martes, 9 de julio de 2019

Todos unidos triunfaremos

Todos unidos triunfaremos

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

El Peronismo es unidad sobre todas las cosas, sin rencores ni odios de ningún tipo. No podría existir un Peronismo dividido, porque la división quita fuerza al movimiento. El Peronismo es felicidad y amor hacia el Otro, sobre todas las cosas. "La patria es el Otro", siempre decía la compañera Kristina Fernández de Kirchner cuando iluminaba nuestras vidas desde la TV con sus discursos magistrales. Perón dijo en un discurso en 1948: "todos juntos hacemos la patria". La patria la hacemos todos: trabajadores, sindicalistas, magistrados, empresarios y el sector agropecuario. La patria somos todos. La patria no se negocia. Ni tampoco se regala. En estos casi cuatro años de gobierno oligarca la patria se ha regalado al imperialismo. Se ha endeudado Argentina de una forma que ha producido hambre y pobreza como nunca antes en nuestra Historia. El pueblo se muere de hambre: el ajuste feroz trae muerte. Muerte por falta de paritarias, por reducción de jubilaciones, por aumento del precio de los medicamentos (incomprables para muchos), porque 8000 argentinos duermen en la calle y porque Cambiemos ha creado un país para diez millones de casi cincuenta millones que somos.
En estos momentos en que el país está en bancarrota y derrotado por el imperialismo financiero, es hora de asumir los riesgos de empezar nuevamente de cero, para construir un país de igualdad para todos y todas.
Es posible otro país.

Fabián Ariel Gemelotti

lunes, 8 de julio de 2019

Esa maldita

La muerte, esa maldita maldición de los dioses

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

La muerte es la maldición de los dioses. Odio a la muerte. Muchos seres amados se han ido, y han dejado dolor en mi alma. Mis abuelos ya no están y los extraño. Mis perros estarán a su lado allá en el Olimpo de mis recuerdos. Y te fuiste vos hace diez años, mi gran amor. Digo gran amor porque fuiste especial entre todas mis mujeres. Fuiste un retrato de mis VANIDADES narcisistas. Mi amada de piel blanca como la leche y pelo rojo como el fuego. Mi amada de ojos grises y mirada triste. Mi amada de inteligencia única. Te fuiste un día, porque decidiste que la vida te abrumaba. Fue tu decisión partir. Me llenaste de culpas y tristeza. Pero pude sobrevivir a tu partida. La muerte es maldita mil veces. Odio a la muerte. No quiero que mueran los seres que amo. Ya se han ido muchos amigos. Y dos grandes amores.
La muerte, mil veces maldita. Quiero desterrar de la vida a la muerte. Quisiera dar mi vida por ver unos segundos a todos aquellos que se fueron.
La muerte es una maldita maldición de los dioses de la vida.

Fabián Ariel Gemelotti

La vida fluye

La vida fluye desesperada hacia el goce

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

La vida es hermosa, porque está llena de goces que nos dan felicidad. Vivir es una bendición de los dioses. Vivir es respirar el aire mañanero y ver salir el sol que ilumina tus sentidos. La piel dorada y las aguas del mar bañan a los cuerpos tirados en playa. La vida se santifica en la hermosura de la piel. Vivir es contemplar el rostro de tu padre y tu madre, porque ellos te dieron vida. Ellos sacrificaron sus goces personales para que vos tengas educación y seas pleno de felicidad. Vivir es sentir el gusto del café que tu padre te prepara cuando vas a visitarlo. Hay que ser agradecido de lo padres. Nunca le levantes la voz a tus padres. Ellos ya están grandes y merecen la caricia de tu bondad. Un padre y una madre no duran toda una vida. Cuando se van la melancolía te destruye, porque nada puede reemplazar el amor de los padres hacia un hijo.
Vivir es saber que fuiste amado intensamente por muchas mujeres. Que esas mujeres te dieron goces y abundancia de placer; que los cuerpos desnudos de ellas fueron el alivio a tus sufrimientos. Vivir esos momentos que quedan grabados en tu memoria es el goce de la plenitud de tu sabiduría romántica. ¿Por qué amamos y por qué deseamos? Amamos porque queremos ser felices y no unos desdichados de la vida. Nadie puede vivir sin amor. Nadie puede vivir sin una mano que acaricie tu piel. Un beso apasionado de una mujer en tus labios es el mayor goce de la vida de un hombre. Gozar y gozar y gozar mil veces. Gozar en tu adolescencia con tu primer amor. Gozar a los veinte años con tu segundo gran amor. Y vos que habías pensado que la vida terminaba con ese amor adolescente, pero otro amor florece en tu vida. Y después vendrán más amores. Se termina uno y comienza otro, porque todo tiene un final y siempre encontrarás otro amor nuevo que cubra tu piel de besos y caricias. Amar es saber que el amor es finito e infinito. El amor no termina en un solo amor. Amores hay muchos, todos con una intensidad diferente: el primer amor y el segundo amor de aprendizajes mutuos. Y los otros amores que a lo largo de tu vida van penetrando en tu cuerpo. Hay amores para todos los momentos de la vida. Amores tiernos y amores salvajes.
Hay que ser agradecido de la vida, porque la vida es una sola. No se repiten esos momentos que vivimos hoy. Cada momento es único.
La vida fluye desesperada hacia el goce.

Fabián Ariel Gemelotti (8/7/2019)

La clase media

La clase media y su odio a los pobres

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

"Soy clase media", esa pertenencia que repite la clase media cuando tiene que afirmar su pertenencia de clase, se transforma en un slogan de clase. La clase media es discriminadora; discrimina por su pertenencia a un sector que tiene "estabilidad" contra otro sector que vive fuera del sistema de consumo. La clase media se siente superior al pobre, porque tiene acceso a las comodidades del capitalismo. Por eso la clase media ve al pobre con el ojo escrutador de la superioridad. La clase media en su aparente comodidad ve a los que hacen trabajos marginales como si fueran sus sirvientes. "La sirvienta me limpia la casa", "el plomero, ese negro de mierda que me cobra fortunas", "el verdulero es un morochito que no usa desodorantes", "yo quiero para la nena un novio doctor", "Pablito va a empezar la carrera de abogado, no es vago"(sip). Para la clase media los pobres son "vagos, sucios y planeros" (sip). Y no es solamente una cuestion de "piel", como muchos creen. Porque la modelo "morochita" es "una chica trabajadora y linda"(sip), al contrario de la chica "morochita" que limpia la casa. El modelo de raza negra es para las chicas de clase media "el potro que me haría feliz"(sip) contra "el negro" del subdesarrollo africano. La "morochita" abogada es "la doctora" contra la chica "morochita" que vive en la villa. No se trata, en definitiva, solamente de una cuestión de piel. La cuestión de clase es una cuestión netamente económica. Y quizás con otros componentes sociales de un racismo propio de las sociedades capitalistas. Por eso en 2015 Cambiemos prende en los sectores medios, con ese discurso entre discrimador y alabanzas a la prosperidad económica: "nadie pagará ganancias", "pobreza cero", "vamos a meter preso a la Chorra y a su equipo". La clase media al sentirse con superioridad sobre el "pobre" ve con malos ojos las jubilaciones para todos y todas. Y ve con malos ojos los subsidios a los necesitados. La clase media, como si fueran el patrón de la estancia, es "solidaria con el mendigo y el chico de la calle", pero vota a gobiernos que tienen políticas económicas de pobreza y saqueo.
Pero hay algo que la clase media no comprende: si se queda sin trabajo va a pasar hambre y dejar de ser clase media. Entonces la clase media empobrecida pasa a ser "el nuevo negro de mierda". Para la clase alta la clase media es la sirvienta obediente de los sectores dominantes.

Fabián Ariel Gemelotti

Las redes sociales y la agresión individual

Las redes sociales y la agresión individual

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

Las redes sociales son un cultivo de agresiones de todo tipo: insultos, discriminación y amenazas verbales. Las redes sociales nacen en los noventa como una forma de control social. La internet es control de las subjetividades: emociones de todo tipo canalizan frustraciones personales. Todos hemos caído en la bajeza emocional, todos. Las redes no admiten reflexión, porque es algo rápido donde el pensamiento queda anulado. Entonces el pensamiento se reduce a tres o cuatro frases donde en ese rincón literario de un fraseo corto hay que resumir un pensar: más de cuatro líneas de palabras no se lee, porque las redes nacieron para la emoción del momento. La internet nace en proyectos de laboratorio en los sesenta en Estados Unidos y Rusia, nace como un proyecto de penetrar en países pobres con imágenes. Ya a fines de los ochenta internet tenía el control del sistema en sus manos, de ese sistema de red global que en los noventa sería el furor de una década de asentamiento del control poblacional. Ingresamos al siglo 21 con la internet ya institucionalizada: casi el 70% de la población conectados. Y en 2019 el 90% conectados. ¿Cómo se costea internet? Con publicidad de las multinacionales. Las corporaciones económicas manejan la red. Y no hablo de Coca Cola o Marlboro, cuando digo corporaciones estoy hablando de grupos económicos financieros que agrupan a países ricos, o sea los dueños del mundo. La internet y las redes forman opinión. Primero penetran con imágenes y discursos bien planificados y así logran voltear gobiernos populares y dirigir a la población a votar a las corporaciones. Macri o Bolsonaro o los gobiernos de derecha de Europa son corporaciones económicas. Macri es un soldado a sueldo de esas corporaciones. El préstamo en dinero a la Argentina es una forma de dominación, preparado previamente desde la internet. Si en el pasado el Poder necesitaba dictaduras armadas y campos de concentración para alzarse con el Poder, ahora simplemente penetran a tu casa con ideología desde tu computadora. La internet y las redes son el arma letal de la modernidad tecnológica. Por medio de la internet y las redes se hace estudio de campo de las poblaciones a dominar: gustos sexuales y de consumo y odios y amores ideológicos. Se le da al consumidor de las redes lo que quiere escuchar y leer. La Embajada de Estados Unidos para emitir visa empezó a revisar el facebook de los futuros visados. Una forma de discriminación y persecusión ideológica sobre el que quiera ir al país del norte. Así también actúa el mundo laboral moderno: para ingresar a un trabajo ya no hace falta declaraciones juradas de ideas y gustos. Ahora los equipos de control laboral de las empresas vigilan mediante las redes. Así saben si una persona fuma, es homosexual o tiene una ideología política que no va con el puesto laboral ofrecido. Una forma sutil y legalizada de eliminación de personas sin caer en denuncias por discriminación laboral.
Si bien Facebook nace como un juego de chicos universitarios para levantar mujeres, va mutando y el Poder lo incorpora como sistema de control poblacional. Recuerdo ese filme genial Escape de Los Ángeles, donde al final de la película el personaje destruye los satélites que controlan todos los aparatos de vigilancia universales y dice: "el mundo ahora debe empezar de vuelta". Película que anticipa y lee en los noventa el control social moderno.
El mundo cada día es más vigilado, pero no con tanques y armas y campos de exterminio. El mundo es vigilado desde las redes sociales. La TV es un juego de niños para el siglo 21. Ahora está en juego las emociones instantáneas. Esas emociones del momento donde se agrede verbalmente sin mostrar nombre y apellido y sin tener frente a frente al Otro. El Otro ahora es un celular donde en la pantalla podemos insultar y enamorarnos sin el compromiso de sentir la emoción real del Otro.
Quizás en cien años el Poder logre eliminar hasta el contacto físico y los olores corporales del sexo. Quizás, y lo creo posible, el sexo (que es la firma de libertad de todas las sociedades) sea controlado para las clases explotadas. Y las clases altas sean las únicas en gozar de los placeres de la carne.
Estamos en el siglo 21 y Un Mundo Feliz y 1984 cada día se hacen más reales.

Fabián Ariel Gemelotti

domingo, 7 de julio de 2019

No es tan malo ser un burgués

La burguesía, esa palabra "maldita" que muchos no comprenden

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

No es una palabra nefasta "burguesía". Pero siempre nos metieron en la cabeza que todo lo malo "es burgués". Como si decirle "burgués" a alguien es insultarlo. Burguesía tiene su etimología en los burgos de las ciudades modernas, de ese paso fundamental del Medioevo a la Modernidad. El burgués es el que lleva adelante la transformación de las ciudades, mediante la actividad bancaria y comercial. Entonces es denotativo decir "es feo ser burgués". El marxismo usa la palabra "burguesía" para denominar al capitalista, término que es usado en un contexto histórico del capitalismo industrial e imperialista. Marx usa muchas palabras que son propias de los teóricos del siglo 19. Pero el siglo 20 es otra cosa. Es como querer ser anarquista y tirar bombas en pleno siglo de la internet. Queda como algo del romanticismo teórico del anarquismo romántico. El siglo veinte tiene dos paradigmas fundamentales: la conformación del capitalismo industrial con el financiero. Y la división entre capitalismo industrial nacional o capitalismo dependiente imperialista. Argentina en 1945 decide formar un capitalismo industrial nacional. Por eso el Peronismo necesita crear una burguesía nacional industrial. Perón no es un utópico teórico de barba y bigotes con un libro de marxismo bajo el sobaco. ¡Noooo!!! Perón es un hombre práctico. Y crea una industria nacional. Favorecido por la coyuntura de la pos guerra, lo cual es favorable en recursos para un país como Argentina que vende trigo a Europa, el Peronismo da nacimiento a la clase media pequeño burgués y a la burguesía industrial. Se crea legislación laboral que protejan al asalariado. Y esas leyes favorecen la distribución del dinero. Nace la sociedad de consumo. Ese consumismo masivo y popular genera odios en los "dueños del país", en la oligarquía agraria que quería un país sin burguesía nacional. La burguesía molesta, porque el oligarca quiere manejar a la población como patrón de estancia: sin leyes y que la torta no sea repartida.
El Peronismo es reparto de la torta. La torta se reparte entre todos: burguesía y trabajadores. No es mala palabra "burguesía". Pero como siempre nos seguirán metiendo en la cabeza que "somos unos burgueses malditos".
A mí me gusta ser burgués y vivir como un burgués. Por eso soy Peronista, y sobre todo, por eso soy Kirchnerista.

Fabián Ariel Gemelotti

sábado, 6 de julio de 2019

Fumar es un placer

Fumar es uno de los grandes placeres de la vida

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

Fumar es un placer. Fumo desde los 16 años. Pero mi primer cigarrillo fue a los 12 años, como una travesura de niño cuando iba a las prácticas de yudo en el Club Libertad de barrio Azcuénaga. Tenía un sótano el club y ahí con otros chicos nos fumamos un 43/70 cada uno. Fue nuestro primer cigarrillo. Después le robaba a mi padre un Jockey cada tanto y me lo fumaba en un campito. Eran los primeros cigarrillos de un futuro fumador. A los 16 en cuarto año de la Dante empecé a comprar cigarrillos. Compraba los Imparciales diez (que dejaron de salir a fines de los ochenta ) Y fumaba nada más que los fines de semana. Pero no podías ir al boliche con Imparciales, porque era un cigarrillo que tenía un olor muy particular. Las chicas no fumaban Imparciales. Entonces empecé a fumar Marlboro importados. Los vendían en la Terminal de Ómnibus o en un kiosko que estaba al lado del bar El Cairo (cuando El Cairo era un bar bodegón y no un bar de caretas). Ese kiosko vendía de todos los países. Uno fumaba de Inglaterra, Estados Unidos y hasta de Israel. Eran los tiempos de la dictadura y la destrucción de la industria nacional (empezaba el proceso de saqueo y nacía el neoliberalismo en el mundo) Entonces uno fumaba importados, que no eran baratos. Pero siempre tenía una moneda para comprarlos. Pero con el tiempo me hice de Marlboro, el de paquete de papel. El clásico. Marlboro nacional. Ese cigarrillo que identificaba la vida con el deporte. Yo siempre hice deportes, pese a fumar diez cigarrillos por día. Hice natación, corrí picadas en moto y artes marciales y fierros. Pero nunca pude dejar de fumar. Amo fumar. Soy fumador por placer.
En la facultad se fumaba en el aula. Era pura humareda. Algunos docentes abrían las ventanas para que el humo huya de los salones hacia el patio de Humanidades. Todo el mundo fumaba, y el que no fumaba era "raro o moralista" (ese concepto era muy de los setenta). Pero eran fines de los ochenta. Los muchachos de la JP fumaban Jockey (nacional y popular) Y los muchachos de la izquierda fumaban armados (se hacían los pobres). Yo fumaba Marlboro. Nunca me gustó hacerme el pobre, porque no soy pobre. Tampoco soy rico. Soy clase media con buenos ingresos. Nada más. Entonces recuerdo esos cuestionamientos idiotas de la izquierda a mi persona porque yo fumaba Marlboro ("sos un burgués" "bla bla bla bla bla bla") Ellos siempre se metían en la privacidad de uno. Si iba a la facultad en moto deportiva: "¡sos un burgues!". Si aparecía con una novia rubia de ojos grises: "es una burguesa". ¡Mierda, la izquierda siempre fue moralista!!!! Entonces el Marlboro era el cigarrillo revolucionario de mi revolución personal. Yo fumaba Marlboro por placer, porque el placer es superior a cualquier pertenencia ideológica. Ahí está el individualismo que te hace libre. Marlboro era el cigarrillo que amaba. Amaba su diseño y porque era provocativo en cierto modo. Después en los noventa se impone la cajita sobre el paquete común. Esa cajita de Marlboro tan bella y tan revolucionaria, esa revolución del individualismo pequeño burgués de la vida de la clase media. Después salieron otras cajitas: de diez anchita (la más bella de todas) y coleccionables (la negra de diez con líneas rojas; la metalizada y otras que ahora forman parte de mi colección de marquillas). El Derby fue desplazando al Jockey en los noventa, porque el Derby era más barato. Su paquetito también era muy bello. Y vinieron series limitadas del Mundial y turismo de carretera.
Fumar es un placer. Casi todas mis novias fueron fumadoras. Salvo dos que no fumaban y les molestaba el humo. Fumar es un gran placer, porque es lindo fumar después de comer, cuando se defeca, y sobre todo el cigarrillo que uno fuma después de hacer el amor es el más placentero de todos. Tirado en la cama desnudo, con tu novia recostada sobre tu pecho y el cigarrillo compartido y ese humo que se expande por la habitación. Sexo y tabaco siempre fueron aliados.
La modernidad del siglo 21 viene con todo un discurso anti tabaco. El tabaco pasa a ser "algo sucio y demoníaco". La gente deja de fumar en tropas moralizantes. Primero es Córdoba, que prohíben fumar en los bares. Después toda Argentina prohíbe el pucho en lugares cerrados. Y los fumadores cagados de frío en pleno invierno fumando en las puertas de los bares. El fumador pasó a ser "un paria social" marginado y discriminado por los no fumadores. Y las tropas moralizantes de ex fumadores se transformaron en "evangelistas" del "bien" contra "el mal". Ser fumador pasó a ser un pecado para la modernidad neoliberal. El neoliberalismo impuso estilos culturales y una moral que ataca constantemente los placeres individuales. El neoliberalismo es "un colectivismo de muerte de la subjetividad". Del desenfreno y el individualismo creativo pasamos, en un par de años de ajustes y saqueos, a la muerte de la individualidad. Y eso se empieza a marcar en los nuevos paquetes de cigarrillos con fotos intimidatorias sobre "enfermedades físicas" que producen el fumar. Entonces uno ve a una mujer embarazada o un feto o un pulmón negro en la cajita de cigarrillos. Esa morbosidad impuesta por ley fue festejada por los saqueadores de la subjetividad.
Pero repito, fumar es un placer. No fumo mucho. Solamente diez por día. Los cuento. Fumo por placer, y tengo mis dos cigarrillos mañaneros. Mis tres cigarrillos de la tarde. Mis cinco cigarrillos de la noche. Diez por día. No podría vivir sin fumar, porque me gusta fumar después de comer, cuando voy al baño y sobre todo tirado en la cama desnudo y sentir el calor de una mujer y que el humo se mezcle con los olores del sexo.
Fumar es un placer.

Fabián Ariel Gemelotti