lunes, 5 de agosto de 2019

Indecisos

Los indecisos en política

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

¿Qué es una persona indecisa? Un indeciso es alguien que nunca sabe donde está parado. Hay indecisos en el amor, en lo familiar, en el mundo laboral y en la política. Estos son los peores, porque un indeciso en política define futuros salariales y la economía del país. El 43 del electorado argentino es un indeciso, o sea no se define políticamente a quién va a votar. Ideología tienen, más allá que ellos digan que no les interesa la política. A una persona no le puede interesar hablar de política o leer diarios o ver programas de TV políticos, pero no por eso dejan de ser "un animal político", como Spencer alguna vez definió al hombre. Ya Aristóteles decía que todo es política. Y Marx decía: "la sociedad se divide en clases sociales(....) La economía es una ideología". Si la economía es una ideología, el salario es determinado por procesos de distribución (Ricardo). La economía de un Estado determina tu situación económica (economía estructuralista). Ya los anarquistas expropiadores decían: "el salario es una ideología del explotador". Salario, bienestar y distribución es una ideología. Este Gobierno macrista es una ideología. Ellos llegan al poder mediante el engaño y apelando al odio visceral del anti Peronismo. Ese odio lleva a Macri a la Casa Rosada. El cambio es la "anti política", proponían los macristas. O sea, el macrismo apela a la destrucción del Peronismo desde una ideología: la anti política es una ideología del patrón. Los amos quieren sirvientes serviles para aplicar sus políticas de ajuste.
Los indecisos son parte de una ideología. Son la ideología del "no pienso y no me meto", pero esa ideología de sumisión determina el salario de todos y de todas.
Ser indeciso es una ideología.

Fabián Ariel Gemelotti

sábado, 3 de agosto de 2019

Carta 2

Carta a Gala (2)

MENSAJES DE WASSAP

Hoy pensaba en tu dibujo. Tu dibujo es lo que me dio fuerza para editar mi libro de poesía. Soy escritor de prosa, pero tu dibujo me dio la idea de hacer un libro con poesías. Miro las líneas del dibujo y me gustan, me gustan esas imperfecciones que tienen. Es perfecto aunque vos decís que las líneas deben ser más parejas. Yo creo que la imperfección es perfección en arte. Por eso lo dejo así. La chica que me hace la diagramación me preguntó quién sos vos y le dije: "alguien talentosa que dibuja como los dioses". Me pregunta a qué te dedicás: "es tatuadora". Y ahí queda todo, porque no le digo más nada. No le dije tu nombre ni nada de vos.
Vos no tenés idea lo que significan para mí tus dibujos. Siempre recuerdo la primera vez que te ví, allá lejos en el tiempo en noviembre de 2017; yo venía de la compensatoria por la Feria. Habíamos ido cinco días a Mar del Plata con mi novia de entonces, Jazmín. Habíamos discutido mucho y la relación estaba desgastada. Desde 2014 que estábamos juntos, cuando ella tenía 19 años. Era alumna mía y asi la conocí. Cuento esto porque tiene que ver con todo. Vos estabas con el carrito de ensaladas y yo agotado y mal dormido (y cansado de una relación asfixiante, porque era algo que ya no soportaba más) Y me dijiste: "yo vendo ensaladas, ¿querés?" Y esa compra fue mi primer contacto con vos. Siempre recuerdo ese día, y te veo delgada con un vestidito y pelo rojo suave. Yo estaba tan dormido que no le di importancia a tu persona. Pero el paso del tiempo hizo que ese día sea importante hoy en mi vida. Yo me entiendo.
Y fue pasando el tiempo y empezaron esos mensajes de Wassap. Un día de 2018 me revisa el celular Jazmín y ve unos Wassap que te envié a vos y me tira el celular contra la pared y lo rompe. Tuve que comprar uno nuevo. Ella era vegetariana y hacía ensaladas. Pero no me gustaban, yo quería las que vos vendía.
Me fui acostumbrando a esos Wassap. Se fueron transformando en parte de mi vida cotidiana. Los esperaba con ansiedad. Hasta he soñado con esos Wassap.
Empecé a pensar qué mierda hago escribiendo un Wassap (eso te lo dije una vez) y a pensar que yo estaba loco por hacer algo que nunca antes había hecho. Generalmente uso el celular para internet, no me gusta hablar ni enviar mensajes. Pero esto era diferente, porque detrás de la pantalla estaba vos, alguien que me producía confianza y mucha ternura. Y fui dándome cuenta que vos eras muy humana y muy sensible. Y fui dándome cuenta que no era una pantalla solamente, era una persona de carne y huesos detrás de la pantalla. Recuerdo un día del año pasado que vos te enojaste muy mal conmigo y me dijiste: "me tenés podrido con tus mensajes, a todas horas y todos los días". Me puse mal ese día, porque eran tres frases locas las que te enviaba y no quería molestarte. Hasta pensé en bloquearte y borrar tu celular y así no saber más nada de vos. Pero... no pude hacer eso.
Me empecé a acostumbrar a ver la pantalla y esperar un Wassap tuyo.
Me gusta mucho esa comunicación. Pero a su vez pienso a veces que no sé qué hago escribiendo un Wassap mañanero y esperando una respuesta. Hay días que me siento un "boludo" haciendo esto. Nunca lo he hablado con nadie, porque nadie me entendería, más mis amigos que saben cómo soy y que no hago estas giladas con nadie. Es Wassap, es la postmodernidad lo que logró esto. Escribí un cuento sobre nuestra comunicación: "Wassap del apocalipsis" Una historia donde hay un apocalipsis y la humanidad desaparece casi por completo, pero quedan algunos humanos encerrados en cuevas. Y son muchas cuevas, y se comunican por un sistema muy parecido al Wassap. Toda la vida de esos humanos se empieza a resumir en mensajes a una pantalla donde del otro lado hay otros humanos. La humanidad así deja de ser humana y se transforma en tecnológica. Todo destruido, salvo un 10% que va mutando de humano a inhumano.
Hace poco estuve tentado de bloquearte y cambiarme al nuevo sistema e irme del Tribunal y así no saber más nada de vos. Borrar tu existencia, pero no pude. Hay algo más fuerte que me lo impide y no sé con exactitud qué es. Aunque a veces creo saberlo, pero me niego a pensar en eso.
Miro tu dibujo y me enloquece. Me gusta el trazo y ese rostro imperfecto y esos dedos manejando un celular. El dibujo muestra un rostro mirando la pantalla del celular mientras escribe vaya a saber qué cosa. Y me viene de vuelta a la memoria ese día de noviembre de 2017.
Gala me gusta que tu dibujo sea parte de mi libro, porque vos merecés ser parte de mi libro. Mi libro es casi tuyo, porque si no fuera por ese dibujo ahora no habría libro.
Hace un tiempo me dice esa mujer que es mi "amante ocasional": "el otro día llamaron de la Corte a Gala, esa chica que se tiñó de naranja y la cagaron a pedo. ¿Sabés quién es?". Le dije que no te conocía. Y me dice: "una chica muy rara". Me puse a reír y la otra (ese pedazo de carne que no amo ni quiero, que es muy linda mujer pero vieja. No me gustan las mujeres de mi edad) me dice: "esa chica es muy creída". Y le dije: "no creo que sea creída, es humana por eso es así". Y me dijo: "¿entonces la conocés?". Y le dije: "no, pero conozco al padre que es un excelente tipo". Y me dice: "sí, el padre es muy buen tipo. Una vez estuve con él, hace años". Y me entró risa. Mucha risa.
No te enojes, aunque me divierte verte enojada. Me gusta que seas así, tan explosiva. Vos sos lo único que me da fuerza en las mañanas. Vos me has salvado de caer en la miseria espiritual.
No podría vivir sin sentir el ruido de mi celular y ver en la pantalla un nuevo mensaje de GALA. Cosa rara, tan rara que siento vergüenza y me siento un "boludo" si lo contaría a alguien, pero a su vez me siento libre y espero tus mensajes de Wassap con ansia. No podría vivir sin saber que detrás de la pantalla estás vos leyendo esto que acabo de escribirte con tanta pasión.

Fabián (domingo 4 de agosto de 2019)

Hoy

La izquierda me tiene hinchado las pelotas

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

Odio ir al Centro de Rosario. Viví diez años en Sarmiento al 400, en los noventa. Pero me cansé un día y volví a mi barrio de toda la vida que es Belgrano. Entre Belgrano y Echesortu, los únicos barrios que amo de esta ciudad horrible y aburrida, no me muevo. No me gusta Rosario, nunca me gustó. Pero hoy tuve que ir al Centro, a comprar algo. Voy por Peatonal caminando al mediodía y las agrupaciones reparten panfletos. La izquierda, Cambiemos y el Peronismo. Se me acerca alguien de la izquierda y me da un papel rojo donde está el rostro del pelotudo de Del Caño. Este tipo me produce odio y náuseas. Detesto a la izquierda argentina, la odio desde que iba a la Facultad de Humanidades y los tenía que aguantar con su soberbia y gorilismo. Recibo el panfleto y lo apreto fuerte con la mano y lo tiro al suelo. Se me vienen encima tres idiotas y me increpan por qué hice eso. Sigo caminando y siento que un pelotudo me grita: "sos un boludo macrista o un kirchnerista de mierda". Cuando siento eso me paro en seco y me doy vuelta y le grito: "zurdito seudo marxista andate a la concha de tu madre". La gente me mira. Y los militantes de izquierda se quedan callados. Sigo caminando tranquilo, porque sé que en Rosario nadie te va de frente. Muy pocos tienen aguante, contados con los dedos de la mano. Llego a San Martín y Córdoba y se me acerca un chico de unos 18 años y me da un volante de Cambiemos. Lo agarro y lo guardo en el bolsillo de mi campera de cuero. Miro a los chicos de Cambiemos, pibes bien mezclados con desclasados. Muchos son pagos, y repartir panfletos es un laburo. Por eso nunca trato mal a los chicos de Cambiemos ni de nadie, salvo a la izquierda, porque son niños bien que juegan a ser marxistas. Son una pose, no una ideología de izquierda. Camino otro trecho y siento los bombos de los Kirchneristas. Veo a un par de amigos. Me llenan de papeles. Me dicen que me quede, pero les digo que me espera una chica en el bar de mi viejo barrio de los noventa, ese bar de Sarmiento y Urquiza, un bar que me gusta mucho.
Es así la vida, la izquierda me tiene hinchado las pelotas.

Fabián Ariel Gemelotti

De

DEDICATORIA DE AMANECER:

Este libro de poesía es muy importante en mi vida. Nace, como todo libro, en la mente de quien escribe. Pero sobre todo este libro nace por un dibujo. Es el dibujo de tapa, de alguien que quiero mucho. Ese dibujo me inspiró a publicar este libro, porque ese dibujo de tapa fue dibujado por una mujer con un talento e inteligencia que nunca antes había visto, por una mujer muy importante en mi vida. Ella sabe que es así, que es muy importante para mí.
Este libro le pertenece a ella. Es fruto de su comprensión a mis ralladuras y a mis escritos que muchas veces le generan bronca.
Este libro es tuyo y de nadie más.

Fabián

Dai

Mi niña

A Daiana

Dai fuiste mi rubia hermosa
Linda como pocas
La que me diste sexo del bueno
Ese sexo que pocas mujeres saben dar
Esos encuentros prohibidos en 2017
Esa juventud tuya
Verte desnuda a través de los espejos
Verte sumergir en el jacuzzi
Y penetrarte y sentir tu humedad en mi verga
Y acariciar tu rostro
Y besar tus hermosos labios
Y sentir tu lengua en mi garganta
Y secarte con el toallón
Y sentir tu cuerpo recostado en mi pecho
Y verte armar porros y tu sonrisa pícara
Y tu piel suave
Y tus tetas grandes
Y me fui acostumbrando a esas tetas
A esas tetas en mi boca
Y ponerte gel
Y penetrar tu ano
Y sentir tus gritos
Esos encuentros en esos telos de la Terminal
En mi memoria
Fuiste Dai la que me diste felicidad
Cuando la tristeza me estaba llevando a la muerte
¿Qué será de tu vida Dai hoy sábado de agosto de 2019?
 

Prologo

Prólogo a Amanecer:

Kamikaze del vocablo

Fabián Ariel Gemelotti es una ametralladora viviente y como tal, dispara a mansalva palabras que se esconden en lo más hondo de las oscuridades humanas. Es una rara avis dentro del espectro literario rosarino, un compulsivo escritor de villancicos escatológicos y desenfrenados. Sus poesías logran plasmar frenéticos y esquizoides comportamientos de nuestro mundo y en especial de Argentina, siempre vista a través de la lupa de un vaivén que resucita dinosaurios, amebas, fósiles y otras yerbas.
La poesía de Fabián no toma atajos, elabora impecablemente el fermento que le dicta su ansia y el veneno salta directamente y nos mancha. Y al igual que Roberto Arlt y Manuel Puig, muestra implacablemente las miserias de nuestra clase media, pero con un suspicaz aire de crueldad al mejor estilo Osvaldo Lamborghini; una ensoñación contradictoria y al borde del delirio sobre sexo, clases sociales y mujeres. Bocanadas de lujuria y perversión, personajes ambivalentes de la crisis urbana burguesa del neocapitalismo siglo 21 se juntan en un menjunje provovador y obsesivo.
Todas las poesías conducen a un desplazamiento endémico y que trasciende generaciones. Hay un motor de búsqueda intenso que riza la ebriedad y un perenne juego macabro que machaca, pentagrama, fábula e incorpora dimensiones insopeschadas. Nunca es obsecuente con el lector, lo va sumergiendo en una catarata de sucesos y distorsiones que no otorgan respiro. Por eso la poesía es vertiginosa e invita a leerla de un tirón. En definitiva, otra muestra de la prolífera obra de Gemelotti que no pierde audacia y seduce al lector que busca un trago fuerte o un humo dislocado e intenso de puro kamikaze del vocablo.

FERNANDO MARQUINEZ