sábado, 8 de septiembre de 2018

El punk

EL PUNK

(f.a.g.)

Siempre me gustó el rock fuerte, violento y de golpes al estómago. De chico me gustaba muchísimo Sumo, era fanático. Y Virus y Miguel era como un espiral para mi salud adolescente. Me gustaba Metálica, y esos ruidos. Sepultura también me llegaba. Y los Violadores fueron un culto, cuando los descubro me hice adicto a su música. Nunca me gustaron Charly ni Soda ni Fito, los veía como un rock aburrido. Nunca hablé de ellos, pero a Fito siempre le tuve bronca. Soy fanático enfermo de Newell's y recuerdo el día que en el estadio de la Lepra salió con la camiseta de Central, ese día quería matarlo. Después pasan los años y uno se ríe porque los años te aburguesan. Me gustaban las manoplas, las camperas de cuero y las motos negras y las calaveras y la suciedad de los peinados revueltos y los aros. Y las maquinitas de vídeo eran mi enfermedad. Y me atraían las mujeres salvajes onda Inglaterra. Recuerdo que me gustaba la bandera inglesa y tenía una remera para los recitales de rock. Me gustaba Attaque, pero Sumo era mi devoción. Así nace el rock, en lo salvaje de la saliva de la vida. Odiaba a los hippies y a la cultura bolche, yo me identificaba con lo más sucio y salvaje y la anarquía punk y el nihilismo del rock y toda esa cosa pesada. Le ponía cadenas a mi moto y calcos y el pelo largo y la campera de cuero. Eso es vida, eso es rock y cuando veía un bolche quería reventarlo. Eran los ochenta, la década del rock fuerte y violento, la década del odio a la naturaleza y al amor del planeta y el odio a la cultura hippie. El año pasado conocí una chica con onda punk. Pero ella no conoció los ochenta, pero le gustaba usar el "K" en lugar del "C". El "K" es parte de la cultura punk, pero ya no son los ochenta. Y ella no era punk, por más que miles de tatuajes estaban ahí en su cuerpo queriendo ser punk. Es otra generación, más liviana, menos violenta y donde miden su impronta en las redes sociales y no en la calle en un mano a mano. Las cadenas y las manoplas son nuestras nada más. Pero así y todo Ella me devolvió la nostalgia punk con esa onda mezcla de feminismo reciclado y campera de cuero y tatuajes y la "K" en el Wassap siglo 21.
Todos recordamos el filme Bolas de fuego, donde el rock revoluciona la música en Estados Unidos. Después recordamos esa fascinante película Calles de fuego, donde un muchacho salvaje vuelve de la guerra a salvar a su novia estrella de rock. Hay peleas callejeras, motos y camperas de cuero. El chico salva a su chica y el chico es salvaje. Amo Calles de fuego, en los ochenta revolucionó a mi generación. La naranja mecánica también rompe con estereotipos, y se anticipa al punk. El ácido, las drogas fuertes y los barrios proletarios de Londres sirven de escenario al cuestionamiento de la sociedad burguesa inglesa. Y Beethoven y su Missa Solemnis se hace contestataria. El cine se anticipa. El cine es un arte contestatario. Recuerdo ver Sid y Nancy, esa fascinante biografía fílmica de Sed Vicious, en el cine Capitol, allá por 1989. Me fascinó ver esos pelos revueltos, esas camperas de cuero y manoplas y mucha música violenta. Escuchar God Sabe The Queen me hizo llorar. El punk logra que una lágrima sea una lágrima, y no un mero llanto amanerado.
El punk nace en los setenta como contracultura a la cultura hippie. Nace en Londres, cuna de la "ultraviolencia'. Su idioma es el inglés, y su forma de manifestarse son los pelos revueltos y las camperas rotas y pantalones rotos. Lo roto es una forma de decir que "uno es diferente a todo". Un poco freaks viene la mano. En Argentina Riff, esa banda emblemática nacional, nos anticipa lo que vendrá. Y entran en escena Los Violadores, una mística del punk nacional. En plena Dictadura se animaron a cantar en inglés. Y a usar ropa sucia, en un país "derecho y humano". Recuerdo ver a Los Violadores siento muy chiquito. Mi primo me llevó. Ver gente fumada, oler un porro por primera vez, y ver que las chicas te miraban y eran liberales, me produjo conflictos muy serios con mi moral católica de chico criado en una escuela privada y muy católica. Pero ese día comprendí que amaría la música punk. Charly García, Fito, Baglieto me aburren, me parecen música ultra aburrida; pero escucho Attaque 77 o a Sumo o a los Violadores y me vuelvo loco. Dicen que la música te pega o no te pega. La música es como una mujer, si te calienta fuerte la primera vez te la vas a querer coger siempre. Eso es punk.
El punk nace under, porque nace de los conflictos callejeros, nace en la pelea entre bandas, nace en el fango del polvo echado detrás de una planta en un parque poblado por mojigatos. En plena Dictadura el punk sirve como resorte de choque. Las revistas de rock le dan la espalda, no sea que la nueva música destrone a las bandas que cuidaban sus dividendos. Joey Ramone inspira una forma diferente de manifestarse. Hace una música que transpira la camiseta.
El punk va a la esencia de la explotación capitalista, va a la esencia no como lucha partidaria, sino como lucha ideológica. Los Violadores en Represión, de culto, nos dice: "semanas largas, sacrificadas/trabajo duro, muy poca paga/desocupados y no pasa nada/¿dónde está la igualdad lograda?"
El rock no es un mero pasatiempo, quizás el rock al hacerse punk le da a las clases explotadas su única forma de rebelión hacia el patrón.

Fabián Ariel Gemelotti
(domingo 9 de septiembre 2018, una de la madrugada/Revisado y con agregados y corregido nuevamente miércoles 27 de mayo de 2020, dos de la madrugada)

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