genialidad del vídeo juego y el cine nos muestra un mundo donde una corporación crea un virus para eliminar a los débiles. Pero se les va de la mano(¿se les va?), y ataca a toda la humanidad. Quién se contagie se transforma en un zombie. A los infectados se los abandona y nace una nueva humanidad de refugiados. Hay una corporación de malos que crean una especie de soldado de súper poderes: Mila Jokovick. Hay una vacuna que será el negocio para curar el mal. La industria farmacéutica es la dueña del nuevo mundo.
¿Nace un nuevo orden con el coronavirus? ¿Es un negocio todo esto? ¿Es un invento de laboratorio? ¿Estamos condenados todos a la muerte como en el cuento de Poe? Lo único que sé es que es real el virus y el control social del nuevo orden lo activaron esta semana.

Fabián Ariel Gemelotti
(Sábado 20 de marzo de 2020, una y cuarenta de la madrugada. Segundo día de aislamiento)

jueves, 19 de marzo de 2020

La revolución conservadora.

La revolución conservadora (ensayo)

(f.a.g.)

Pestes, virus, muerte negra o lo que sea, siempre existieron esas cosas. No es un invento del mundo moderno la pandemia.

miércoles, 18 de marzo de 2020

Gibieeno

El primer culpable del coronavirus en el país es el Gobierno Nacional

(artículo)

(f.a.g.)

Mientras veo por TV a Massa, ese aliado de Macri en 2015 y hasta 2018 que empezó a coquetear de vuelta con el Kirchnerismo y terminó unido a Alberto y Kristina. Veo a Massa y siento asco, bronca porque el Gobierno es el principal culpable de lo que pasa en el país. En primer lugar llegaron muy tarde las medidas, hace cuatro días. En enero y febrero miles de argentinos viajaron a Europa y volvieron y trajeron el virus (hace tres meses que se sabe del virus en Europa). El Gobierno llegó tarde a la pandemia, cerrando la frontera cuando el virus ya ingresó. Ese es el primer error y el más grave de todos, porque por ineficacia y por minimizar y tomar a broma al virus el virus ya está entre nosotros.
El segundo punto es la "cuarentena"  El Gobierno se regodea de palabras bellas para la gilada militante, esa gilada que le cree todo lo que dice y es capaz hasta de justificar a un tipo como Massa (el vocero oficial del virus). Nunca voy a entender a la gilada K, a esa gilada que no le importa el semejante, que es bruta y no conoce nuestra Historia. Pero contra eso ya no se puede hacer nada, son la gilada militante. La famosa cuarentena no existe, la gente circula como si nada. Los Tribunales abiertos exponiendo al personal, los docentes hacen presencia en los colegios exponiendo sus vidas y el subte y colectivo repleto. Los canales hegemónicos del Gobierno repiten mil veces el video del golpe al portero. Mil veces. Debe ser ya el vídeo.mas viste en la red. Hacen lo que hacía TN. C5N es la tilingada militante del poskirchnerismo.
Tercer punto, si cierran negocios los cuentapropistas quedarían sin recursos, muertos de hambre. El Gobierno debe garantizar dinero para subsidiar la crisis del virus. Plata en efectivo a diarieros, bares, kioskeros, almaceneros y a todos los negocios.
Cuarto punto, el Gobierno no controla las remarcaciones de precios. No hace nada ahí, solamente promesas y palabras bellas. Pero todo se remarca sin control de ningún tipo.
Es así este Gobierno. Una cosa voy a decir, estoy harto que me quieran correr por izquierda los tolingos Albertongos. Yo estoy poniendo mi cuerpo y mi vida y la de mi amada familia. No duermo hasta las doce como el lumpenaje militante. Así que a esa tilingada política, sea K, radical, socialista o lo que sea les digo que no me chicaneen. Tengo una vida ya hecha, no nací ayer.
Bueno, terminó Massa de hablar. Voy a toser un poco afuera del bar.

Fabián Ariel Gemelotti
(Miércoles, 18 de marzo de 2020; veinte horas)

domingo, 15 de marzo de 2020

Enloqueció el mundo

Enloqueció el mundo (ensayo)

(f.a.g.)

El mundo enloqueció. Hemos llegado a la locura, la esquizofrenia se apoderó de la población. Un virus (que es real) ha logrado lo que nunca en la Historia pudo lograr otra cosa. Estamos al borde de la masacre colectiva. Si no se calma pronto la gente, esto puede explotar en discriminación y muerte. Los precios aumentan, faltan alimentos y los hospitales públicos desbordados. Lo que hace una semana costaba diez pesos hoy cuesta treinta. Ya hay faltantes en las góndolas, y se estipula que los mayoristas especulan con el coronavirus para formar precios. El Ejecutivo ya dio un protocolo y dijo que hay pandemia. La pandemia va a destruir las economías mundiales, el dólar se va a comer la economía nacional. La gente no quiere ir a trabajar, no quiere mandar a los hijos a la escuela. ¿Con razón? Hay pandemia, pero la peor pandemia es la desesperación y el egoísmo de la población. Hay infectados, se calcula que en Italia casi la mitad de la población está infectada. Allá hay cuarentena, se cerraron oficinas públicas y no hay dictado de clases. Pero es allá, en Italia. Acá hay cuatro casos registrados y dos muertos. Recién comienza y ya hay locura. La gente puede entrar en una locura tan grande (y eso puede ocurrir esta semana) que se van a discriminar a los ancianos, también a personas vulnerables por enfermedades respiratorias y a todo aquel que se lo señale como portador de coronavirus. Esto es muy peligroso, porque de ahí no se sale tan facilmente. Ninguna sociedad sale de la esquizofrenia colectiva. En la Edad Media la peste trajo homicidios, saqueos y discriminación. Las plagas en Egipto trajo muerte y persecusión. Los medios hacen su negocio y venden basura y crece la audiencia. Las redes sociales se han llenado de chistes banales y mucha información falsa. Todo es asustar a la población. Es meter miedo en pos de conseguir audiencia y vender publicidad mediática.
Me están invadiendo el Wassap compañeros de trabajo, amigos y familiares. Me preguntan si hay que ir a trabajar. O qué opinión tengo. Yo tengo mi opinión sobre mi trabajo y la pandemia. Pero no puedo opinar, yo no decido. No tengo poder para eso. No milito más en agrupaciones de base (ya no existen más en mi trabajo hace años) y simplemente digo que hay que esperar hasta mañana lunes. Amo mi trabajo, pero más amo la conciencia de clase. Soy asalariado, pero también me debo a mi función con honestidad y responsabilidad.
Me preocupa que haya tanta locura, tanto odio al semejante y tanta irresponsabilidad de la clase política y de los formadores de precios. Me preocupa la discriminación a los ancianos (ya el Gobierno Nacional con el tema jubilaciones empezó a fomentar la discriminación a las personas mayores), me preocupa la gente que depende del dinero diario (comerciantes de negocios), me preocupa el odio hacia el prójimo. Tengo miedo del futuro, porque esto va a empeorar y mal. Va a empeorar ese odio, y cada cual va a querer salvarse solo. Me preocupan los medios y la ignorancia de la gente que sube chistes groseros a las redes sociales. Me preocupa que cualquiera opine sin reflexión. Me preocupa muchísimo mi familia, sobre todo mis padres vulnerables por la edad y que sean discriminados. Me preocupan la burla, el sarcasmo, la ignorancia generalizada y la falta de cordura.
La sociedad enloqueció. De la locura al saqueo y al crimen hay un paso. No sea que esto termine en tragedia, pero no por el coronavirus, que termine en una tragedia donde todos contra todos nos eliminemos para defendernos del "coronavirus".

Fabián Ariel Gemelotti
(Domingo 15 de marzo de 2020, dos y cuarenta de la tarde)

Posdata: apago el celular. Que nadie me moleste hoy, leo todo el día.

sábado, 14 de marzo de 2020

Mundo loco

Este mundo loco, paranoico y sometido (ensayo)

(f.a.g.)

Matheson en Soy leyenda le hace decir al personaje: "el problema del virus es la locura que hay en el mundo. Todo se descontroló en cuatro días. Lo que empezó como un juego terminó con la humanidad". Neville, ese personaje genial creado por el más grande de la literatura de ciencia ficción, reflexiona a lo largo de la novela sobre la locura de la población. Está solo en el mundo, la pandemia ha convertido a la humanidad en vampiros. Solo en su casa tratando de sobrevivir. El libro es de 1954, y en un reportaje dijo Oesterheld que es la obra más grandiosa de la historia. El Eternauta tiene mucho de Soy leyenda. En los cincuenta la ciencia ficción trató de narrar la locura generalizada. La novela es más eficaz que un ensayo, porque ahí el autor puede decir todo y decirlo con entretenimiento. El Eternauta habla de una nevada y de extraterrestres y de un poder invisible que domina todo. Soy leyenda habla del "diferente" (los vampiros y Neville) y de la soledad. Si soy leyenda es un reflejo del capitalismo de los cincuenta, El Eternauta es un reflejo de lo que vendrá en Argentina en los setenta. Dos obras que hablan de pandemia. Dos obras que se anticipan al presente.
El mundo está loco, cada día peor. Vamos camino a algo nuevo, algo nunca visto antes en la historia. El Poder de los medios ya a capturado las mentes de todo el mundo. Los medios son los dueños de tu conciencia y de tu vida. El mundo ha sido infectado por el virus del achatamiento social. ¿Se extermina la humanidad? Lo que se exterminó es la conciencia de clase. Neville en Soy leyenda dice al final de la novela: "quizás estaba equivocado en mi terquedad, y ha nacido una nueva humanidad"(los vampiros son la nueva humanidad). Oesterheld en el final de El Eternauta dos le hace decir a Juan Salvo: "esto es una guerra universal". El mundo a partir de hace un par de años camina a un mundo nuevo, un mundo donde los poderosos someten con los medios y las redes sociales. Estamos cada día más estúpidos y vulnerables. Estamos al borde de un caos, de la psicosis colectiva y de la discriminación social aceptada por todos.
En Un mundo feliz los pobres son recluidos en reservas para recreación de la vista de la clase media, que visita esas reservas para ver como en un museo la pobreza. Soy leyenda, El Eternauta y Un mundo feliz cada día más presentes en la vida cotidiana. Pero 1984 es el presente 2020. El Gran Hermano ya está entre nosotros, ya estamos vigilados eternamente por las redes y todos los medios masivos al servicio de la acumulación capitalista.

Fabián Ariel Gemelotti
(Sábado 14 de marzo de 2020, cinco y cuarenta de la tarde)

viernes, 13 de marzo de 2020

Pan de

Pandemias (ensayo)

(f.a.g.)

Ya nos hemos olvidado de los rugby. Se los odió, se pidió pena de muerte y alimentó la TV durante más de veinte días. Ya es noticia vieja, como si hubiese ocurrido hace más de diez años. Así corre el tiempo en los medios, y así corre el tiempo en la vida de cada persona en estos tiempos. Nadie puede registrar en su cabeza lo que ocurrió hace diez años (ni lo que ocurrió hace una semana atrás), imposible registrarlo porque estamos invadidos por lo mediático que nos aliena de una forma tan grande que anula la capacidad de reflexión y pensar el pasado. Una semana son dos años y el día anterior ya no se registra. Los diarios impresos pronto van a dejar de salir, porque la voracidad de internet y las redes se los come y nos invaden con miles de informaciones. Una mente no puede absorber tanto, porque el día dura solamente 24 horas. Y en 24 horas son miles las noticias que nos invaden nuestro tiempo libre, pero todas las noticias siempre giran en torno a una noticia principal. Toda noticia es funcional al tema del día. Ahora es la pandemia del coronavirus. Las noticias económicas, el fútbol, la literatura (se agotó La peste de Camus y todo el mundo busca libros de pandemias), el sexo, la vida laboral... todo gira en torno a la pandemia. Ese es el gran hermano que nos alimenta y que controla nuestra vida. Ese gran hermano se llama TV y Redes Sociales. Cuando fue el tema de los rugby todos eran expertos en Derecho Penal. Un conocido me discutió hasta agredirme por el tema de las pruebas. Al final decidí callar. Yo estudié Derecho, el nunca en su vida vio un Código Penal. Así funcionan los medios masivos, inyectan de noticias, crean ansiedad, desesperación y te hacen explotar la cabeza y crean sociedades violentas y agresivas con el Otro. Todos los días es una lucha con las palabras: "mi vecino dice que la Ley dice tal cosa", "si me separo me roban mis bienes", "las pruebas no existen", "es mentira lo que usted dice". Los medios "instruyen" sobre medicina, derecho, novelas, cine, teatro y hasta Psicoanálisis. Y la señora que mira los programas de la tarde pasa a ser la experta en parejas. Mi madre me dice el otro día: "no podés salir con una de 21 años, porque se va a quedar con la herencia familiar", "¿qué herencia?". Es mi madre y la amo y no discuto con ella. Mira esos programas de la tarde, son mortales. El otro día llego a su casa y veo un programa de esos: el periodista decía que la diferencia de edad no es amor. O sea, hacía un psicoanalista de la tarde, una mezcla de Freud con café con leche y Lacan después de despertarse de la siesta. Mi padre odia esos programas, y mira fútbol y fútbol. Es fanático enfermo de Newell's y de Argentino de Rosario. Jugó en Argentino en la Primera. Y lee mucha Historia Argentina.
Una compañera del trabajo (excelente persona, muy buena y con título universitario: instruida) me vive mortificando: "vas a tener que repensar tu vida, porque dentro de unos años las pendejas no se van a fijar más en vos", "tenés que ir pensando buscarte una de tu edad y estabilizar tu vida emocional". Tal cual me lo dice siempre. Yo me río, y lo tomo con soda. "Esa que viene siempre a buscarte a la salida parece hija tuya más que novia", "es muy chica para vos". No discuto nada, me río y lo tomo a broma. Un amigo de años me dice siempre: "vos debés casarte y formar familia". Yo estoy bien así, una mujer por acá y otra por allá. Me gustan las mujeres  mucho. Me gusta seducir y encontrarles la vuelta. Es una práctica de años. De muy chico no era así, era más romántico. Pero la vida es una sola, quién sabe si me quedan diez, quince o veinte años de vida. Disfruto del sexo, cuido mi cuerpo y me compro ropa, viajo y conozco mujeres para divertirme. No tengo TV, no miro noticieros y tengo ni individualidad que me permite ser "libre" en lo posible dentro de este sistema opresivo y conservador.
Los rugby mataron y están en la cárcel. Y los padres del chico muerto deben estar sufriendo mucho. Ya nadie habla del chico muerto, porque en definitiva a nadie le importa que alguien muera. A la gente le importa nada más que haya noticias para hablar en el trabajo, en el bar y en las reuniones familiares.
¿La pandemia? Es real el coronavirus y va a matar gente. Se va a expandir en semanas, es muy real. Es tan real como los homicidios del narcotráfico, el desempleo, la trata de blancas, el suicidio, el cáncer, los cuernos y el maltrato laboral. La diferencia estriba en que nadie habla de maltrato laboral (la mayor causa de suicidios a nivel mundial), pero todos hablan de coronavirus. Quizás dentro de dos meses se instaure otra noticia: "una maestra abusó de un alumno". Ahí todas las maestras pasarán a sufrir el acoso mediático, porque así funciona la vida: un cura hace esto y todos los curas son "malos". Por lo pronto el pánico ya se instauró en la sociedad y el coronavirus es la pandemia y quién sea anciano o venga de Italia desde ahora es el nuevo enemigo de la sociedad. Todo es así, creamos enemigos en nuestras mentes y esos enemigos son el lugar para depositar nuestras frustraciones cotidianas.

Fabián Ariel Gemelotti
(Sábado 14 de marzo de 2020, una de la madrugada)