jueves, 20 de junio de 2019

El deseo

El Cristianismo y el sexo

(f.a.g.)

El miedo es el arma más importante. Muchos deben pensar que soy muy Cristiano. Nooooo. Soy muy ateo. No creo en ningún dios y no práctico ninguna fe religiosa ni política. Tengo miedo de lo que está pasando, terror y le tengo más miedo a la gente que al virus mortal. Tengo miedo, terror de la piel de este mundo que ha girado a un fascismo muy grave. Miedo y terror a hablar de política, miedo y terror a muchas cosas. El miedo produce dos cosas: encerrarse en uno mismo o exponerse escribiendo. Todo esto da miedo. Y escribir da miedo en un mundo fascista y no digo más nada. No quiero hablar de la "realidad". Voy a lo mío, la Historia y la Filosofía que son más placenteras que las estupideces que escucho de la gente. Da miedo escuchar tanto fascismo y oler tanta porquería en el ambiente poblacional.

El Cristianismo
Si hay algo obtuso y determinante de las conciencias de las personas ese es el Cristianismo, con toda esa carga emocional y moralizante que obstruye el pensamiento libre. El Cristianismo surge como una necesidad de moralizar las conciencias. No estoy de acuerdo con los que plantean al Cristianismo como un movimiento de "libertad". Los que leyeron mi libro La puerta de entrada al Infierno (2016) y el capítulo sobre Jesús saben de lo que hablo. Jesús fue un profeta más de su tiempo. Un ser ignoto que ningún historiador contemporáneo lo tuvo en cuenta. Josefo le dedica dos líneas nada más, y lo nombra como un ser obscuro y sin predicamento. Y otros pensadores contemporáneo no lo nombran.
El Cristianismo trabaja dos cuestiones sobre la conciencia: la culpa y el pecado. La culpa es consecuencia del pecado. La persona al ser pecadora entra en culpa. Y el amor es en las conciencias un proceso de culpa. Culpa o culpas, da lo mismo singular que plural. Hay una culpa originaria: la culpa por desobedecer el mandato de Jehová. El primer amor puro de Adán y Eva y la desobediencia al mandato del fruto prohibido es la culpa originaria de la humanidad. El hombre está en pecado. El hombre entra en la culpa. Para el Cristianismo, heredero del mandato de Israel, el amor es monogámico. "No fornicarás a la mujer de tu prójimo", la primer regla monogámica. El Cristianismo no surge en el siglo uno, surge tardíamente en el siglo tres o cuatro. Tres siglos es el proceso del Jesús ignoto a una religión universal y moralizante. Lo lacerante, la familia como eje de la moral, y el amor único de pareja son las bases de una religión que se expande con el látigo y el horror por el mundo Occidental. Las religiones y la cultura de la Antigüedad anterior al Cristianismo no laceraban los cuerpos, porque los dioses griegos y mesopotámicos no eran determinantes del deseo de los cuerpos. El Cristianismo viene a aplacar el deseo y crea la fantasía del amor único y lo impone como dogma moral. Y toda la literatura de Occidente estará atravesada por esta moral monogámica. "Te amo y muero por vos y nunca amaré a otra mujer que no seas vos", frase encarnada en nuestra conciencia a fuego por ese amor único que el Cristianismo metió en nuestra conciencia. El Cristianismo es la muerte del deseo. El Cristianismo es la muerte del cuerpo y de la carne que sucumbe ante ese amor único y universal.
Nadie está condenado a un solo amor. Nadie está condenado a amar a una sola persona en toda su vida. Hay muchos amores, y amores dobles y triples. Y múltiples. Se termina un amor y empieza otro. Hoy amamos a alguien y mañana amamos a otros. Es egoísta y determinante pensar que no hay amor después de haber amado intensamente a alguien. Y tambien es egoísta creerse poseedor del cuerpo de alguien como si sería una propiedad privada y uno el dueño del deseo del Otro: el amor es libre. Eso lo lindo de la vida, que seamos libres para amar muchas veces en nuestra vida; amar diferentes estilos de personas. Hoy amamos a una rubia y mañana a una morocha. O la amamos a las dos al mismo tiempo. Y la rubia ama a otro hombre. Y la morocha a otro o a otra. Porque el amor no tiene género. Y no tiene límites de ningún tipo. El Cristianismo es todo lo contrario a lo que dije, porque aplaca y reprime la libertad de amar libremente un cuerpo.
El Cristianismo es la condena del presente. 2000 años de estupidez.

Fabián Ariel Gemelotti
(Jueves 20 de junio de 2019, diez de la mañana/corregido lunes 26 de abril de 2020, una de la madrugada)

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