viernes, 13 de marzo de 2020

Pandemis

Pandemia (recordando a Matheson)

(f.a.g.)

Uno de mis libros preferidos es Soy leyenda, de Matheson. La novela habla de una pandemia que transforma a los humanos en vampiros. Un solo sobreviviente debe luchar contra la humanidad. Se habla de la soledad y sobre todo de la supervivencia. Matheson es mi escritor preferido en ciencia ficción. Hace veinte años fui a una charla que daba sobre ciencia ficción en Los Ángeles. Me impresionó su rostro, un rostro de persona solitaria. Le dí la mano y le regalé dos libros míos. Quizás no los leyó y los tiró a la basura. Eso hacen la mayoría de los consagrados con los autores desconocidos. O quizás lo leyó. Me hubiese gustado que me diga si les gustó o son porquería. Admiro su obra y su palabra me hubiese servido para mejorar mis escritos (o no).
Las pandemias siempre existieron. Hay pandemias reales y pandemias ficticias. Una pandemia tiene mucho que ver con la locura. Las sociedades se vuelven vulnerables ante el peligro y el peligro las hace egoístas y salvajes. Una pandemia es real pero también es una mentira. Recuerdo que en los setenta ser Montonero era una pandemia. Yo era un niño y un día llega mi tía a mi casa y le dice a mí mamá: "me están buscando". Yo no entendía qué era buscar a alguien. En los setenta si te buscaban era para matarte. Y la gente te aislaba si eras Peronista. Yo me enamoré de ese Peronismo. Soy Peronista por mi familia. Pero no soy muy Peroncho, el otro Peronismo nunca me convenció. A mí me quedó esa imagen de la búsqueda del distinto. Montoneros era para el común de la gente una infección y la gente odiaba a Montoneros. Ahora todos se dicen Peronistas. Este Peronismo no me interesa, nunca me interesaron las mayorías. Por eso me gusta Matheson y su obra, habla de soledad y para el gran escritor norteamericano las mayorías siempre eran las pandemias. La infección toma el cuerpo social y a partir de ahí se mete en la conciencia grupal. A diferencia de Montoneros, estas pandemias vienen de afuera. El neoliberalismo es una pandemia. Estamos en tiempos de un capitalismo que infecta a las economías mundiales. Estamos en el final del camino hacia una sociedad robótica y de esclavitud.
El rostro de Matheson lo tengo presente, porque ese día me dí cuenta que para escribir hay que ser solidario y odiar a la humanidad. No se escribe desde el amor, se escribe desde el odio. Por lo menos, así funciona mi literatura

Fabián Ariel Gemelotti
(Viernes 13 de marzo de 2020, una y cuarenta de la tarde)

viernes, 6 de marzo de 2020

Ser feliz

El mundo gira y me voy a caer (f.a.g.)

Me da risa la gente. Hoy un compañero de trabajo me dice: "no te hagas mala sangre siempre estás enojado". Y sí es mi personalidad. Nunca me gustaron los chistes y tomo la vida en serio. Hay que ser responsable en todo. Tomar todo en serio no quiere decir que uno no lo disfrute. Pero veo gente que la vida parece un chiste, se ríen de todo. Siempre sonriendo. Siempre cumpliendo con el mandato social. Una compañera de trabajo, que es una gran compañera que tengo mucha confianza, me dice: "no podés salir con dos mujeres y las dos pendejas. Te vas a tener que plantear que te van a dejar dentro de unos años". Y sí claro que se va a terminar dentro de unos años. Me interesa el presente y mi vida es presente. No me interesa el futuro. "Una de tu edad tenés que buscarte", "tengo alma juvenil y me gustan las pendejas". Mi amiga me vive mortíficando. Yo me río porque es sincera. Todo el mundo es asi, necesita verlo a uno "casado, ahorrativo, oficialista, formal, y envejeciendo" Yo soy todo lo contrario: "gastador, vivo como un burgués, rejuvenezco, viajo, leo y no me interesa la apariencia social"  Nunca me interesó lo material, ni hablar de dinero ni aparentar nada. Si viajo paro en un cinco estrellas no amarreteo. Si compro ropa que sean pantalones de marca y remeras de marca. No me voy a poner camisas baratas y usar zapatos feos. No pierdo el tiempo en salir con mujeres grandes que me cuentan sus divorcios y quieren darte consejos matrimoniales. Si salgo que sean pendejas. Son menos complicadas y la paso mejor. Mi compañera me dice: " tenés un imán para las pendejas". Hoy me ve con una y mañana con otra. Debo tener un imán. De pendejo tenía un imán para las viejas. De grande un imán para las pendejas. Después de los cuarenta se me invirtió el orden. En la seducción hay una cuestión de ser positivo. Me propongo una mujer y la consigo. Siempre positivo. No entiendo a los hombres que para seducir se hacen mil planteos. Es algo muy fácil seducir a una mujer. Hay que practicar. Toda mujer tiene su punto débil, ahí hay que atacar. Por ahí se entra.
Cada cual es feliz a su manera, yo soy feliz escribiendo lo que escribo, nadando contra la corriente y tener muchas mujeres. No quiero monogamia. No quiere ser esclavo de un matrimonio. No necesito estabilidad porque eso me aburre. Necesito vivir bien, tener buena ropa, comer bien, tomar buen vino y seducir. Pero la gente piensa que uno vive enojado de la vida porque escribe sobre el Gobierno y lo odia. Para nada, es un placer escribir esto. Me gusta el conflicto, lo disfruto. Me gusta el sexo. Me gustan las banalidades. Me gusta la literatura norteamericana. Me gusta vivir lo mejor que pueda. La vida se termina un día y te morís y ahí se cierra todo.
Pero eso sí, con mi hija no se metan.

Fabián Ariel Gemelotti

miércoles, 4 de marzo de 2020

Putos eran los fe antes

Putos eran los de antes

(ensayito a la hora de la leche)

(f.a.g.)

Que cada día hay más putos no es novedad. Hay putos por donde mires, y ser puto es la moda del presente (el estatus del puto). La literatura antes hablaba del puto y decía "puto", pero los tiempos presentes con todo el engranaje "feminista" y esas cuestiones ha matado a las palabras. ¿Qué sería de la vida de Bukowski, Fante, Céline, Lamborghini y Miller en estos tiempos? No podrían escribir, porque los putearían todos. ¿Te podés imaginar a Bukowski hablando de las feministas en las redes? Creo que lo colgarían de un árbol. Hay muchos putos en Argentina, eso es bueno porque así más mujeres para uno. Hay afeminados y maricones y putos bien machitos. De esto voy a hablar.
El otro día siento gritos en mi barrio. Eran las cuatro de la tarde. Yo estaba durmiendo la siesta abrazado a una novia. Y sentimos insultos y patrulleros. Miramos por la ventana y la policía tenía a una mujer esposada sobre el patrullero. Nos cambiamos y salimos a la calle y preguntamos a Alberto, un vecino muy chistomoso y que siempre está al pedo y quién está al pedo es chismoso. Alberto nos relata lo sucedido: "parece que vino la Antonia a la casa. La Antonia había ido a la peluquería. Y parece que al entrar a la casa lo ve a Mario ahí abajo chupando la cosa del albañil. Y agarró un palo y le pegó en el pito al albañil y parece que se la arrancó." Me quedé asombrado porque Mario es bien masculino, no es afeminado. Y uno tiene en la mente esa imagen del puto afeminado. Y Alberto sigue el relato: "parece que al Mario le gusta la masita". Y con mi novia nos vamos adentro. Y ahí le doy lecciones de terminologías barriales sobre putos: masitero: el que se la come; mantequita: el pibe blandito, cagón y un poco amanerado; puto viejo: el viejo que levanta chongos; chongo: el negrito villero que se coje viejos; manga cuarta: los putos rubios; cucharita: las lesbianas, porque hacen la cuchara en el sexo. Mi amiga me mira y se ríe. Es pendeja, bueno pendeja para mí. Ya tiene 22 años y no es tan pendeja. Pero sigue siendo joven. Otra generación. Mi generación cogía mucho. Vivíamos para levantar minas. No salíamos a pegarle a nadie. Salíamos a coger. Se iba al baile a coger. Mi amiga me dice algo interesante para este escrito: "los de mi edad chupan mal la concha". Una frase muy interesante pero no sé. Cuando tenía veinte me cogía una mina casada de cuarenta y siempre me decía: "los de mi edad no chupan bien la concha". Todo es cuestión de ego. Sin ego no hay sexo. Sin fantasía no se coge. Lo importante que todavía se para. Mientras funcione, la vida fluye hacia la angustia y la alegría.

Fabián Ariel Gemelotti.

sábado, 29 de febrero de 2020

Soy peronista

¿Soy Peronista? 

(Pensamiento político)

(f.a.g.)

Estos últimos meses me puse a pensar si soy Peronista o soy de izquierda o anarquista o qué soy. Siempre estuve a la izquierda de todo, nunca en el medio y menos a la derecha. Soy Peronista por mi familia. Me crié en un hogar Peronista. Milité en el Peronismo. Pero siempre a la izquierda. Voté a Menem en 1989, ¿engañado o por nostalgia? Creo que por nostalgia, porque el peronismo es eso: nostalgia por los símbolos del movimiento. Pero también el Peronismo es ideología y clasismo. Y yo estoy con el peronismo de base, clasista y contra la oligarquía agraria y contra la burocracia sindical. Hay muchos Peronismos, pero yo me ubico bien a la izquierda. Y si soy de izquierda nunca podría apoyar a este Gobierno. No apoyo a este Gobierno porque no cumple con lo que es el Peronismo que yo profeso. No cumple con lo que uno votó en octubre, porque nuestro voto no quería sumisión al FMI y tampoco quería ajustes salarial ni persecuciones políticas. Yo quería un peronismo contra la oligarquía agraria, porque ahí se concentra la acumulación capitalista.
Poco a poco van a ir tocando los bolsillos de cada sector, a todos les va a llegar el ajuste. Hoy soy yo y mañana podés ser vos. Así comenzó el Menemismo, primero fueron los ferroviarios y después fue Aerolíneas, Entel, Correos y todos. Este Gobierno viene por todos y está dispuesto a todo y no tiene límites ni miedos en tocar tu bolsillo.
¿El Peronismo es revolucionario? El Peronismo sí es revolucionario, porque el Peronismo le da identidad a la clase trabajadora y la incorpora al consumo capitalista. Y eso es revolucionario, en un país donde la oligarquía era la dueña de todo. Pero el Peronismo también es patronal, porque cede también su pedazo de torta a los empresarios y permite la explotación capitalista. Esa conciliación de clase Peronista es la que fragmenta al Peronismo y lo divide dentro del movimiento. El Peronismo tiene muchas lecturas posibles, desde Cooke pasando por Montoneros y enfrente la burocracia sindical y en el medio los tibios del movimiento, que balancean según las circunstancias.
Nunca podría apoyar a un Gobierno como este que nos somete, que niega a los presos políticos del macrismo y que da migajas y se somete a los intereses del agro en pos al mandato del FMI.
Sí, soy Peronista. Muy Peronista. Siempre a la izquierda de todo en mi vida. Nunca en el medio y menos a la derecha. No podría apoyar a este Gobierno nunca, porque este Gobierno es la continuación de las políticas de vaciamiento de Macri y Alberto es sobre todo un disciplinador de la ideología Peronista y está corriendo del lugar revolucionario que alguna vez tuvo el Peronismo y llevándolo a la derecha. En definitiva el Peronismo está marchando hacia la conciliación con los intereses del gran capital. El peronismo oficialista actual es de derecha pero se vende como progresista. Así comenzaron los fascismos y así nació también las tres A. Pero este es otro mundo y los monstruos de estos tiempos se llaman mercado y conciliación. Una conciliación de clases al servicio del capitalismo y del Imperialismo. Y eso no es Peronismo.

Yo soy peronista. Los que no son Peronistas son los que apoyan a este Gobierno, pero te corren con el discurso que son Peronistas. Un mundo al revés es la consecuencia de 4 años de macrismo donde las centrales obreras fueron funcionales al modelo macrista y tan culpables del endeudamiento como lo fueron los macristas. Así que no me vengan con que este Gobierno vino a reconstruir el país. Al revés, vino a hacer la última entrega y entregar al país en bandeja al FMI.

Fabián Ariel Gemelotti
(29/01 febrero/marzo de 2020)

viernes, 28 de febrero de 2020

La política

La política es un gran negocio (ensayo)

(f.a.g.)

A veces pienso que no se puede ser tan intenso y sincero cuando se escribe, porque eso hace que uno caiga en la pasión. Y la pasión no es la razón. Y no sirve, porque te llenás de enemigos sin ninguna razón. Hoy subí algo a internet muy pasional, esos escritos cortos que no me sirven a mí y tampoco sirven para explicar algo. Y alguien me dijo algo ofensivo: "te vas a quedar solo si seguís pensando así. Y creo que no estás preparado para eso  Y yo también voy a alejarme". Digo ofensivo porque en esa frase se encierran cosas personales, y es como decirle a alguien: "sos un infeliz porque pensás así". Es una especie de chicana bien armada para destrozar la voluntad de alguien. Pero yo estoy preparado para eso, y acostumbrado a los golpes de la vida. Mi familia sufrió la dictadura, mi tía exiliada, un tío muerto e ingresaron los servicios a mi casa en 1977 y revolvieron todo a punta de pistola en la nuca de mi padre y madre y a mi hermano y a mí también nos pusieron una pistola en la cabeza siendo niños. En los 90 mi padre pierde el trabajo por las privatizaciones. A mí en 1996 me censuran mi primer libro publicado y lo sacan de las librerías y secuestran los ejemplares. Único caso en la historia de la ciudad de censura y prohibición de una obra literaria. Y miles de cosas más. Si sobreviví a todo eso, puedo sobrevivir a miles de cosas más.
Hoy pensaba en todo esto y me amargaba. Y lo hablaba con amigos que conozco de hace años y saben de mi vida. Hoy también pensaba si uno no comete un error en criticar tanto y esas críticas terminan embarrando lo que uno quiere decir. Mientras pensaba me suena el teléfono a las seis y pico de la tarde. Era María Sol desde Capital Federal. Y me preguntaba si estaba llegando a Retiro. Le dije que no iba este finde. Ella me esperaba. Pero salí mal del trabajo hoy, muy estresado y cargado de tensión y me subí a un taxi y me vine a mi casa a dormir unas horas y me olvidé de avisarte que no iba. Esa conversación me hizo bien porque María Sol me dijo que me ama y me extrañó muchísimo. Tengo que admitir que tengo mucho ego con las mujeres. Necesito que me quieran las mujeres. Necesito tener muchas mujeres. Muchas. Y soy pretencioso, mujeres muy lindas. Y de clase media. En eso tiene razón mi detractor que me dijo que voy a quedarme solo y no voy a bancarme la soledad . Tiene razón que no me bancaria la soledad, la soledad femenina nunca me la bancaria. Necesito del sexo como el borracho del alcohol. No puedo vivir sin mujeres ni sexo. Creo que nunca estuve más de diez días sin hacer el amor. Ahí sí tiene razón, yo no puedo bancarme esa soledad. Amigos hombres tengo muchos, pero la amistad es algo sagrado. Cuatro grandes amigos se suicidaron, y tengo cinco amigos leales ahora nada más. Los demás son conocidos. Y mis grandes amistades son del trabajo. Y un solo amigo por fuera de mi trabajo. Creo que la verdadera amistad es algo de clase. No podría tener un gran amigo por fuera de mi actividad laboral. Sería muy difícil sostener esa amistad. Ni muy ricos ni muy pobres. Clase media, diríamos. No es por desprecio ni nada de eso, simplemente por una cuestión de identidad y temas afines. Uno de mis mejores amigos es alguien importante. Lo conozco hace más de veinte años de la facultad. Un gran tipo. Una persona humana. Un laburante a destajo. Se baja de su gran cargo y hablamos a lo llano. Hemos militado juntos hace años en el trotskismo revolucionario. Un tipo muy leído y muy inteligente. Más grande que yo y aprendí mucho de él.
Creo en las clases sociales. Me crié en un ambiente Peronista, pero siempre fui crítico al Peronismo. Y creo que la política es un gran negocio. Mientras yo me peleo con alguien trabajador como yo por política, los políticos hacen sus negocios. Es un negocio ser diputado o senador, y no hablo de corrupción, hablo de negocio. Negocio porque toda la familia de los políticos terminan ubicados en puestos en el estado. Eso es algo que nadie ve, entonces el kirchnerista, el macrista, el radical y todos se emparentan porque viven del negocio política. Hoy le toca a X y mañana a Y. Y mientras tanto bajan línea para que nosotros nos vivamos peleando e insultando y agrediendo gratuitamente. Ellos hacen el negocio. Cuidan lo suyo, porque viven de la política. Por eso me parece una jugada jodida eso de cuestionar a jueces y funcionarios de carrera judicial, porque el juez es un trabajador jerarquizado. Nada más. Aporta a una caja y labura. El político no aporta y se jubila y vive de los aportes previsionales de otros. Y yo me peleo con X y X me dice "fracasado y te vas a  quedar solo en tu pensamiento". Pero X es un trabajador, es mi misma clase social. Es lo que Maquiavelo decía "divide y gobierna". Entonces se inventan los partidos políticos, y se divide a la gente en peronistas, radicales, troskos, Socialistas y lo otro. Y católicos, evangelistas. Y abortistas y no abortistas. Entonces todos se viven insultando y peleando. Mientras tanto el político hace sus negocios. Y vive de la política. Así pasa también con el sindicalista. Pero los que laburan son las bases, que sufren el maltrato laboral y ponen el cuerpo ante la patronal. Lo que Cicerón decía: "la política es el arte del engaño para que el esclavo sea esclavo".
Todo pasa por las clases sociales, y la conciliación de clase es un engaño del político para mantener su negocio. ¿De que sirve pelear entre laburantes K y M y T?  De nada, porque los tres son clase trabajadora. Los tres deberían unirse contra los verdaderos opresores que son los políticos de clase que son los que negocian con la patronal la opresión del trabajador. Esto que suena tan simple es lo que casi nadie pude asimilar. Entonces viene alguien laburante y dice: "Kristina Yegua" y van otros laburantes también y lo revientan a trompadas. En esa pelea se pierde la identidad de clase.
No sirve ser tan intenso en una sociedad tan tibia y tan ganada por el negocio de la política. No sirve escribir tanto porque nadie lee con la razón. Se lee como se ve un partido de fútbol y en la tribuna de la vida el Peronista obrero se abraza al empresario explotador Peronista. Se abrazan porque en ese abrazo se rompe la conciencia de clase en pos de ideales políticos y no clasistas.
Es así. Pero cuesta entenderlo.
Ahora sí me como la hamburguesa y me tomo mi cerveza. Me lo merezco porque soy un laburante y nadie me regala nada.

Fabián Ariel Gemelotti (sábado 29 de febrero de 2020, una de la madrugada)