sábado, 14 de noviembre de 2020

Los libros que deben ser leidos

Los libros que merecen no ir a la hoguera

(f.a g.)

La conjura de los necios es un libro que me aburre. Nunca me gustó. Pero sí me gusta la historia que hay detrás de este libro. John Kennedy Toole fue un escritor torturado (o por lo menos eso dicen los que hicieron de su obra un gran negocio) que se suicidó a los 32 años (1969). La madre de Kennedy fue Thelma Toole, y cuando la obra en 1980 se publica usan el apellido de su madre para dar a conocer a este autor. El padre era John, y pasa a ser conocido el autor de La conjura... como John Kennedy Toole. Su madre lucha años recorriendo editores para que publiquen la novela del hijo. Finalmente un editor cree estar frente a una obra única y se publica el libro. En 1981 gana el premio Pulitzer y la obra se inmortaliza. Pasa a ser de culto. Pero detrás de esta novela hay cosas que nunca me cerraron. El autor deja todo en cuadernos. La madre retoca mucho y los editores corrigen también. La novela es densa, en algunos pasajes aburrida y deja una extraña sensación de moral existencialista. No es una novela mala, es buena. Pero no es de mis preferidas.
Me apasiona Viaje al fin de la noche, es mi novela de culto. Con Céline me pasó que lo leí por primera vez a los 13 años, quedé fascinado. Fue un choque de cabezas lo que me dio vuelta todos los postulados de mi vida adolescente. Un profesor de Literatura del secundario un día me pregunta: "¿leyó a Céline alguna vez?", no sabía de qué me hablaba. Pero me fui a una librería y pregunté que podía leer de Céline y la vendedora me mostró Viaje al fin de la noche. Lo leí en una noche sin respirar. Nunca había leído algo así. Nunca vi tanta violencia junta en un libro y tanta estética minimalista (no sabía que era el minimalismo) Me enamoré del libro. Viaje... después me fue llevando a otros libros. Descubro a Fante a los 17 años. Y descubrí a Salinger a los 18. A Cervantes lo leo a los 11 años, el Quijote en una edición resumida de Billiken. A los 15 lo leo completo en una adaptación (o mejor dicho traducción) de Vargas Llosa, una adaptación al castellano moderno. Después Vargas Llosa sacará una edición aniversario hace unos pocos años, pero ya en los ochenta circulaba una edición de Gredo del Quijote adaptada (me gusta más traducida, porque el castellano del siglo 17 no es el castellano del siglo 20/21) por Vargas Llosa.
Me gusta Vargas Llosa, y el primer libro que leo de él es Pantaleón y las visitadoras. Siento devoción por Vargas Llosa, una devoción que me devoró el alma. Me fascina La ciudad y los perros y siento una locura muy grande por La Guerra del fin del mundo. Me gustó mucho Travesuras de la niña mala (2006) y El héroe discreto (2013) un autor con una pluma única, el más grande de América latina.
No me gusta Víctor Hugo. Los miserables me aburrió. Fue una tortura leerlo para una clase una vez. Creo que fue un castigo de los dioses. No me gusta Cortázar. Con Julio me pasa algo raro, no es que no me gusten sus textos. Me molesta lo que Cortázar significa para los lectores. Toda la gente que no lee libros cuando les pregunto qué leen me dicen que a Cortázar. Y eso me fue haciendo que le tomará bronca a sus textos. Si mucha gente lee a un autor es que el libro es malo. Es como el cine, no me gusta El padrino. No me cerró nunca ese filme tan amado por los críticos de cine.
Si Céline publica su obra maestra en 1932 en 1957 pública otro libro que también es una obra maestra, De un castillo a otro. Ferdinand fue colaboracionista del nazismo en Francia. Era nazi, de derecha, antisemita y racista. Pero escribía como los dioses, de corrido, sin respiro. Sus libros tienen pocas comas y no usa el punto y aparte con tanta estabilidad como usan todos los escritores. Su novela de 1957 es una denuncia a los aliados (escrita con violencia, odio y de corrido sin puntuación, sin comas, sin mayúsculas y todo mezclado como un vómito salvaje sobre el papel). Este libro cuenta la historia de su exilio en el castillo de Siegmaringen en 1944, entre oficiales nazis, artistas hambrientos y franceses nazis. El libro muestra otra cara de la guerra, donde los "malos" son humanos que sufren y los "buenos" tienen intereses económicos sobre los países liberados. Es un libro duro y violento. Pero el estilo y la estética no la vas a leer en ningún autor. Es vómito literario, esos libros que se escriben con la sangre y no con la moderación estúpida de la mayoría de los escritores.
La Literatura es un camino de tortura, no de placer. Hay libros de la tortura y libros del placer. Hay libros donde el sexo es la condición y ser explícito ahí hace jugosa la obra. Me gusta Bukowski, lo leía en los 90. Leí todos sus libros. Ya no lo leo más, pero ese estilo entre "fácil" y "vulgar" me gustaba. Me gustan los escritores que usan un lenguaje simple. Me molestan las personas que quieren hablar en difícil y para explicarte algo usan diez palabras difíciles y al final no dicen nada. Hay en Rosario dos libreros que cuando les pregunto por un libro me hablan con palabras "raras", nunca se les entiende qué quieren decir. Son "intelectuales de facultad", piensan que la literatura debe ser "difícil" y quien escribe "simple" no hace literatura.
Me gusta Jauretche, gusta ese estilo tan crítico de lo más pelotudo del Peronismo. El viejo siempre fue un destructor de la vulgaridad. Me gusta el Medio pelo. Me gusta Sarmiento y sobre todo su Facundo y Recuerdos de Provincia. Me gusta Carver y su prosa suave pero salvaje.
No me gusta Roberto Arlt, tengo que confesarlo. No me gustan Los siete locos, me parece un libro denso y muy sentimental. ¿Un rufián con sentimientos? Los rufianes deben ser salvajes y no tienen sentimientos. ¿Un anarquismo tan socialista? Odio al socialismo, me cago en los putos comunistas y mugrientos psicobolches. En Arlt todo es sentimental y claro. Leyó mucho a los rusos. Leyó mucho a Dostoyevski. No leyó a los norteamericanos.
El desierto de los tártaros es la novela que siempre quise escribir. Se me adelantó Buzzati y ahí está esa gran novela que me encanta. Mi abuela me regaló un ejemplar al cumplir 14 años y desde ese día el ejemplar está en mi mesita de luz.
Yo agarraría a Cortázar, a los rusos, a Arlt y a Víctor Hugo (a los dos Víctor Hugo, al de TV también) y haría una hoguera sanitaria. Hay escritores que merecen ir a la hoguera sanitaria.

Fabián Ariel Gemelotti

viernes, 13 de noviembre de 2020

Borges y lo mediático

Borges y los medios masivos

(f.a.g.)

a Alicia

Los medios masivos son un monstruo que se devoran todo; un asesino serial que como un pacman van comiendo y comiendo hasta que no queda nada. Los medios son un juego, pero un juego de Poder. Borges y el peronismo. Borges y el idioma. Borges y las mujeres. Borges y la novela. Borges y Cervantes. ¿Borges mal interpretado o Borges mediatizado y ridiculizado con la finalidad de ridiculizar la Literatura? Hay muchas cuestiones en Borges, porque está el Borges intelectual que muy pocos han leído y el Borges que aparece en TV a partir de la década del setenta como una forma de hacer un humor ridículo. Ese Borges es el que el común de la gente más conoce.
A los 11 años Borges tradujo a Oscar Wilde. Esa genialidad de manejar idiomas siendo un niño es patrimonio de los hijos de las clases dominantes, educados en Europa y con bibliotecas de clásicos a su disposición. Los hijos de la pobreza no terminaban ni la primaria y no leían a los clásicos. Estamos en los albores del siglo 20 y la cultura era patrimonio de los ricos. No es descabellado decir que Borges es un hijo de la cultura dominante. Por la otra orilla vendrá un Roberto Arlt sin educación, con pésima gramática y escritor con errores ortográficos. Dicen que Arlt nunca pudo distinguir entre "b" y "v", pero eso no interesaba porque estaban los correctores de los diarios y las editoriales; correctores cultos que terminaron en el olvido. Borges fue un traductor obsesivo, pero no fue un escritor obsesivo. Borges decía que una traducción podía superar al original. La Biblia, quizás el libro más traducido junto al Quijote, en las traducciones al latín superan en calidad a los originales; pero eso no quiere decir que el contenido sea fiel en el pensamiento. Pero en lo estético el latín cumple una función exquisita que transmite la estética bíblica en los años posteriores a la institucionalización del cristianismo. Borges creía, con mucha razón, que el idioma debía ser académico y no seguir los modismos del argot de la vida cotidiana.
El primer libro en prosa de Borges (fue un escritor de prosa, más allá que también fue poeta; un poeta suave y no tan exquisito) es Inquisiciones. El libro es publicado en 1925, una edición de autor de quinientos ejemplares. La edición está numerada del 1 al 5 en papel vergé y firmados por el autor. Del 6 al 500 en papel pluma. Borges siempre renegó de este libro, lo odiaba. Cuentan que cuando hablaba con alguien le preguntaba si tenía el libro. Esa pregunta era para pedírselo para quemarlo. Fue tanto su odio a Inquisiciones que recién se vuelve a reeditar en 1994, ya Borges muerto. Dicen que nunca más volvió a leerlo después que salió de imprenta. El libro trata cuestiones de la tradición hispana, Quevedo y Unamuno y otros como Ramón Gómez de la Serna y Julio Herrera.
Es interesante la cuestión de este libro. Muchos autores odian a sus libros. Kafka odiaba a la Metamorfosis y decía que era un libro mal escrito. Cervantes pensaba que el Quijote era confuso y nunca quedó satisfecho con las formas del libro. Saussure solía dictar sus clases y sus alumnos tomaron apuntes de esas clases y las publicaron; no escribió casi nada. Decía que escribir y dejar una obra terminada era encerrar a las palabras en un papel y una vez escrito un texto perdía eficacia el pensamiento. Homero (el mito porque no sabemos si existió) era analfabeto y un orador que contaba (y cantaba) sus historias. La Odisea y la Ilíada son recopilaciones posteriores que recogen la tradición oral. Jesús nunca escribió nada, era analfabeto. Los textos evangélicos son recopilaciones y dogmas de las primeras comunidades cristianas. Y escritos por personas cultas. Borges pensaba también que la oralidad supera a la escritura. Borges nunca hablaba de sus libros, ocupaban un rincón en su biblioteca; olvidados ahí como con vergüenza de haber escrito "esas pavadas".
El Borges antiperonista es una forma lógica de alguien que ve perder sus privilegios de clase a partir del 45. Ese estigma quedó ahí grabado a fuego hasta su muerte. De ser bibliotecario fue designado como "inspector de mercados de aves de corrado" por el Gobierno Peronista. Esta forma tan burlona siempre fue típica de cierto Peronismo, siempre con la chicana sobre el lomo del opositor. Pero Borges siempre tuvo humor y dijo del Peronismo que no es ni bueno y ni malo, que son incorregibles. En los años setenta jóvenes peronistas empiezan a leer a Borges. En mi casa había libros de Borges al lado de libros Peronistas y marxistas.
¿Qué fue Borges? Creo que Borges fue sobre todo un narrador de historias y tratar de reducirlo a un metafísico o cultor posestructuralista es quedar en la superficie de su obra. Borges sobre todo fue un indagador de la memoria, un escritor que supo sacar fuego de lo fantástico y toda su obra está marcada por la eternidad. Hizo de la ficción un paisaje de la memoria. Ese es su gran logro. Un logro que muy pocos escritores pueden quebrar. El realismo mágico de la literatura de hispanoamérica es deudora de la impronta de Borges.
Borges en los años 60/70 logra cierta fama al ganar dos premios importantes: el Premio Formentor, junto a Samuel Beckett y en 1971 el Premio Jerusalén. Las traducciones al inglés hacen que su obra sea leída en Estados Unidos; país donde se lee muchísimo a Borges. En 1996 viajando de Los Ángeles a San Francisco en tren me pongo a hablar con un profesor de Letras de la Universidad de San Diego, lector de Borges; me daba vergüenza porque yo era muy joven y no sabía tanto como él. Me dio cátedra en ese viaje sobre Borges.
Borges se enamoró muchas veces, pero su amor más pasional fue hacia Estela Canto. Borges cae tendido hacia una joven muy bella y no de los sectores altos; sus amores anteriores fueron hacia mujeres de clase alta o clase media alta. Esta mujer, un amor no correspondido, le inspira a Borges El Aleph. Borges sufrió mucho en manos de esta mujer cruel y vanidosa. Borges le escribió miles de cartas, las cuales aparecieron en un libro destructor a Borges. Ella dijo: "nunca pretendí sentir lo que no sentía".
Borges tuvo una amistad muy grande con Jauretche, el cual siempre lo defendió y reivindicó. El autor del Medio Pelo dijo de Borges: "Borges es un espejo, en él se miran todos los mediocres y las palabras de Borges son un látigo a la mediocridad de los sectores medios". Ese mito del Borges antiperonista y gorila lo quiebra el escritor más Peronista de todos los escritores. Pero Jauretche fue un intelectual en serio. Borges le hace el prólogo a un libro de Jauretche sobre los orígenes del Radicalismo. A partir de esta amistad Borges es leído por la Juventud Peronista. La JP culta lee a Borges, la JP sindical y chicanera odia a Borges.
Borges y María Kodana. Una ex alumna que al morir la madre de Borges se transforma en su guía. ¿Lo usó? Es la soledad y la necesidad de afectos, en parte fue usado. El Borges viejo y solo necesitaba de los afectos. Creo que lo usó, pero qué podía hacer Borges ya viejo y sin hijos y sin familia.
A Borges los medios masivos lo destrozan. En los setenta y ochenta sus apariciones en TV fueron para burla. Todos querían a Borges en la TV. Sapag en los ochenta lo imita. Esas caracterizaciones llevan a Borges a las clases bajas, pero podría haber sido bueno. Pero no fue así. Borges empieza a ser reconocido por las mil caras de Sapag. Todos se burlan, los sectores sin educación llegan al Borges mediático y no al Borges de los textos. Todo tiene una finalidad, la burla y lo chabacano y la distorsión de la Literatura. A Borges se le preguntan cosas irrelevantes para un narrador como qué opina del fútbol, del Presidente y de la cumbia. Borges responde con ironía y se lo encapsula de conservador y de "ignorancia" de la realidad. O sea, los ignorantes le dicen ignorante a Borges. Un cruel destino de los mediático; la perversidad mediática usa la chicana y la burla y reduce a la literatura a algo simple y la mezcla con la cumbia y la Tetamanti. Borges es invitado a un programa donde se ríen de su prosa y una mujer sale bailando y le apoya la cola al rostro y Borges ríe y esa risa es risa de vencido y como en sus textos los héroes son vencidos por cuchillos de cobardes.
Para conocer a Borges hay un solo camino, sus textos. Todo lo demás es chicana mediática.

Fabián Ariel Gemelotti
(Sábado 14 de noviembre de 2020, una y diez de la madrugada)

martes, 10 de noviembre de 2020

Alberto

Alberto y la clase media piojosa y el lumpenaje intelectual

(f a.g.)

Que Alberto no me gusta no me lo quita nadie y lo digo sin miedo. Aunque siempre da miedo hablar de Alberto, no sea que algún boludo agresivo te moleste y te agreda por privado. Pero los boludos que más miedo me dan son los que interpretan mal un texto, por ignorantes o por chicaneros. Pero en un país con una clase media piojosa y culo roto es muy difícil gobernar. Una clase media que en 2008 apoyó al campo y le dío su apoyo al macrismo en 2015 y en 2017, y después cuando se cagó de hambre (la clase media baja se cagó de hambre con el macrismo más allá de los buenos celulares y la chata y algún viaje a Mar del Plata) desesperada depositó sus esperanzas electorales en un candidato reciclado entre el radicalismo alfonsinista y el menemismo y un Kirchnerismo reciclado con la Socialdemocracia. En 2015 se produce el quiebre del Kirchnerismo, el Manco no tuvo apoyo de los sectores del lumpenaje intelectual ni del sindicalismo moyanista. Moyano apoyó a Cambiemos y junto a Macri cantaron la marcha Peronista. En definitiva Macri fue un Peronista ese día cuando inaguraron el busto de Perón en un barrio porteño.
Lumpenaje intelectual: el pelotudo intelectual que nunca madrugó, nunca trabajó y es Peronista porque queda lindo ser Peronista. Si nunca fue laburante entonces no sabe lo que es vivir de un salario y pelear una recomposición. Esa la definición.
Clase media baja: el muerto de hambre que se compra el celular pituco y apoya la propiedad  privada pero no tiene propiedad. O sea, apoya al campo pero riega las macetas del patio con una escupidera.
De definiciones vivimos, pero se vive de salarios. En 2018 la deuda con el FMI fue la bomba que detonó y mató todo. Las consecuencias de esa bomba son la pobreza del presente. Encima todo recargado con un Gobierno que no le hace frente a los Bancos ni a la oligarquía agraria. El impuesto a las grandes fortunas es una histeria discursiva, mientras tanto un jubilado gana veinte mil pesos y se caga de hambre. La clase media también sufre hambre, pero nunca lo dice. Total la mortadela nocturna y el mate aguado lo tapan las paredes despintadas. Nadie ve el estómago mal alimentado. Mientras tanto no hay para el auto, ni para cambiar el celular. La tarjeta Naranja ya venció y se deben cinco meses. La Visa de Bancos privados no es para la clase media baja.
Pero la clase acomodada, esa clase que gusta de Europa y desprecia al negro tostado y usa desodorante de trescientos pesos, ahora se compra el desodorante de cien pesos y de un vino de mil bajó al de doscientos. De esta clase reciclada entre alfonsinista, menemista, kirchnerista o Peronista (todo según la moda mediática) ahora duda entre Alberto o la vuelta de Macri. Fue macrista y lloró también por el submarino perdido.  Es sentimental, mira muchas series de TV.
Pero de un país de chantas, comerciantes que no quieren cuarentena, negros sobaqueros que odian al negro africano y rubias histéricas que cogen poco, es difícil gobernar. Acá la clase media quiere tomar la lancha y tostar sus culos y sus rostros de dientes con sarro. Todo sea por las apariencias. De eso no se salvan ni el lumpenaje que dice ser nacional y popular.
Pero lo peor de la clase media es que mira a Lanata. Y desayuna con La Capital de Rosario. Pero también mira C5N. En definitiva, es clase media chupa chota.
Chau, me voy al gimnasio. Y después a correr. Todo sea por no usar barbijo.
Posdata: la hija de un amigo se saca el barbijo cuando va a tomar la leche a casa.

Fabián Ariel Gemelotti
(Martes 10 de noviembre de 2020, siete y cuarenta de la tarde/noche)

lunes, 9 de noviembre de 2020

Un país de cagadores

Un país de cargadores

Los primeros en llorar y quejarse de la cuarentena fueron los comerciantes, los mismos idiotas que en 2008 apoyaron al campo. Todo aumenta, todo es incomparable. Hay abusos de todo tipo, gente nefasta. Un país que se cae a pedazos.

viernes, 6 de noviembre de 2020

El coleccionismo es algo masculino

La literatura de aventuras

(f.a g )

Siempre que hablo de coleccionismo me voy al norteamericano Mark Twain y al francés Louis Pergaud. Los dos son grandiosos, dos novelistas satíricos que escribieron dos novelas que me apasionan. Twain escribió El forastero misterioso (su novela más grandiosa) y Pergaud La Guerra de los botones. Ya en Las aventuras de Tom Sawyer (y mejor aún en Huckleberry Finn) el norteamericano desnuda al hombre en su afán de aventuras. La Infancia marca esa cosa que tenemos todos los hombres por hacer de la vida una aventura. Para el hombre la vida es diversión y sin divertimento no hay vida. El hombre es coleccionista por diversión. Pero siempre me quedo con El forastero misterioso, esa novela publicada recién seis años después de la muerte de Twain. En un pueblo de Austria en 1590 se le aparece a tres adolescentes un forastero que usa la magia como diversión y modifica las vidas de los aldeanos. Ese forastero dice llamarse Satanás, ¿es el Diablo o un ángel del Cielo? El forastero tiene esa cosa tan versátil de la literatura norteamericana que es la dualidad de las personalidades. Lo bueno y lo malo en Twain cobra otro sentido a la tradición literaria clásica. Rompe moldes tradicionales. Twain siempre pone afán en la infancia; los niños son sus personajes preferidos. El personaje adulto y serio y responsable de la tradición literaria clásica se quiebra; porque las novelas de Twain arraigan en lo infantil.
Twain fue un autodidacta, sin educación superior y que trabajó de muy niño para ayudar a su familia. Fue tipógrafo, marinero y minero. Escribía con errores ortográficos y sintácticos y recién después de los treinta años pudo encontrar el equilibrio justo para sus novelas. Su literatura es aventuras y aventuras, siempre con personajes infantiles que ponen en evidencia y en ridículo a los adultos. Si Julio Verne fue el cultor de la novela del adulto serio y responsable y Salgari de lo exótico y los nacionalismos anti colonialistas; Twain fue el cultor de la sátira infantil y de la visión de la vida con ojos de adolescentes.
La Guerra de los botones de Pergaud se inscribe también en esa tradición de la infancia. Dos bandos de chicos juegan a la guerra con piedras. Organizan ejércitos con mandos. Se pelean y se agreden. Sobre todo es una novela de aventuras, pero la guerra como instrumento de agresión está vista con ojos de niños.
¿Por qué esta litetatura marca el coleccionismo adulto? Porque todo coleccionista está marcado por la literatura de aventuras; por las colecciones de libros mal traducidos y baratos. La colección Robin Hood, amarillas y de traducciones dudosas fueron las primeras en leerse por los niños de muchas generaciones. También tenemos las Ediciones de Anaconda y las de Billiken, estas últimas de pésima redacción pero tan hermosas que cuando las veo las compro; sus tapas son fabulosas. 
Los viajes de Gulliver fue mi primer libro de aventuras, a los seis años. En la colección de Editorial Bruguera, esos libritos ilustrados de tamaño pequeño. Después vino La isla misteriosa, ya en una edición ilustrada de tamaño grande. Y después Guillermo Tell. Todas adaptaciones para niños. Después de adulto uno se da cuenta que no son libros escritos para niños, sino para adultos. Ya a los ocho años me había leído todo Julio Verne en Bruguera. Y uno se hacía una idea errónea de esa literatura. Pero esos "errores" y pésima interpretación fueron fundamentales para llevarnos de adulto a las ediciones de buenas traducciones. Gracias a adaptaciones pudimos los niños de mi generación meternos en la literatura. Se leía muchísimo antes (o por lo menos eso creo yo).
Saturnino Calleja es el que adapta toda esa literatura de aventuras al mundo infantil. Muchos critican esos libros, pero esas adaptaciones hicieron popular al género. En finales del siglo 19 y principios del 20 Calleja lleva a Julio Verne, a Alejandro Dumas y Twain al libro para chico. Ahora esas ediciones cuestan fortunas y son muy buscadas por sus tapas coloreadas y dibujadas por grandes dibujantes. Todas venían firmadas por el dibujante en las tapas. Así nuestros bisabuelos, abuelos y padres se metieron en la literatura en sus infancias. El español fue un empresario de la literatura e hizo un imperio con la novela. ¿Al fin y al cabo los libros no son también parte de la industria capitalista y del consumo?
Hay una visión muy prejuiciosa de la literatura de aventuras. Al policial negro se lo ha santificado y se lo hizo de culto. Y es "literatura mayor", pero en los años 20 era "mediocridad mal escrita". Pero todo se institucionaliza y lo que es clase B pasa a ocupar el canon literario. La literatura de terror también fue santificada. Pero a Poe en vida no lo leía nadie y muere en la obscuridad y sin reconocimiento. Pero con la literatura de aventuras ocurre algo muy raro, todavía se la sigue considerando "literatura infantil". Tengo la colección de Julio Verne completa, la que salió hace tres años (las ediciones originales de época de buenas traducciones). El kioskero me las guardaba y me decía: "¿son para el nené?". Yo decía "sí". Me daba vergüenza decir que eran para mí. Me leí todo Verne en las buenas traducciones del francés al español de Anaconda, pero quería esas ediciones del original con las ilustraciones y tapas de época.
Un día estaba en el patio de Humanidades leyendo un libro. Se me arrima una profesora de Letras y mira lo que estoy leyendo. Estaba leyendo Veinte mil leguas de viaje submarino (yo tenía 21 años, una eternidad) y me dice: "¿pasando el tiempo?", no dije nada y no le di importancia a lo que me dijo. Yo estaba muy concentrado en la personalidad del Capitán Nemo y la profesora me subestimó. Algo que un profesor de Letras nunca debe hacer con un alumno. Es más ilustrativo y divertido y más interesante leer a Verne que leer a Cortázar y algo tan aburrido y denso como Rayuela. Los libros de Cortázar sirven nada más cuando escasea el papel higiénico.
Odio Mafalda también. Y odio con toda mi alma la poesía romántica; en definitiva la poesía no me interesa. Lo mío es el ensayo y la novela y el cuento y el relato. Y el cine y la historieta. Y las mujeres.
Amo a Cervantes y a Verne y a Twain. No podría vivir sin sus libros. Tampoco podría vivir sin mujeres. Pero eso ya es tema para otro ensayo.

Decía Poe: "una mujer desnuda es un placer literario".

Fin de este ensayo.

Fabián Ariel Gemelotti
(Sábado 07 de noviembre de 2020, una y cuarenta de la madrugada)

jueves, 5 de noviembre de 2020

La boluda clase santificada

La boluda y progresista clase media

(f.a g.)

A la clase media le gusta las buenas obras, como que se hablen cosas de onda y todo sea felicidad. Pero la clase media no soporta la desidia ni las críticas al progresismo. La clase media es "progre", porque esa es la moda del momento. Las redes me sirven como estadísticas, me gustan subir cosas contra el Gobierno. Nunca pero nunca nadie pone un "me gusta". La clase media no quiere que se insulte al Gordo Alberto.

domingo, 1 de noviembre de 2020

La amistad

La amistad

(f.a g.)

Mi amigo Martín (murió hace tres años) siempre me decía: "no se puede hablar de todo con cualquiera, hay amigos para cada tema". A mi amigo Martín lo conocí a los veinte años, compañero de trabajo y amigo. Un gran amigo, veinte años más grande. Siempre tuve amigos más grandes, a los veinte todos mis amigos eran de cuarenta. Quería aprender y me juntaba con los grandes. Después uno va creciendo y haciéndose "viejo" y se equilibra todo. Vienen amigos más chicos. Por eso mis grandes amigos en su mayoría han muerto. Diez amigos murieron, tres se suicidaron, cinco de un infarto y dos de muerte "natural" o "dudosa". A los veinte se quiere aprender y hay capacidad de escucha. Después se pierde la tolerancia, el trabajo, los años de estrés laboral y los golpes de la vida te hacen ver todo desde otro lado. Mi amigo Marín era anarquista, un gran intelectual. El nos agrupaba a los jóvenes y nos formaba en la lucha gremial de base. Nos organizaba los paros, las movilizaciones y nos adoctrinaba con doctrina de lucha. Un día cayó a mi oficina con 40 libros de regalo. Era toda la teoría marxista a mis manos. Eran de regalo, nunca vi tanta generosidad en un intelectual. Martín era un intelectual generoso. Mi novia Alejandra lo odiaba, ese odio que las novias tienen a los amigos de los novios. Los hombres somos muy neuróticos y "coleccionistas" y acumulamos. Alejandra siempre me ordenaba los libros. Yo explotaba. Me gusta el desorden. Soy desordenado en mi orden. Pero las mujeres ordenan y ordenan. Quieren orden. Y el hombre es más salvaje, es un lobo, un animal peludo esperando morder. Alejandra era más grande que yo (yo yo yo, me gusta usar el yo), psicóloga y de una inteligencia única. Nunca vi a nadie tan inteligente. Era única. Digo única, porque ya se fue.
Uno no puede hablar de todo con cualquiera. Como decía Martín, hay amigos para cada tema. También hay mujeres para cada tiempo de la vida. Quizás ahora no podría enamorarme de alguien como Alejandra, a mi edad necesito otro tipo de mujer. Pero eso es otro tema. Gustavo fue mi gran amigo, quizás mi mejor amigo. Se suicidó el 19 de septiembre de 2016. Una mañana se despertó y se mató. Así sin dar previamente indicios de la muerte. Con Gustaba hablábamos de ocultismo, un sabio en el tema. Muy lector, muy culto. Noches enteras hablando del tema. Con la única persona que se podía hablar librenente. Irremplazable como persona y como intelectual. Pero mi mejor amigo es Fabián, tiene mi misma edad y mi mismo nombre. Somos amigos desde los cinco años. Fabián es obrero, con esa inteligencia de barrio y esa impronta que da la lectura de literatura de aventuras. La universidad ordena el "pensamiento" pero quita libertad. Mucha educación no es bueno. Fabián leyó todo Salgari y Julio Verne. Y es un placer hablar con él. Machista, de barrio, Peronista barrial y no intelectual, tipo rústico. Mucha impronta de mi escritura está inspirada en él. Este ensayo (o crónica) está escrito pensando en él. Lo escribo para la gente de barrios, no para los intelectuales universitarios. Los universitarios no pueden entender cierta literatura como la mía.
Con los libros pasa algo semejante a lo que pasa con los amigos. Mi novia (o chica actual) tiene treinta y dos años menos. Más que novia es una hija (cuando tu novia o amante tiene la edad de tu hija es divertido), y cuando ve mi biblioteca se asombra. Todos se asombran, porque es una cantidad y cantidad de clásicos. Muchos deben pensar que leo nada más que Norteamericanos. Nooooo. Me he formado leyendo clásicos, todo lo académica está en mi biblioteca. Tengo devoción por Cervantes y por Joyce. Y tengo muchísimas Biblias y libros de Teología. Soy ateo y amo la Biblia. Me gustan diferentes ediciones. Eso lo entendía Gustavo, eso lo entiende solamente una persona culta. ¿Por qué la Biblia? Porque es el libro que encierra todo el conocimiento. Ulises, la Biblia, El Quijote, El desierto de los tártaros y Veinte mil leguas de viaje submarino son mis libros preferidos. Los vuelvo a leer todos los años y siempre descubro algo nuevo, detalles y cosas que me hacen pensar. Y un libro debe hacerte pensar.
La gente es fanática, mediocre y muy inculta. Uno debe leer libros y libros. No interesa si el autor no piensa como uno. Eso lo lindo, que piense diferente. Un libro es del escritor, no del lector. Y es una falta de respeto cuestionar y tratar de corregir un texto. Cada uno escribe lo que le sale y es inteligencia saber apreciar a un libro más allá de lo que se dice. Eso es literatura, no podemos pensar ni hablar todos igual. Somos personas individuales. La literatura es algo individualista, algo propio. Pero son tiempos de fanatismo y de mucha gente hueca y de mucha corrección política. Me molesta cuando alguien quiere corregirme. Yo escribo así y nadie va a cambiar nunca mi estilo. Este es mi estilo, mi impronta; mis formas literarias. Mi literatura es autobiográfica, ese es mi estilo. No me interesa los mediocres que buscan "corregir" estilo. Están mis textos autobiográficos (a mí me gustan mucho) y los textos de investigación ( los serios, pero también escritos con mi estilo. Yo no copio ni trato de escribir como los consagrados. Mi estilo es tosco o simple o muy difícil o no sé, pero es mío)
Hay amigos para cada tema. Y hay personas con las cuales no se puede hablar nada. Tuve un superior jerárquico en el trabajo muy culto. Somos amigos. Quizás es la única persona ahora con la cual puedo hablar de Historia Antigua. Me sirve este amigo. Los amigos deben ser útiles, no una pérdida de tiempo. No se puede perder el tiempo hablando con ignorantes y gente que desprecia los libros. La vida se termina y uno se muere. Y cada minuto es muy valioso.
Ayer subo a un taxi y el tachero me hablaba boludeces del país. Yo estaba pensando en un texto y quería silencio. Pero el tachero hablaba y hablaba. Repetía cosas mediáticas. Era un imbécil. Así es la vida, llena de imbéciles.
Bueno, ahora apago el celular y me desconecto todo el día. Voy a leer por 20 vez en mi vida La vuelta al mundo en ochenta días de Julio Verne. Amo este libro. Amo a Verne con devoción.
Pero mientras escribo esto me manda un mensaje mi amigo Estanislao. Otro gran amigo. Un gran compañero de trabajo.
Bueno, a leer todo el día.
Chau

Fabián Ariel Gemelotti
(Domingo 01 de noviembre de 2020, dos y cincuenta de la tarde)